Las aventuras de un estudiante norteamericano en Norcorea

Imagen tomada por Sun en el metro de Pyongyang.

En 2011 el ahora médico estadounidense Calvin Sun visitó Corea del Norte. Estuvo en el hotel Yanggakdo de Pyongyang, el mismo en el que se hospedó en 2015 el estudiante universitario Otto Warmbier, quien terminó muerto tras ser acusado de robar un póster del lugar.


Hijo de padres chinos, Calvin Sun nació y creció en Nueva York. A los 20 años, cuando estudiaba en la Universidad de Columbia, apenas había viajado fuera de la ciudad. Pero una visita a Egipto en 2010 despertó su sed de recorrer el mundo. Sería el inicio de un recorrido que un año más tarde lo llevaría a Corea del Norte en busca de emociones fuertes. Nunca imaginó que en ese viaje correría los mismos riesgos que en 2015 enfrentó el universitario estadounidense Otto Warmbier y que finalmente le costarían la vida por desafiar al régimen de Kim Jong Un.

“Durante el verano entre mi primer y segundo año de la facultad de Medicina en 2011, viajaba con mochila en un viaje abierto que comenzaba en Medio Oriente hacia el este. Corea del Norte fue uno de los últimos pocos países de Asia que aún tenía que visitar”, relata Sun a La Tercera. Junto con un grupo de unos 20 viajeros procedentes de Europa, EE.UU. y China, el joven estudiante norteamericano contrató los servicios del operador turístico Young Pioneer Tours en Beijing.

Según Sun, la gente de la agencia “fue extremadamente minuciosa de asegurarse que cumpliéramos las reglas del país, que respetáramos las costumbres y la gente local, que no bromeáramos sobre el Ejército o el liderazgo norcoreano, que no nos alejáramos del grupo, y definitivamente no saliéramos del hotel una vez que el itinerario del día hubiera terminado”. “Los guías nos recordaron constantemente estas reglas durante nuestra semana en Corea del Norte”, agrega.

Pese al escaso tiempo en el país, “fue un itinerario recargado”, rememora. Así, visitó la Estación de Trenes y el metro de Pyongyang, los Juegos Masivos de Arirang (con 100.000 artistas), la Torre de la Idea Juche, el USS Pueblo -un buque estadounidense que fue capturado por las fuerzas de Corea del Norte en 1968-, el Monumento al Partido de los Trabajadores Coreanos, el Cementerio del Mártir Revolucionario, un estudio de cine local, un campo de tiro, el Palacio Kim Il Sung, la Zona Desmilitarizada del lado norte, el complejo industrial de Kaesong, el Museo de la Guerra y el Palacio de los Niños. A su juicio, “lo más interesante fueron los Juegos Masivos de Arirang”.

Sun dice que no tuvo la oportunidad de ponerse en contacto con ciudadanos norcoreanos. “Aunque caminamos mucho junto a ellos, especialmente cuando tomamos el Metro de Pyongyang, parecía que todos estaban apurados por ir a algún lugar”, señala.
Aunque estrictos para garantizar que conocieran las reglas y que mantuvieran el respeto en áreas sensibles (como un cementerio), Sun dice que los guías -que le aseguraron ser exoficiales del

Ejército norcoreano- “fueron amistosos y muy comunicativos”. “Frecuentemente chequeaban si estábamos cómodos durante el viaje”, indicó. Incluso, los guardias tuvieron tiempo para compartir su afición por el alcohol con los jóvenes turistas. Como lo hicieron en su visita al club nocturno Diplo, donde se escuchaba música de Michael Jackson. “Después de cantar algunas canciones terminamos jugando pool con nuestros guías fuera de la sala de karaoke”, recuerda.

Pero la experiencia más extrema de Sun fue su estadía en el Hotel Internacional Yanggakdo, en Pyongyang que, con 47 pisos, es uno de los edificios más altos de Corea del Norte. Mientras su grupo se dirigía al restaurante giratorio en el último piso, alguien notó que faltaba el botón del quinto piso en el ascensor. Fue así como accedieron por las escaleras a ese enigmático piso.

“Hubo un ligero temor al ir por primera vez, porque el piso estaba oscuro, vacío y diferente a cualquier otro piso del hotel”, explica. “Vimos cámaras de seguridad, pantallas de televisión que parecían mostrar el interior de las habitaciones y lo que parecía ser un equipo de vigilancia. Mi impresión fue que este piso era donde el personal del hotel vigilaba a los huéspedes”, dijo Sun, quien ahora es un médico de urgencias que está terminando su último mes de residencia.

Sun agregó que en ese recorrido observaron que las paredes estaban cubiertas con propaganda antinorteamericana y antijaponesa. “En su mayoría los pósters estaban escritos en coreano y ninguno de nosotros podía entenderlos hasta que llegamos a casa”, señaló.

Otro momento complicado fue cuando Sun y su grupo ya dejaban Corea del Norte. En el aeropuerto de Pyongyang los agentes norcoreanos descubrieron que alguien había robado una toalla de hotel. Pese a lo tenso de la situación, dice que no sintió miedo. “Todos los guías que nos dijeron que devolviéramos las toallas, luchaban por contener la risa. Al principio no estábamos seguros de si estaban bromeando, pero luego abandonaron brevemente el bus (para quien tuviera las toallas las devolviera de manera segura) mientras sostenían nuestros pasaportes.

Según la BBC, Warmbier hizo el mismo recorrido que Sun con la misma operadora de viaje. También se quedó en el hotel Yanggakdo. Y fue en este establecimiento donde funcionarios norcoreanos lo acusaron de intentar robar un póster. Condenado y sentenciado a 15 años de trabajos forzados, el estudiante sufrió heridas en la cárcel y cayó en un coma del que nunca se recuperó. Finalmente, falleció en junio de 2017, en Estados Unidos.

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