Por Bastián DíazLas olas de calor europeas vuelven a poner el aire condicionado en el centro del debate
Con temperaturas que han llegado a los 42 grados, el verano en Francia, Reino Unido y Bélgica estaría revelando la necesidad de la “climatización” en los edificios del Viejo Continente.
Las noches están cálidas, las mañanas calurosas y las tardes infernales: estos últimos diez días, el Viejo Continente ha pasado por una ola de calor que ha llevado a registrar 30 grados, a la medianoche, en las calles de París. Si el miércoles pasado había sido el día más caluroso en la historia de Francia, el récord fue rápidamente derrotado por el jueves que le siguió, y con el verano siquiera comenzando, se teme que las “canicules” u olas de calor se extremen más todavía.
Ya se está en un punto en el que decenas de personas mueren. Esta ola de calor ha causado la muerte de más de 250 personas en la última semana solo en Francia, tanto de forma directa como indirecta, por golpes de calor, ahogamientos al buscar refugio y, trágicamente, niños que fueron dejados en coches. También ha retrasado la asistencia médica en algunos casos, como cuando los escáneres de resonancia magnética quedaron fuera de servicio debido al calor y la humedad. Mientras que en todo el continente superan los mil los fallecidos.
Y frente a eso, el debate del aire acondicionado volvió a la política europea, en una región particularmente desprovista de este equipamiento. Un informe de 2020, respaldado por el ministerio de la Transición Ecológica, estima que solo una cuarta parte de los hogares franceses tienen aire acondicionado. Esto supone una mejora respecto a Reino Unido, donde solo alrededor del 14% de los hogares lo tienen, según datos publicados en The Guardian. En general, solo el 20% de Europa dispone de aire acondicionado.
La cifra contrasta con otros lugares como Estados Unidos o Japón, donde tener el aire acondicionado puesto es el estándar, y una presencia en casi el 90% de los hogares. Los motivos que detienen a los europeos de desplegar esta maquinaria son muchos, como por ejemplo, los permisos que necesitarían para instalarla en edificios históricos.
Pero la principal razón de la resistencia al aire acondicionado, en general, es ecológica: “En las zonas urbanas muy densas, el aire acondicionado básicamente transporta el calor de los edificios al entorno urbano y puede crear un efecto de isla de calor urbana aún más intenso”, explicó a CBC Hans-Martin Füssel, experto en riesgos climáticos de la Agencia Europea de Medio Ambiente. El calor, explica el experto, queda atrapado en la jungla de cemento de las ciudades, lo que provoca que irradie más calor, aumentando la temperatura varios grados, algo que puede resultar aún más insoportable durante una ola de calor.
La preocupación adicional sobre los aires acondicionados es que, al alimentarse de una red eléctrica que funciona con combustibles fósiles, pueden exacerbar el calentamiento global antropogénico, que ya de por sí intensifica las olas de calor. “Lo que está ocurriendo con el cambio climático es que muchos de estos fenómenos extremos se están intensificando”, declaró a Reuters Clair Barnes, investigadora asociada del Instituto Grantham para el Cambio Climático y el Medio Ambiente.

Frente a la emergencia, la política se invitó al debate, y desde la extrema derecha liderada por Marine Le Pen ya prometen climatizar todo el Hexágono: “Si soy elegida Presidenta de la República, implementaré un plan masivo de climatización”, declaró la líder de la Agrupación Nacional. En una feria tecnológica, afirmó que su prioridad serían los espacios donde se encuentran las personas más vulnerables: hospitales, residencias de ancianos y escuelas.
Por otro lado, Jean-Luc Mélenchon advirtió contra el uso generalizado del aire acondicionado: “Pongan aire acondicionado por todas partes y verán el resultado. ¡Yo no pondría a mi hijo, nieta o bisnieta en un lugar donde el aire acondicionado esté a todo volumen desde la mañana hasta la noche!”.
El líder de La France Insoumise aboga por alternativas técnicas para combatir las olas de calor: Sabemos cómo construir edificios que resistan el calor. Hay técnicas, hay mil maneras de aislar un edificio. Lo que es seguro es que hay dos cosas que no debemos hacer: dejar las cosas como están y, en segundo lugar, empeorar el problema creyendo que lo estamos aliviando”.
En este debate, por primera vez, Los Ecologistas en Francia “saltaron un tabú”, y su líder reconoció que no se puede sencillamente rechazar el aire acondicionado. “La realidad es que necesitamos urgentemente equipar los servicios públicos, en particular las escuelas y los hospitales, con aire acondicionado”, declaró Marine Tondelier, la candidata a las primarias de la izquierda unida (sin LFI) para las elecciones presidenciales de 2027.
Al día siguiente, lunes 22 de junio, la diputada ecologista Sandrine Rousseau, reconoció en LCI: “El aire acondicionado se volverá esencial en algunos edificios, pero esto se debe a la falta de previsión. El aire acondicionado sigue siendo una mala solución. Aumenta nuestro gasto energético y es una forma de evitar las obras estructurales necesarias para aislar los edificios”.

Desde Bruselas, en tanto, deciden no tomar parte en el debate. La Unión Europea se negó el lunes a entrar en el acalorado debate político sobre las ventajas del aire acondicionado, afirmando que no le corresponde al bloque de 27 naciones controlar minuciosamente cómo las personas climatizan sus hogares. “Dudo que tengamos una opinión o postura particular sobre el aire acondicionado”, declaró la portavoz de la Comisión Europea, Anna-Kaisa Itkonen, a los periodistas cuando se le preguntó si el bloque apoyaba a alguna de las dos posturas.
Por su parte, desde el think tank Carnegie Endowment criticaron lo que llaman “la falta de capacidad de adaptación” de los europeos, llegando a ligarla con un riesgo de seguridad en miras a las amenazas rusas y chinas. “Un bloque cuyos países más ricos y poderosos se paralizan debido a una realidad que se ha ido gestando durante más de dos décadas no está preparado para el momento álgido. Esta falta de preparación no es solo un problema de política pública o de salud pública, sino que representa una importante vulnerabilidad geopolítica. ¿Por qué un adversario como el presidente ruso Vladimir Putin no atacaría a un país de la OTAN mientras Europa Occidental se derrite por una ola de calor?”, se preguntó una columna de la institución.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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