Por Bastián DíazLos desafíos del futuro presidente de Colombia: salud, economía y seguridad
De cara al balotaje, el país sudamericano enfrenta una escalada en la violencia de las guerrillas, y una situación económica que no satisface las expectativas del país.

El próximo presidente de Colombia tendrá que lidiar con la creciente violencia de las guerrillas y disidencias de las FARC, que en los últimos años han puesto en cuestión la “Paz Total” que propuso el presidente Gustavo Petro.
Con ese problema en la base, la economía también está mostrando resultados menores a los esperados, y aun con un crecimiento del 3%, la deuda pública colombiana preocupa a los expertos.
Violencia y guerrillas
Ya desde el año pasado, la violencia se tomó la campaña electoral, luego de que el precandidato Miguel Uribe Turbay fuera asesinado al aire libre en un mitin en Bogotá. Desde entonces, los candidatos aseguran haber recibido amenazas de muerte, en un país donde la violencia política es algo habitual.

Preocupa particularmente el control territorial que grupos armados tienen en ciertas partes de Colombia, y cómo en los últimos meses distintas guerrillas han tenido combates, con miras a controlar distintas zonas.
En los cinco primeros meses de 2026, Colombia registró 54 masacres y 233 víctimas mortales, y la cantidad de personas que se unen a grupos de narcos, guerrilleros o paramilitares ha crecido. Un informe de la Fundación Conflict Responses indica que entre 2018 y 2025, las principales estructuras armadas ilegales del país aumentaron más de un 110% en el número de combatientes, pasando de casi 13 mil a más de 27 mil.
Al final, la “Paz Total” que prometió Petro, que incluía negociar con todos los grupos a la vez, ni desmovilizó ni frenó la expansión de los grupos, y hoy por hoy muchas comunas viven bajo extorsión, reclutamiento forzado y secuestro. En ese sentido, los dos candidatos a la presidencia tienen visiones distintas sobre qué hacer con estos grupos.

Al respecto, Vicente Torrijos, profesor titular de la Escuela Superior de Guerra en Colombia, indica: “El proceso de negociación simultánea con más de 20 grupos armados no ha producido acuerdos significativos y ha sufrido delicados altibajos que han incrementado la sensación de inseguridad tanto a nivel interno como externo”.
De todos modos, con décadas de guerrillas y grupos armados actuando en Colombia, no hay mucho optimismo de que la situación cambie con un mandato presidencial. “El problema central está en las disidencias de las FARC y otros grupos armados organizados. Son estructuras residuales del acuerdo de paz, conformadas por quienes no se desmovilizaron o retomaron las armas, y que actualmente funcionan fundamentalmente alrededor de economías ilegales como el narcotráfico y la minería ilegal. Su presencia es principalmente rural, aunque sus efectos alcanzan también a las ciudades”, explica Juan Pablo Milanese, cientista político y jefe del Departamento de Estudios Políticos de la Universidad ICESI.
“Es poco realista pensar que en cuatro años estos grupos puedan desaparecer, pero sí es posible reducir su capacidad de control territorial, sus ingresos y su impacto sobre la población”, concluye el cientista político.
Economía
Los números macro durante el gobierno de Petro muestran resultados mixtos. Desde una perspectiva más pesimista, algunos tienen en cuenta que la deuda nacional ya va por el 58%, y hay un déficit en las finanzas públicas del 7% del PIB. Se gasta más de lo que se tiene, y el próximo presidente tendrá que encontrar ingresos y hacer recortes si pretende mejorar esa situación.
Hay un crecimiento del 3% en Colombia, al menos en 2026, pero la informalidad sigue siendo un grave problema, con más de la mitad de los trabajadores sin contrato ni seguridad social. Ahora bien, desde una perspectiva más optimista, el presidente Petro puede presumir ciertos logros: la pobreza multidimensional cayó un 23% en los últimos cuatro años, el desempleo llegó a su nivel más bajo desde 2001 y el salario mínimo subió un 23% en enero, el mayor incremento desde el año 2000.
Al respecto, Torrijos señala que la economía no se puede entender sin contar la violencia: “La dinámica económica no puede desligarse de la creciente sensación de inseguridad que los gremios han destacado insistentemente, así que la variable decisiva parece ser la estabilidad frente a la violencia”.
“El desafío estructural seguirá siendo el mismo: diversificar la cuestión energética, promover y garantizar la confianza y la inversión extranjera, recuperar la infraestructura, y acelerar la competitividad y la generación de empleo”, completa el profesor de la Escuela de Guerra.
“Colombia enfrenta un problema asociado al aumento del gasto público y del endeudamiento. Parte del crecimiento reciente está vinculado a una política fiscal expansiva, pero la pregunta es cuánto tiempo puede mantenerse ese ritmo sin generar mayores desequilibrios”, comenta.
“El próximo presidente va a enfrentar un escenario difícil. Un camino puede producir un conflicto social muy intenso por el ajuste, mientras que el otro puede profundizar los problemas fiscales. En términos coloquiales, parece que a uno le puede explotar la calle y al otro la economía”, concluye el cientista político.

Salud
Otro problema que están llevando los titulares y la campaña en Colombia es el sistema de salud, en el que algunos expertos acusan un “colapso”, además de una creciente falta de medicamentos e insumos. Este problema se relaciona con las deudas de las EPS, empresas privadas o públicas que reciben dinero estatal y lo distribuyen entre médicos, hospitales e insumos. Con casi 7 mil millones de dólares en deudas, la izquierda acusa de que el problema es la corrupción de los privados que administran el dinero. Hubo un intento de reforma en salud durante su gobierno, que terminó siendo bloqueado por el Congreso.
Al respecto, Vicente Torrijos señala: “El principal desafío en materia de salud es desideologizarla. Eso solo se mide en función de la satisfacción ciudadana y el número de vidas salvadas, empezando por la prevención”.

Fractura política del país
Consultado por cuál otro ámbito habría que tener en cuenta para el próximo mandato, Milanese señaló que hay una grieta en la política colombiana: “Creo que la prioridad que debe tener cualquiera que gane, más que cuestiones técnicas, es cómo construir gobernabilidad. La sociedad está profundamente fracturada. Existe una suerte de empate social entre sectores con visiones muy enfrentadas y la campaña profundizó esa división”.
En ese sentido, el presidente va a necesitar construir coaliciones para poder gobernar, y probablemente durante el primer año tenga margen para hacerlo. “La pregunta es cómo sostener esas coaliciones en el tiempo, cuando exista un mayor desgaste político. Además, una parte importante del electorado no votó por adhesión a un proyecto propio o convicción”, recuerda.
“En Colombia, para mantener niveles mínimos de gobernabilidad, un presidente necesita tener al menos una de dos cosas, respaldo institucional y respaldo ‘en la calle’. Mi preocupación es que, después del periodo inicial de ‘luna de miel’, no sería raro que el futuro mandatario no logre tener completamente ninguno de los dos. Soy bastante pesimista en este sentido”, sentencia Milanese.
Relaciones internacionales
Mientras tanto, Vicente Torrijos apunta a los nuevos desafíos a los que se enfrentará el gobierno en el panorama internacional, donde el vecindario de Colombia se ha transformado profundamente. “Hay que construir unas relaciones internacionales en las que debemos tomar en cuenta que el chavismo ya ha desaparecido de la ecuación. Necesitamos que el país transite por los senderos del liderazgo en las agendas, las alianzas rentables y su perfil como potencia regional”.
“Obviamente, este momento histórico hace pensar que, en seguridad y política exterior, el escenario hemisférico le facilitaría la tarea a un gobierno de derecha por las evidentes concordancias y capacidades compartidas”, comenta el experto.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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