Los “otros” George Floyd en Estados Unidos

El reciente asesinato de Floyd se suma a varios casos emblemáticos de violencia racial por parte de la policía. Según Mapping Police Violence, los afroamericanos tienen casi tres veces más probabilidades de morir bajo custodia de agentes y el 99% de los casos entre 2013 y 2019 no tuvo cargos penales.




Rodney King (26), golpiza en Los Angeles

El taxista afroamericano sufrió en 1991 una brutal golpiza por parte de cuatro policías en Los Angeles tras una persecución policial por no detener su auto. Un testigo grabó durante 10 minutos la agresión y las imágenes fueron emitidas en la TV desatando indignación transversal. En abril de 1992 se emitió la absolución total de los uniformados, lo que gatilló protestas que se extendieron por cinco días, dejando 53 fallecidos y más de dos mil heridos. King, que murió en 2012 tras publicar un libro, se transformó en símbolo de la lucha racial con la frase: “¿Podemos llevarnos todos bien?”.

Trayvon Martin (17), a 60 metros de casa

El 26 de febrero de 2012, el joven afroamericano iba de regreso a la casa de su padre en las afueras de Orlando, Florida, donde estaba de visita. Un vigilante del condominio llamó a la policía para reportar una “persona sospechosa” y salió a enfrentarlo para luego dispararle en el pecho acusando defensa propia. El menor murió a 60 metros de su casa desarmado. Un año después, George Zimmerman, que arriesgaba cadena perpetua, fue hallado “no culpable” desatando protestas en más de 100 ciudades. “Trayvon podría haber sido yo hace 35 años atrás”, dijo el entonces Presidente Barack Obama.

Michael Brown (18), cuatro tiros en la cabeza

“Big Mike” acababa de graduarse del colegio. Vivía con su abuela y un tío reverendo en Ferguson, Missouri. En agosto de 2014 robó un paquete de cigarros y huyó con un amigo. A unas cuadras fueron detenidos por una patrulla. Tras una discusión, el policía Darren Wilson disparó y los jóvenes corrieron. El agente volvió a percutar está vez seis tiros, dos de los cuales dieron en la cabeza de Brown, acusando defensa propia, pero el joven siempre tuvo sus manos en alto y desarmado. No se imputó cargos al policía lo que avivó protestas durante una semana. Missouri declaró estado de emergencia, toque de queda y desplegó a la Guardia Nacional.

Walter Scott (50), detenido por una luz rota

Scott fue detenido en 2015 por una luz de freno rota en el estacionamiento de una tienda en Carolina del Sur. Las cámaras ven al hombre bajar del auto y correr. Tras un altercado, el policía Michael Slager utiliza su pistola Glock 21 y dispara ocho tiros mortales a la espalda del afroamericano a seis metros de distancia. En el informe, Slager denunció que Scott le quitó su Taser y lo quiso atacar. Una grabación enviada al grupo Black Lives Matter evidenció que el policía movió el electroshock cerca del cuerpo y no realizó RCP para salvar a Scott. Tras masivas marchas, Slager se declaró culpable y en 2017 fue sentenciado a 20 años de cárcel.

Philando Castile (32), muerto frente a su hija en 2016

El 6 de julio de 2016, Castile iba en su vehículo junto a su novia y su hija de cuatro años cuando fue detenido para un control de tráfico en Minnesota. Pasaron solo 40 segundos para que el policía realizará siete disparos contra el automovilista ya que pensó que Castile estaba sacando un arma de su bolsillo. La mujer transmitió los hechos tras pensar que también iba a morir. El deceso del afroamericano, que se sumó a otros casos similares, provocó tres semanas de protestas con más de 70 detenidos. El oficial Jeronimo Yanez fue declarado inocente de todos los cargos.

Breonna Taylor (26), redada de drogas

La joven técnica en emergencias médicas fue asesinada el 13 de marzo pasado luego que la policía derribó la puerta de su casa en una redada por drogas en Louisville, Kentucky. Breonna pensó que estaban intentando robar, tras oír varios disparos entre la policía y su novio, que tenía licencia para portar un arma. Al menos ocho balas alcanzaron a la mujer que estaba desarmada y el inmueble libre de drogas. Los tres oficiales no han sido acusados de ningún delito y la familia los demandó por homicidio culposo. Tras la renuncia del jefe de la policía, estallaron las protestas, que dejaron siete baleados.

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