Trump transforma a Venezuela en un asunto de política interna de EE.UU.

Trump siempre ha mostrado una actitud frontal respecto del gobierno de Maduro.

En el inicio de su mandato recibió a Lilian Tintori y ha dado varios discursos con medidas contra Nicolás Maduro. Expertos creen que podría tratarse de una estrategia electoral.


Apenas llegó a la Casa Blanca en enero de 2017, Donald Trump dejó clara su postura respecto de Venezuela, asunto que sus antecesores vieron con cierta distancia. Así, en febrero recibió a Lilian Tintori, esposa de Leopoldo López, y con el correr de los meses encargó a dos de sus halcones, John Bolton, asesor de Seguridad Nacional y Mike Pompeo, secretario de Estado, conocidos por sus posturas antichavistas, abordar la estrategia contra Caracas.

Trump ha aludido a la crisis venezolana en muchísimas ocasiones e incluso ha repetido el discurso de que todas las opciones, incluida la militar, están sobre la mesa. Ese tono, contrasta con la política de Barack Obama.

Precisamente el mandatario demócrata fue el único que le dio la mano a Hugo Chávez, durante la Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago, en 2009. Sin embargo, después de ese gesto las relaciones se enfriaron. Nunca hubo encuentros bilaterales ni conversaciones formales entre ambos, a pesar de las solicitudes del gobierno venezolano.

El 9 de marzo de 2015, Obama firmó un decreto que autorizaba al Departamento del Tesoro a sancionar a siete altos funcionarios venezolanos acusados por Washington de cometer excesos durante las protestas ocurridas en 2014 en Venezuela. Sus propiedades y otros activos fueron congelados, se les prohibió entrar a Estados Unidos y se estableció que ningún estadounidense podía hacer negocios con ellos. Esta medida marcó un precedente para que en el futuro se tomaran acciones similares.

Desde entonces, Trump ha aumentado la presión sobre Venezuela, firmando otros decretos que han permitido al Departamento del Tesoro sancionar a más de 60 funcionarios y exfuncionarios del gobierno de Maduro. “Trump ha estado más dispuesto a participar en una retórica de confrontación con respecto a Venezuela, mientras que el gobierno de Obama prefirió que los países de la región, particularmente los del Grupo de Lima, tomaran la iniciativa”, señala Harold Trinkunas, académico de la Universidad de Stanford.

Finalmente, el 31 de julio de 2017 se agregó el nombre de Maduro a esta lista negra. Las sanciones se han extendido también a su círculo más cercano, incluida su esposa, Cilia Flores. Además, el 28 de enero pasado el Departamento del Tesoro bloqueó las propiedades e intereses a la compañía estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) sujetas a jurisdicción estadounidense y prohibió a sus ciudadanos efectuar transacciones con esa empresa.

Esta medida no es menor, considerando que el petróleo y sus derivados representan el 93% de las exportaciones venezolanas. Es la actividad que más dinero le genera al país y con la que paga sus precarias importaciones. Además, del total de compras, un 20% proviene de clientes estadounidenses.

Raúl Sánchez-Urribarri, analista de La Trobe University, señala a La Tercera que “más allá del personalismo de Trump, los gobiernos republicanos tienden a tener una política exterior más asertiva. Esa ha sido la tendencia histórica y así vuelve a ser en este caso”.

El interés de Trump por Venezuela quedó de manifiesto nuevamente el lunes, cuando se trasladó a Miami para abordar en un discurso los pasos a seguir. Así, en la U. Internacional de Florida, advirtió a los militares venezolanos que solo encontrarán “ruina y perdición” si se quedan al lado de Maduro. El lugar no fue elegido al azar. Florida, que votó por Trump en 2016, es el estado con mayor cantidad de venezolanos, que se estiman en 100 mil.

John Polga-Hecimovich, profesor de la Academia Naval de EE.UU., asegura que esto forma parte de una estrategia electoral, más que de política exterior. “Estas acciones agresivas han sido bien recibidas entre muchos ciudadanos venezolanos y cubanos de Florida, un estado clave para el mapa electoral de 2020”, señala el experto. Además, explica que por eso Trump decidió hablar donde lo hizo, y por qué en sus discursos sobre Venezuela “suelen criticar no al autoritarismo de Maduro, sino el ‘socialismo’ del gobierno venezolano”. Sánchez-Urribarri coincide en este aspecto: “presentar al caso venezolano como un ejemplo de socialismo fallido y de los ‘riesgos’ del socialismo sería un argumento poderoso en caso de que la elección sea entre Trump y un candidato de la izquierda progresista como Bernie Sanders”.

En Miami, el mandatario estadounidense se mostró optimista sobre Venezuela y alabó la valentía del pueblo venezolano y de Juan Guaidó: “Un nuevo amanecer se aproxima en América Latina, en Venezuela y a lo largo del hemisferio. El socialismo está muriendo y la democracia y la libertad están renaciendo”, señaló Trump.

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