El domicilio actual del “círculo de hierro” de Karadima

El expárroco de El Bosque, Fernando Karadima, formó alrededor de 40 sacerdotes y creó la ya disuelta Pía Unión Sacerdotal.

Cinco sacerdotes del entorno más cercano al expárroco de El Bosque están en ejercicio. Cuatro de ellos en Santiago, donde también podrían residir los dos obispos renunciados.


En una de las banquetas de la Parroquia Nuestra Señora de La Paz, ubicada en Ñuñoa, el sacerdote José Miguel Fernández (50) reza, en solitario, frente a una imagen de la Virgen María. No hay nadie más en el lugar. Son las 19.30 y aún falta para que comiencen a llegar los fieles a la misa diaria.

El religioso es uno de los más de 40 sacerdotes formados directamente por el expárroco de El Bosque, Fernando Karadima, y fue parte de su denominado círculo de hierro dentro de la Pía Unión Sacerdotal, que componían sus más cercanos, junto a los obispos -aún en ejercicio- Tomislav Koljatic (Linares) y Andrés Arteaga (auxiliar de Santiago), y a los prelados a quienes el Papa Francisco ya aceptó la renuncia: Juan Barros (Osorno) y Horacio Valenzuela (Talca). Otros miembros de la red inmediata a Karadima, varios de los cuales en 2010 enviaron cartas al Vaticano defendiendo la imagen del religioso ante las denuncias por abuso de James Hamilton, Juan Carlos Cruz y José Andrés Murillo, fueron los sacerdotes Diego Ossa Errázuriz (54), Juan Esteban Morales (58), Francisco Herrera Maturana (48) y Julio Söchting (44).

¿Dónde están y qué hacen, a siete años de la condena canónica del expárroco de El Bosque?

Ñuñoa

Ya hay 17 personas presentes en la misa oficiada por Fernández cuando el sacerdote Diego Ossa, antes mano derecha de Karadima, aparece y se ubica en un confesionario de madera, a un costado de la iglesia.

Según informó el Arzobispado de Santiago a La Tercera, Ossa ejerce como vicario en la Parroquia Nuestra Señora de La Paz desde enero de 2016. La misma en la que José Miguel Fernández es párroco desde 2008.

Su camino sacerdotal comenzó en 1992, y después de ejercer su función en distintas sedes religiosas, llegó como vicario parroquial a El Bosque entre 2009 y 2011, cuando Karadima vivía sus últimos años cerca de la comunidad. Ha pasado por las vicarías de la Ascensión del Señor Oeste, en Pudahuel, y Cristo de Emaús, en Lo Prado. Tras ambas incursiones fue reubicado en la parroquia Nuestra Señora de La Paz.

Según cercanos, el vicario se manifestó a favor de la visita de las diferentes víctimas de abuso al Vaticano y “reza mucho por ellas”, comenta un feligrés.

Fernández, en tanto, fue ordenado sacerdote en 2002 y se mantuvo como vicario en San Vicente de Paul de La Florida hasta 2008, cuando fue ubicado en Nuestra Señora de La Paz, hasta la actualidad.

Tanto Fernández como Ossa les aseguran a sus cercanos que no han tenido contacto con Karadima desde hace siete años, cuando se dio a conocer su condena canónica por abusos, en 2011.

Cerro Navia

Juan Esteban Morales ejerció como párroco de El Bosque desde 2006 hasta 2011, cuando se conoció la condena canónica de su antecesor. Posterior a eso, según información solicitada al Arzobispado de Santiago, Morales estuvo sin cargo específico durante tres años, hasta que volvió al radar eclesial en 2014, al ser designado vicario parroquial de la Parroquia María Reina de La Paz. Actualmente sigue en el cargo.

Quinta Normal

Francisco Herrera Maturana es uno de los que más roles ha sumado en su carrera sacerdotal. Comenzó como vicario parroquial en Inmaculada Concepción de Vitacura, en 1999, y un año después ocupó el mismo puesto, pero en la Parroquia San Luis Beltrán. Continuó su recorrido en Santa María del Sur, entre 2002 y 2016, y de forma paralela ejerció en el Decanato Pajaritos.

Durante dos años fue parte del directorio de la Fundación Educacional San José (2016-2018) y también máximo liderazgo en la Parroquia San José Plaza Garín, cargo que ocupará hasta 2022.

Buenos Aires, Argentina

Julio Söchting se mantuvo como vicario parroquial en Santa María del Sur desde 2003 hasta 2015. Hoy es el único que no se encuentra con encargo pastoral, tras pedir una licencia de tres años a la Iglesia de Santiago para “vivir una experiencia de discernimiento en la Orden de los Predicadores”, en Buenos Aires, Argentina.

Algunas voces dentro de la Iglesia apoyan a estos religiosos: “Hay que dejarlos tranquilos, ya han sufrido y trabajan para la gente”, dice un laico. Sus detractores, en cambio, apuntan que algunos podrían mantener cierta comunión con ideas de El Bosque. “Nunca han hecho una manifestación clara, auténtica y honesta que dé cuenta del daño que generó (Karadima). Cuando una persona que fue víctima de abuso de conciencia no quiere hablar del tema, es porque estamos mal”, plantea otro sacerdote formado por el mismo expárroco.

Respecto de los obispos renunciados, tanto en la Conferencia Episcopal como en sus respectivas diócesis señalaron no tener información sobre dónde se encuentran los exprelados de Osorno y Talca. Otras fuentes cercanas a la Iglesia manejan la hipótesis de que Barros y Valenzuela estarían en Santiago.

Entre las víctimas de Karadima no solo hubo laicos, como Hamilton, Cruz y Murillo. El sacerdote Sergio Cobo, quien fue parte de la Pía Unión Sacerdotal, y quien reconoce haber sufrido abuso de conciencia por parte de Karadima, dice que “la denuncia de Hamilton, Cruz y Murillo sirvió para, entre un grupo de sacerdotes, apoyarnos entre nosotros. Comenzar a hablar y armar el puzzle. Antes, yo no había podido hacer un juicio correcto, porque estaba abusado de conciencia, era algo continuo, te cortaba la salida para poder discernir”.

Plantea que, como Iglesia, “tenemos que buscar mecanismos para liberar a personas de eso”.

La Tercera intentó contactar a los sacerdotes mencionados en este artículo, pero no fue posible obtener su testimonio.

#Tags


Seguir leyendo