Por Pablo Retamal N.Sandra Ollo, directora de Acantilado: “El siglo XX en castellano no se puede entender sin los grandes poetas chilenos”
De paso por Santiago, la cabeza del prestigioso sello editorial repasa el histórico vínculo de la casa barcelonesa con Roberto Bolaño, analiza el mercado del libro en papel y fija su postura frente a la inteligencia artificial.

Por estos días, la española Sandra Ollo (48), la editora y directora de la editorial Acantilado, se encuentra de paso por Chile. La casa barcelonesa es uno de los nombres relevantes del mundo editorial en castellano, en cuanto a editoriales independientes se refiere. Junto a otros como Libros del Asteroide, Anagrama o Impedimenta, conforman un interesante ecosistema de autores y títulos que han dado que hablar en el mundo de habla hispana, incluyendo a Latinoamérica.
Fundamentalmente sello de autores europeos y clásicos, en su catálogo se pueden encontrar nombres como Svetlana Aleksiévich, Javier Cercas, Edgardo Cozarinsky, a Natalia Ginzburg, León Tolstoi, Joseph Roth o Stefan Zweig. Pero siempre hay un chileno. En su momento Acantilado publicó dos libros de Jorge Edwards; a Adan Kovacsics, el traductor al castellano de László Krasznahorkai; además de los libros de poesía de Roberto Bolaño. Con ese sello aparecieron, por ejemplo, las primeras ediciones de Los perros románticos (1995) o el notable Tres (2000).
La idea de su visita, cuenta Ollo a Culto, es conversar con los libreros chilenos. “Hace un año y medio cambiamos la distribución de nuestro sello aquí en el país y empezamos a distribuir con Penguin Random House. Tras el trabajo logístico y administrativo más importante, queríamos ver, un año después, cómo está siendo la nueva implantación”.
No es su primera visita a Chile, asegura Ollo. “Hacía 10 años que no visitaba Santiago y queríamos ver cómo estaban las librerías tradicionales, las de toda la vida, y conocer el nuevo tejido librero de la ciudad. También queríamos tener una reunión cercana con los equipos comerciales y con los libreros para planificar la nueva implantación del sello y las nuevas estrategias de comunicación de la editorial aquí en Santiago y en todo el país. Chile es un país muy importante para Acantilado”.
-¿Cuáles han sido las diferencias que has notado entre lo que viste hace 10 años y ahora?
-He conocido muchas nuevas librerías que se han ido abriendo. Hay librerías de todo tipo: generalistas, más enfocadas a un público joven y otras con una vocación más librera y de fondo. Hemos conocido bastantes y esta tarde seguiremos un rato con otras tantas. Por otra parte, he comprobado con mucha alegría que algunas de las librerías tradicionales de la ciudad que ya conocía hace 10 u 11 años siguen funcionando, como Altamira, Catalonia y Takk. Esto siempre es una alegría.

-Acantilado en su minuto publicó la poesía de Bolaño. ¿Cuál es tu vínculo con la literatura chilena?
-Mi vínculo con la literatura chilena como lectora es muy estrecho, porque el siglo XX en castellano no se puede entender sin los grandes poetas chilenos. Como editora es más escaso, porque nosotros, como probablemente sabes, no tenemos demasiados autores latinoamericanos ni chilenos en nuestro sello. Tuvimos la suerte de publicar esas primeras obras de poesía de Bolaño debido a la amistad estrecha que él tuvo con el fundador de la editorial, Jaume Vallcorba. Fuera de eso, hemos tenido poco contacto editorial con la literatura chilena. Ahora, como lectora, soy una gran admiradora de los grandes poetas chilenos, desde Huidobro, por supuesto Neruda, Gabriela Mistral y tantos otros.
-¿Cómo ha sido el proceso de llevar adelante una editorial? ¿Qué es lo más complicado de gestionar una empresa como esta?
-No sé si tenemos tanto rato para explicarte todo lo que es complicado de llevar adelante una editorial (risas). Dirigir una editorial es maravilloso, es una felicidad y un privilegio. Eso tiene que ir por delante de todo; el que diga lo contrario está en un camino equivocado y tiene que repensar su vida, como decía Rilke. Yo me considero una mujer muy afortunada. Como en tantos oficios y empeños, hay dificultades. En una editorial hay dos vertientes fundamentales que se necesitan y se deben cuidar. Por un lado está la parte más puramente de proyecto editorial e intelectual, que es la creación del catálogo, la selección de los títulos y el acompañamiento de los autores. Por el otro está la parte menos romántica, que es la meramente empresarial: la gestión y administración de la empresa, que al final es lo que sostiene el proyecto intelectual.
-¿Y cuál es la principal dificultad de eso?
-La dificultad radica en encontrar un equilibrio entre ambas partes y en saber rodearte de un equipo capaz y de confianza que te ayude a sostener la gestión, permitiéndote dedicarle un tiempo fundamental al proyecto más puramente literario e intelectual.
- ¿Cómo ha cambiado la industria editorial en el último tiempo? Sobre todo considerando la aparición de la inteligencia artificial y los libros en formato digital.
-El mundo editorial ha cambiado en los últimos 10 años como ha cambiado el mundo: rápidamente, de sopetón y prácticamente sin avisar. El rudimento fundamental del oficio no ha cambiado, al menos tal y como yo lo entiendo y como concibo un sello independiente como Acantilado, que consiste en escoger títulos de calidad y ponerlos a disposición del lector. En eso poco ha cambiado con respecto a hace 20 años. Sin embargo, las tareas que tenemos que llevar a cabo sí han cambiado. Cada vez hay más necesidad de alimentar y comunicar a través de redes sociales, algo que hace 15 o 20 años no existía. Y en los últimos años, con el desarrollo de aplicaciones de inteligencia artificial, supongo que la industria ha cambiado mucho. Nosotros, de momento, no utilizamos ningún rudimento de inteligencia artificial ni ningún apoyo de ese tipo; seguimos trabajando de forma artesanal y manual. Tenemos nuestros programas informáticos de maquetación, no es que estemos en las cavernas, pero no utilizamos los programas que existen para traducciones. Seguimos creyendo en la capacidad extraordinaria de nuestros traductores, que son de total confianza. La traducción literaria y ensayística que llevamos a cabo es bastante delicada y difícilmente podrá ser sustituida por una máquina, por muy entrenada que esté. En lo que respecta a los trabajos editoriales cotidianos de revisión y edición de textos, seguimos creyendo en la inteligencia humana y no estamos utilizando IA. Algo que empezamos a explicar y que refleja nuestra filosofía es que Acantilado es una editorial que hace libros hechos por personas. Para mí, las personas siguen contando.

-¿Le temes a la Inteligencia Artificial y a las consecuencias que podría traer para la industria del libro?
-Creo que todavía apenas podemos intuir y esbozar las consecuencias de la inteligencia artificial aplicadas a la industria del libro. Hay un tipo de libro y de industria que se puede ver mucho más afectada, que es la que tiene contenidos menos ambiciosos y más fácilmente replicables, por decirlo de una manera suave y diplomática. Pero hay un tipo de literatura que nace desde otro lugar del ser humano y me parece que eso será muy difícil de imitar. Le llamamos inteligencia, pero no lo es; son modelos de entrenamiento, de réplica de esquemas, de manejo y análisis de información. La inteligencia humana es muy sutil, tiene muchas aristas y muchos matices. Habrá un tipo de libros, de literatura y de arte que difícilmente será sustituido por ningún programa generativo. Aun así, claro que me preocupa en general, no solo en su aplicación al mundo editorial. Me preocupa desde muchos puntos de vista, aunque reconozco lo bueno y las aplicaciones tan extraordinarias que tiene en otros campos, algo que tampoco hay que ignorar.
-En tiempos de pantallas, donde todo se consume más rápido en redes sociales, ¿consideras que el libro en papel ofrece una experiencia de lectura que sigue siendo única e irremplazable?
-Desde un punto de vista estrictamente personal como lectora, sin duda lo es. Y a juzgar por lo que demandan mis lectores y por las cifras de venta de nuestros libros en papel en comparación con el formato electrónico, sin duda alguna. Nosotros hacemos libros electrónicos, están a disposición de los lectores, pero tienen cifras de venta muy reducidas. El libro en papel se sigue vendiendo y se sigue apreciando. También es verdad que nuestros libros tienen una factura especialmente cuidada y gustosa; los lectores lo aprecian y entienden que están comprando un objeto con una manufactura muy especial, pensado para durar. Afortunadamente seguimos vendiendo libros en papel y cada año vendemos unos poquitos más, así que debe de haber muchas otras personas que quieren leer de esta manera.
-¿Cómo se forma un lector?
-Este es uno de los grandes misterios, casi como la adquisición del lenguaje, que está estudiadísima hasta que se llega a un punto en el que los científicos no saben exactamente qué pasa. Un lector se forma desde una edad temprana cuando descubre una magia en los libros que le parece irremplazable. Creo que un lector se forma con buenos libros. A veces se piensa que da igual lo que se lea con tal de que se lea, pero eso tiene una fecha de caducidad. Es como pensar que está muy bien comer porque es mejor a morirse de hambre, pero decir que da igual lo que se coma con tal de comer no es correcto; todos aspiramos a que las personas se nutran y que lo que coman les beneficie, no les enferme. Con la literatura pasa lo mismo: hay una literatura que no nos alimenta. La literatura es ocio, algo extraordinario, pero también es algo más. No solo se forma el que se pone a leer a Kierkegaard; te puedes formar leyendo buenísima literatura que te va a hacer disfrutar. Los lectores se forman desde la infancia con un hábito familiar, si hay libros en casa y si se les acompaña. Hay una etapa en la primera infancia en la que nos encanta leer a nuestros hijos, pero cuando empiezan a leer solitos, los abandonamos a su suerte. Está muy bien seguir acompañándolos y mostrarles que los libros son una fuente de diversión, de conocimiento y de evasión que nos conforma de una manera muy especial. La literatura es el mundo de las posibilidades infinitas y el gran espacio de libertad. Es un campo de pruebas para la vida extraordinario porque todo lo que le puede pasar a un ser humano está reflejado en ella. A base de leer las aventuras y desventuras de alguien, vas extrayendo un aprendizaje humano que te servirá para transitar tu propio camino.
-Dentro del catálogo de Acantilado hay muchos libros que son longsellers, títulos que perduran en el tiempo. ¿Cómo eliges los títulos para el catálogo? ¿Qué tiene que tener un libro para que te motive a publicarlo?
-Tiene que ser un buen libro. Con eso ya me basta, que no es poco. Es una respuesta facilona y simple, pero tiene mucho contenido. Se refiere a que debe tener una muy buena escritura y una buena construcción. En el caso de la ficción, tiene que haber una imaginación literaria muy potente detrás, que es lo que más me gusta. En el caso de la no ficción, me gustan los libros que me mueven la silla constantemente; que me hacen pensar, replantearme las cosas y me abren puertas a otros lugares del pensamiento. Me considero una persona muy curiosa, no porque me guste cotillear en la vida de otros, sino porque me gusta entender cómo funciona el mundo y cómo funcionamos nosotros. A través de los libros encuentro muchas más preguntas que respuestas, pero creo que a través de las preguntas correctas encontramos un poco de luz. La buena literatura no da respuestas, sino que plantea buenas preguntas. Esa es la que me interesa.
- El año pasado el Premio Nobel de Literatura fue para el autor húngaro László Krasznahorkai, quien pertenece a Acantilado. ¿Qué significó para ustedes recibir la noticia?
-¡Imagínate qué alegrón! Fue un alboroto en la editorial y un torbellino increíble. Un autor que lleva 20 años en la casa, con el que hemos publicado nueve libros, de repente obtiene el máximo reconocimiento de las letras. Es una alegría en lo personal por él, por lo que supone como espaldarazo a su apuesta vital, y una alegría enorme en lo profesional para nosotros. Es el refrendo de que aquel tesón, empeño e intuición de que este autor estaba en el lado correcto eran buenos; un reconocimiento al trabajo hecho durante muchos años. Además es una fiesta, porque un autor muy querido en un ámbito más acotado de repente está en boca de todo el mundo, recibe toda la atención y tienes la oportunidad de hacerlo llegar a muchísimas más personas. Esto es extraordinario.
-¿Pudiste hablar con Krasznahorkai cuando le entregaron el premio?
-No logré hablar con él por teléfono, pero le puse un correo electrónico esa misma mañana y él me lo respondió al día siguiente, muy emocionado. Los dos estábamos muy emocionados. Y después tuve oportunidad de hablar con él, de estar con él, pude acompañarle en Estocolmo. Lo hemos podido celebrar (risas).

COMENTARIOS
Para comentar este artículo debes ser suscriptor.
Lo Último
Lo más leído
La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
50% Plan Digital+$5.150 al mes SUSCRÍBETE














