Por Pablo Retamal N.Valentina Cruz en el Bellas Artes: la mayor retrospectiva de una figura clave del arte chileno
El MNBA rescata el legado de la dibujante y escultora penquista con una muestra inédita de 130 obras. La exposición, que salda una deuda histórica con las mujeres artistas del siglo XX, estará abierta hasta el 30 de agosto.

Las mejores palabras para definir el arte de Valentina Cruz las usó ella misma en una entrevista que dio en 1975. “Me gusta el dibujo, hasta ahora muchos lo consideran un arte menor pero como me gustan las causas perdidas, acá me tienen”. Fallecida en 2025, la penquista fue una de las artistas relevantes chilenas del siglo XX y su obra acaba de ser rescatada por el Museo Nacional de Bellas Artes.
Con el nombre de Valentina Cruz. De amor, humor y muerte, el principal museo del país ofrece la revisión más extensa y profunda realizada hasta la fecha sobre la producción de la artista chilena, sobre todo en su legado como dibujante. La muestra abarca 63 años de trabajo ininterrumpido, realizado tanto en Chile como en el extranjero, proponiendo una lectura integral e inédita de su obra.


De esta manera, se pueden observar dibujos desmontables a modo de puzzles, polípticos plegables e instalaciones en papel y acrílico; además de ilustraciones, esculturas, collages y el registro de una acción de arte, realizada en el frontis del Museo de Bellas Artes.
“Esta retrospectiva responde al compromiso del Museo por relevar trayectorias de mujeres artistas y reducir brechas de género, al tiempo que pone en valor el cuerpo de obra de una artista extraordinaria, que ha sido insuficientemente reconocida -señala a Culto la directora del MNBA, Varinia Brodsky-. Asimismo, constituye un reconocimiento al legado que Valentina Cruz donó generosamente al museo -que la convirtió en una de las artistas con la mayor cantidad de obras en la colección- y una oportunidad única para revisar su obra desde una perspectiva contemporánea".


¿Cómo se puede leer la obra de Valentina Cruz hoy? Brodsky señala: “La obra de Valentina Cruz da cuenta de una práctica artística que transita por distintas épocas y con ello, de una mirada tremendamente vanguardista, lo que se puede palpar a través de la diversidad de materialidades que muy tempranamente fue experimentando y sin duda, el dibujo como un vehículo de expresión que cruza toda su obra. Es una artista que da cuenta de una producción sumamente prolífica y que desafió al equipo del Museo en su totalidad. Creemos que sobre todo es relevante para las nuevas generaciones de artistas, así como para el conocimiento de un público general que en muchos casos no cuentan con mayores referentes en el arte chileno. Por todo ello, consideramos meritorio que le diéramos una muestra individual en unos de los museos principales del país. Lamentablemente no llegamos a hacerlo en vida, pero lo más importante es por fin haber cumplido con este deseo de poner a disposición pública sus siete décadas de trabajo”.
El trabajo de curatoría estuvo a cargo de Daniela Berger Prado, Jefa Área Artística del Museo y Paula Honorato, curadora del Museo. “En lo personal, venía investigando, exhibiendo y escribiendo sobre su obra desde 2016. Siempre quise impulsar una exposición individual -dice Berger-. Así también, trabajar en una curatoría junto a Paula Honorato, nos permitió profundizar en los conocimientos desde la labor del MNBA. Esta muestra se enmarca además en el trabajo con perspectiva de género que se ha profundizado claramente en el Museo desde la actual dirección. Y por otro lado está el hecho clave de que la propia artista donó, primero en vida y luego como legado tras su muerte, la más grande cantidad de obras de su colección, hoy parte de nuestro acervo público. No podíamos desaprovechar esta oportunidad, que por un lado, es de una responsabilidad única, y por otro, era el más merecido homenaje a sus casi 7 décadas de trabajo incansable, poco reconocido en el mundo del arte nacional”.


Gran parte de las más de 130 obras provienen de la donación de la propia artista al MNBA, lo cual implicó un duro trabajo de catalogación, conservación y restauración. Así lo explica Berger. “Fue un desafío transversal e interdisciplinario para el equipo del museo. Un trabajo mancomunado, en particular con los equipos de Gestión Patrimonial que catalogaron la obra que ingresó al Museo y la restauración de piezas únicas, entre otras, como las esculturas realizadas en materiales complejos y por tratarse de los años 60, muchos de ellos hoy inexistentes, eso significó un trabajo por parte del equipo del Museo bastante relevante. Así también las áreas de Exposiciones, Montaje y Archivo, porque a la vez que recibíamos la donación y abríamos las cajas, estábamos registrando, restaurando e investigando; descubriendo obras, viendo materialidades, seleccionando, explorando los modos de montar los dibujos y sus distintos soportes, y armar la narrativa de la exposición de una artista de gran riqueza vital y desconocida”.


Respecto a cómo se sitúa la obra de Valentina Cruz en la historia del arte chileno del siglo XX y XXI, Berger señala: “Creo que uno de los méritos de la exposición 145 años. Historias de una Colección es que muestra cómo efectivamente se ha constituido ésta, la colección del museo de arte de mayor relevancia del país, en el sentido en que cada obra guarda una historia, por ejemplo una adquisición desde el Estado, pensada y consensuada por un comité; o una donación, generosa, persistente, tanto de una artista o de su familia. Ambos son el caso de la obra de Valentina Cruz".
“Por eso nos pareció fundamental incorporarla, tanto en un dibujo de gran formato, sus característicos dibujos de pliegues, junto a una escultura para mostrar aspectos relevantes de su producción, que es aún muy desconocida, y situarla en los relatos junto a artistas que estaban produciendo quiebres y preguntas desde sus miradas y particulares materiales. Tienes ahí nombres que es necesario relevar y que hoy son parte de nuestro acervo: Virginia Errázuriz, Ma. Cristina Matta, Susana Wald, y desde otro lado, Ximena Cristi. Investigar la obra de Valentina, exhibirla, es desde luego un acto de justa instalación en la(s) historia(s) del arte en Chile, y una posibilidad de que se siga investigando su obra, reconociendo su gran valor”.


Berger también se anima con una mirada panorámica de la obra de Valentina Cruz. “Es una artista excepcional, que da a cada obra que aborda un carácter experimental, una osadía y potencia expresiva sorprendente, tanto en su escultura de las primeras décadas, como en el dibujo, al que dedica prácticamente la mayor parte de su trayectoria. Lo que hace con éste último es superior, lo convierte en un lenguaje de peso único, tratando una inmensidad de motivos y formas. Su arte es inquieto, riguroso, sorprendente y así lo han confirmado la gran cantidad de públicos que hemos recibido. La gente queda realmente impactada con el peso de su obra, y la gran mayoría no la conocía”.
La exposición Valentina Cruz. De amor, humor y muerte estará disponible en el Museo de Bellas Artes hasta el 30 de agosto. Sala Roser Bru.
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