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Bookfluencers chilenos, el triunfo de la literatura en las redes sociales

A través de reseñas honestas, espontaneidad y un cruce que va desde los clásicos hasta el romance, una diversa generación de creadores chilenos transforma TikTok e Instagram en los nuevos clubes de lectura del país. Detrás de los cientos de miles de seguidores, los bookfluencers locales abren el debate sobre las complejidades de un oficio marcado por la falta de retribución económica de la industria, las jornadas dobles y la ambición de sacar la literatura de la pantalla.

Cada vez son más quienes se atreven a tomar el celular, un libro y hablar frente a la cámara. Si bien el concepto bookfluencer no está en el diccionario, es un hashtag recurrente en redes sociales como Instagram y TikTok, con sus respectivas variantes, bookstagrammer y booktoker. En simple, es aquel usuario que crea contenido sobre libros, ya sea comentarios, reseñas o muestra la vida cotidiana en torno a la literatura.

En Chile el mapa es amplio. María Ignacia Urzúa es una de las creadoras de contenido que más seguidores concentra en ambas plataformas. Su cuenta, llamada @te.conlibros, acumula 325 mil seguidores en Instagram y 190,4 mil en TikTok. La abogada de 29 años, conocida en el ciberespacio como Chiqui, comenzó su cuenta de Instagram en 2020 durante la pandemia, pero desde antes había incursionado en otras redes sociales como Tumblr, Myspace o Blogspot.

Durante la cuarentena, reconectó con sus hobbies como dibujar y leer, ya que se define como una “persona muy inquieta”. “En ese retomar la lectura, también decidí retomar la creación de contenidos”, explica a Culto.

Además, su pasión por la escritura la llevó a pensar en una estrategia a largo plazo. “Siempre tuve la pregunta de cómo iba a llegar a los lectores. Creé esta cuenta y encontré un espacio para poder mostrar lo que leía y eventualmente poder ofrecerle a este público las cosas que yo escribía”, profundiza. De hecho, es autora de Una promesa de cien años, publicado en 2022 vía Editorial Trayecto y reeditado en 2025 por Ediciones Urano.

Según describe, el elemento diferenciador de su cuenta es recomendar diversidad de géneros. “El 2020 leí thriller y romance por primera vez, eso lo he mantenido en el tiempo y he intentado mantenerme cambiando de estilo de lectura, de autores, de géneros, escritores nacionales e internacionales. Creo que eso la gente lo agradece mucho”, señala.

Los orígenes de las cuentas de libros son diversos. Javiera Iglesias (27), ingeniera civil industrial y comercial, abrió su usuario hace alrededor de cuatro años por una razón: “No tenía con quien hablar de libros”. “Dentro de mi círculo nadie leía lo que yo, entonces cuando un libro me hacía feliz, me destruía emocionalmente o me dejaba gritando por algo que había pasado, no tenía con quién comentarlo—describe—. Ahí nació la idea de abrir una cuenta. Mi intención nunca fue ‘crear contenido’ ni convertirme en influencer. Yo solo quería encontrar personas que sintieran los libros con la misma intensidad que yo”.

Romance, fantasía y beauty/lifestyle es la descripción de su cuenta de Instagram. Para ella, “hay una identidad clara” detrás de sus videos, marcada por la honestidad y el amor por la lectura. “Creo que lo que diferencia mi cuenta es que todo se siente muy emocional, muy cercano y muy genuino. Más que solamente recomendar libros, intento transmitir lo que un libro te hace sentir. Y algo que considero súper importante es que las personas saben lo que van a encontrar en mi cuenta”, explica.

Javiera Iglesias (@javibookschile)

Actualmente, tiene 164 mil seguidores en Instagram y 54,8 mil en TikTok, cifras que no esperaba alcanzar. “Nunca estuvo en mis sueños más locos. Mi objetivo siempre fue compartir mis libros y tener con quién comentarlos”.

María Ignacia Urzúa tampoco esperaba esos números. “Sigo sorprendida de la cantidad de gente que ha llegado y sigue llegando. Si esta gente llega, es solo porque quiere leer. Más allá de que pueda subir otras cosas, el corazón de mi contenido son los libros y las recomendaciones y que me sigan es solamente una muestra de que están buscando eso, reencantarse con la lectura o quizás engancharse por primera vez. Me hace plena y feliz”, reflexiona.

El periodista Joaquín Reynaud, más conocido como @albo.lectxra, abrió su cuenta de libros “para encontrar pega”. Su objetivo era demostrar que podía gestionar una cuenta de redes sociales de forma efectiva, así que creó la cuenta de literatura, implementó una estrategia y “fue un boom”. Según relata, consideraba que faltaba un espacio menos formal y pretencioso para hablar de libros, “más piola”, y que abordara otros textos que no se veían en redes sociales, como los clásicos. Su cuenta alcanza 203 mil seguidores en Instagram y 45,6 mil en TikTok.

Instagram @albo_lectxra

Para Reynaud, los elementos diferenciadores de su cuenta son claros. “Soy un huevón que se viste con camisetas del Colo, que habla chuchas y recomienda libros. Entonces a la gente le hace como una disonancia, un contraste interesante, y se suelen acordar de ese elemento”.

El segundo tiene relación con recomendar clásicos. “No hay tanto de eso, en formato corto sobre todo. A la vez, soy muy honesto, sincero y cotidiano en la forma de abordar la literatura, y espero que sea de las cosas que valorase la gente de la cuenta. En general, creo que confían en mi criterio, no sé si tanto en mi criterio, sino en la forma en que presento las cosas”, profundiza.

Desde la región del Biobío, la periodista Francisca Rivas sigue generando contenido literario desde 2018. Comenzó con un canal de YouTube y en foros online, con un número importante de seguidores, pero el salto decisivo fue cuando abrió cuentas de Instagram y TikTok exclusivas para sus lecturas, por recomendación de una amiga. “Se lo agradezco mucho, porque fue todo un mundo que he descubierto. El mundo en Instagram y ahora en TikTok es muy grande y he conocido a mucha gente maravillosa gracias a ello”, expresa.

A diferencia de las voces anteriores, Francisca Rivas tiene una comunidad más fuerte en la red social china, donde acumula 280,1 mil seguidores, versus los 59,1 mil en Instagram. Su contenido es diverso. Predominan las lecturas de fantasía y young adult, pero hay mucho de comida, estilo de vida y decoración. Para la periodista, su elemento diferenciador radica en la naturalidad: no planifica el contenido y prefiere la espontaneidad. “Creo que algo que valoran muchos mis seguidores es que yo me muestro tal como soy, eso puede sonar muy cliché, pero hay gente que hace contenido súper producido, más planificado, y el mío es mucho más espontáneo, muestro cosas de mi día a día, de mi vida, no me disfrazo para mis redes sociales. Soy una persona normal a la que le gustan mucho los libros”, explica.

De literatura chilena, feminismo e independientes

Hay cuentas que definen aún más su contenido. Desde que Isidora Bermedo (@isi.bermedo) leyó El lugar sin límites de José Donoso, no salió de la literatura chilena y se obsesionó con los autores y autoras del país. En su cuenta, mezcla comentarios de libros con datos curiosos de los escritores nacionales. “Los datos curiosos entre autores son lo que más me gusta”, describe. Por ejemplo, uno de sus videos sobre Roberto Bolaño se viralizó y llegaron a su cuenta más de mil seguidores en un día.

Isidora Bermedo - Cedida

“Me encanta y creo firmemente que tenemos grandes poetas y novelistas que no debemos olvidar”, enfatiza la profesora de inglés de 24 años. Su pasatiempo favorito es compartir entrevistas y fotos de los escritores. “Me gusta ser un aporte en rescatar y enfatizar nuestra cultura, que vayan a visitar las casas donde vivieron nuestros artistas, recomendar poesía hermosa que nos identifica y conocer más del lado bello del Chile artístico”, reflexiona.

Antonia Sepúlveda, conocida como @plumademujer en sus redes sociales, apuesta por la literatura y la no ficción de mujeres, y teoría feminista. Alejada de la fantasía o literatura juvenil, afirma “no leer ese tipo de libros que sí son los que venden”. Comenzó a crear contenido durante la pandemia, motivada por un ramo de la universidad y la “brecha cultural y literaria en cuanto a las mujeres”. “Me pareció una instancia interesante de aprendizaje y de seguir estudiando el tema”, dice a Culto. Hoy tiene 38,4 mil seguidores en Instagram.

Antonia Sepúlveda

Quien también tiene una apuesta diferenciadora es Paula Riveros (42). En 2016 hacía un largo trayecto de su casa hasta su trabajo, lo que motivó que abriera @lectorademetro, un espacio para compartir sus lecturas en el transporte público. “No tenía mucha gente con la que pudiera hablar sobre los libros que leía porque no eran libros muy populares ni se hablaba de ellos. Muchos eran de editoriales independientes que compraba en ferias o pedía prestados en Bibliometro. Las redes sociales me parecieron el espacio perfecto para mostrar los libros que me gustan, hablar un poco de ellos y destacar aspectos que tienen que ver con la edición, el diseño y su contenido”, cuenta.

Lectora de metro

Los desafíos

Todos coinciden en que no es una tarea fácil. A diferencia de otras áreas de rese sociales, el camino para hacer un video sobre un libro es lento y requiere un reto intelectual mayor.

“Los videos necesitan una preparación grande, un esfuerzo importante, y no me refiero a la preparación del contenido mismo, sino que si quieres hablar de un libro, lo mínimo que se espera es que te lo hayas leído y eso implica un uso del tiempo, un esfuerzo”, expone Joaquín Reynaud.

Javiera Iglesias agrega: “Creo que el desafío más grande de crear contenido literario hoy en día es el tiempo. Porque detrás de una reseña primero hay horas de lectura, análisis, procesar emociones y recién después viene la creación del contenido”.

Javiera Iglesias (@javibookschile)

Los creadores de contenido de este artículo tienen un trabajo además de su vida en redes sociales. “El trabajo (y la vida) muchas veces te consumen”, dice Paula Riveros.

“Soy profesora en un liceo público, así que muchas veces llego con más trabajo a casa y eso no me da ánimos ni de aparecer en historias de Instagram. Sin embargo, igual hago el esfuerzo”, agrega Isidora Bermedo.

María Ignacia Urzúa muestra diferentes aspectos de su vida en su cuenta, pero este es invisible: “Me cabeceo infinito en la forma de comunicar el mensaje, ya sea la reseña o la serie de recomendaciones, porque me interesa que el mensaje llegue a la gente que le puede servir ese contenido. Todo eso implica un trabajo adicional, un poco invisible, pero que lo hago feliz, porque estoy segura que eso es lo que genera la motivación de otra persona para querer leer un libro. A veces opto por formatos que no me acomodan tanto, pero siempre pensando en que el mensaje es para los demás. Yo no soy protagonista, los libros son protagonistas”.

El factor económico también es importante, destacan Joaquín Reynaud y Francisca Rivas. “La creación de contenido literario es muy distinta a la creación de otros tópicos”, dice @albo.lectxra. En el circuito, muchas editoriales envían libros a los creadores a cambio de apariciones en sus redes.

Por el alto nivel de exigencia —más de 20 libros acumulados al mes por leer—Antonia Sepúlveda dejó las colaboraciones. Lo mismo hizo Joaquín Reynaud. “Son pocas las editoriales que están dispuestas a pagar por una publicidad, cuando en otros sectores del mundo es lo más básico, pero ese es un problema que tiene que ver con el mundo de la publicidad digital y la industria, son las editoriales las que no están dispuestas a dar ese paso”, explica.

Rivas es tajante. “En el mundo literario no hay mucho dinero, si uno quiere ganar plata, ser bookfluencer no es el camino, porque uno no gana plata con los libros, ni como creador de contenido ni como autores. En Chile dedicarte solo a los libros es muy difícil. No conozco a ninguna creadora de contenido que se dedique solo a eso en Chile. Las campañas que me llegan son de otras marcas, no de libros. Al expandir mi contenido puedo ganar un poco más de plata”, expone.

Ese ha sido uno de los desafíos que identifica Javiera Iglesias. “Algo que he ido notando con el tiempo es lo difícil que puede ser crecer fuera del nicho literario. Tengo una comunidad donde la mayoría son mujeres y sé que también les interesa la moda, la música, conciertos, maquillaje o lifestyle, pero muchas veces el contenido de libros sigue siendo visto como un nicho muy específico y no siempre se valoriza tanto desde otras industrias o marcas”, reflexiona.

Antonia Sepúlveda también ve la pérdida de seguidores y la cancelación como desafíos a la hora de crear contenido cultural enfocado en literatura. “Tiene una carga intelectual más fuerte que cualquier otro creador de contenido. La cancelación está muy cerca de cualquier opinión, de cualquier libro”.

Salir de la virtualidad

Las comunidades en torno a los libros son sólidas, tanto así, que salen del ciberespacio para reuniones presenciales o virtuales cara a cara. María Ignacia Urzúa creó un club de lectura para compartir la pasión por los libros. “Estoy en proceso de descubrir bien cómo llevar el tema de los clubes de lectura, tengo muchas ideas, muchos proyectos que quiero desarrollar a futuro sobre eso”, expresa.

Quien también dio el salto fue Joaquín Reynaud. Motivado por ayudar a un amigo a leer al menos un libro al mes, abrió sus primeros clubes de lectura. “El sello del club creo que es la cercanía, esto mismo que intento proyectar en la cuenta, la idea de que leer puede ser para todos, y no es necesario que sea para nadie tampoco”, explica. Si bien primero él y su amigo elegían los libros, ahora escogen las lecturas en conjunto. Además, empezó un club de lectura de clásicos con la Corporación Municipal de Puente Alto. “Estoy muy emocionado con ese proyecto”, afirma.

Javiera Iglesias también salió de las redes sociales para incursionar en el mundo del podcast, con No hay tal bloqueo, un espacio creado junto a Buscalibre. “El podcast nació con la idea de reconectar con la lectura desde otro lugar. No necesariamente desde “tienes que leer este libro”, sino desde conversar, emocionarse”, dice.

El formato le permitió ir más allá de los minutos de un reel y profundizar en la conversación. “Hablar de libros, emociones, experiencias y todo lo que la lectura puede generar en nosotros desde un espacio mucho más íntimo y cercano”, concluye.

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