Movilh dice que las cifras de homosexualidad en Chile no son realistas

Gay

Foto: La Tercera/Archivo

Según la organización, el porcentaje real oscila entre el 5% y el 10%.




Las cifras de la Encuesta Casen son bajas, según lo que el Movilh considera debería acercarse a la realidad, dice Óscar Rementería. Según estadísticas internacionales aceptadas por la comunidad científica, asegura, las personas que pertenecen a la diversidad sexual están entre el 5% y el 10% de la población. "El porcentaje que aparece en Casen es bastante bajo, considerando que en Chile somos 17 millones de habitantes. Se reconoce el trabajo de obtener cifras oficiales, pero no creemos que el porcentaje de población homosexual sea realista".

Si se compara con EE.UU., que tiene datos estables, la cifra debiese ser cercana al 4%, dice Alemka Tomicic, de la U. Diego Portales. "EE.UU. tienen la tradición de que en todas sus encuestas se pregunta por identidad sexual e identidad de género, una tradición muy buena. No hacerlo son prácticas que invisibilizan".

Las razones de por qué un porcentaje aún no lo declara, pueden estar, dice Caterine Galaz, coordinadora del Núcleo de Estudios Críticos de la Diversidad de la U. de Chile, en que aún no existen las condiciones culturales, declarar abiertamente, "porque sigue existiendo mucha homofobia, lesbofobia, transfobia, entonces no mucha gente lo declara en una encuesta".

Las preguntas se hacen con todos los integrantes del núcleo familiar presente, entonces los niveles de confidencialidad, de reserva, son bastante bajos, lo que genera resquemores a que las personas gay lo digan directamente a un encuestador, si ni siquiera lo han dicho a su propia familia, añade Galaz.

Además, según David Bravo, director del Centro de Encuestas y Estudios Longitudinales de la U. Católica, las cifras tienen un alto margen de error "y con ello me refiero no solo al error muestral, sino al no muestral".

La confiabilidad en las cifras reportadas acá, agrega, "es mucho menor por la forma en que se hacen estas preguntas, las que no son acordes con el carácter sensible que estas tienen".

Concuerda con Galaz en que la forma de preguntar no es la óptima. "Imagínense que un encuestador va al hogar, haciéndole las distintas preguntas sobre educación, ingresos, etc. Y luego cuando llega a la pregunta sobre orientación sexual se la formula a quien responde. Esta persona podría sentirse intimidada de responder una pregunta de esta naturaleza ante un tercero. No es solo eso, sino que, además, en varias ocasiones, hay otros miembros del hogar presentes". Dice, incluso, que la persona podría estar dispuesta a confiarle al encuestador su orientación, pero no frente a otros miembros del hogar.

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