Al galope por obligación

Llevan años juntos, pero la preparación con miras a los Juegos Olímpicos no deja detalle al azar. Carlos Lobos comenta a El Deportivo cómo es su rutina con Ranco, el caballo con que irá al concurso completo en los Juegos Olímpicos.<br>




Son las 7.40 de la mañana y Carlos Lobos deja a su hija en el colegio. Como cualquier padre, aunque con una diferencia; no es su primera actividad del día. Menos la última.

El mayor de Ejército se levanta cada día a las 5 de la mañana y se va a la Escuela Militar, donde desde las 5.50 tiene su primer encuentro con Ranco, el caballo hijo del Pillán, con el que clasificó a Río en el concurso completo, el animal con el que forma una dupla que, según él, es única. "Uno lo ve en la mañana y ya sabe si está enojado. A veces ni me recibe el azúcar", dice Lobos mientras le da uno de esos dulces cubos al caballo que, esta vez, lo recibe feliz.

"Tenemos una relación de cinco años con Ranco, una relación especial, producto del largo tiempo que trabajamos juntos, haber representado al país afuera, haber tenido que viajar juntos también hace que uno vaya aumentando el cariño que tiene en él. Y no sólo yo, también mi familia, mi hija y mi señora. Ranco es integrante pleno de nuestra familia", asegura.

Después de entrenar con el caballo, a las 6.45 AM, el equitador se cambia de ropa y vuelve a casa, para llevar a su hija al colegio. Toma luego rumbo a la Academia de Guerra, en La Reina, donde estudia el primero de tres años. Eso, de 8.00 a una de la tarde y de 14.00 a 17.00.

Tras la jornada de estudios, y si las responsabilidades académicas se lo permiten, Lobos regresa a la Escuela Militar, para entrenar nuevamente, bajo las órdenes del maestro, el coronel (R) Javier Rodríguez, en una de las pocas escuelas en el mundo donde a los caballos se les enseña Alta Escuela.

No es lo mismo entrenar con cualquier caballo, asegura el equitador: "Elemento fue uno de mis primeros caballos y en Quillota tuve a Banal. Con todos es distinto, uno no tiene la misma experiencia, uno va ganando en horas de vuelo, por así decirlo, la condición es distinta. Uno sabía menos, cuando uno es chico está siempre aprendiendo".

Esa segunda jornada de entrenamientos sirve también para darse tiempo de hacer algo de trabajo físico. Trotes por el amplio recinto castrense o algún circuito con obstáculos. El gimnasio lo hace temprano en la Academia de Guerra.

Después de todo eso, la agenda indica irse a casa, las labores de padre lo esperan, una esposa embarazada y un hijo que podría nacer hoy mismo. "Buscar la forma de compatibilizar todo con los entrenamientos se hace complejo, pero la verdad es que hemos creado un sistema. Digo hemos, porque la familia es parte fundamental de todos estos logros, sin su apoyo, estar en estas instancias sería complicado", explica Lobos.

Pero le encanta. Desde que en Punta Arenas, donde estaba destinado su padre, también militar y también equitador, Carlos Lobos conoció este deporte, una actividad que no soltó en sus pasos por Arica o Quillota, ya como parte del Ejército. "Cuando uno es pequeño no asimila a qué puede llegar, pero a partir del egreso del curso de Maestro de Equitación que hice en Quillota en 2005, y al haberme quedado en los equipos de representación institucional, se abrireron puertas que empezaron a hacer que los sueños se fueran cumpliendo, como ir a Sudamericanos, Mundiales Militares, Panamericanos y ahora a Juegos Olímpicos", cuenta. 

Ambos, Lobos y Ranco, ya conocen el Centro Olímpico Ecuestre, en la zona de Deodoro, donde fueron segundos en los Juegos Mundiales Militares. Ranco tenía siete años; hoy, 12. 

Como sea, el militar tiene expectativas moderadas: "Uno debe ir con la misión de hacer un buen papel, un muy buen resultado sería estar dentro del primer tercio de los participantes. Hay que ser súper cauto, las expectativas hay que ir analizándolas día a día, el concurso completo es una prueba muy dinámica en la que los resultados pueden variar fácilmente".

Lobos sabe que tiene una responsabilidad grande encima, la equitación es uno de los apenas seis deportes que le han dado medallas olímpicas a Chile. "Nos debemos a la tradición de Alberto Larraguibel, al equipo mixto entre militares y carabineros que lograron las medallas olímpicas en Helsinki... Si la independencia de Chile se logró a lomo de caballo, cómo no va a ser importante".

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