Anita, la saga cambia de raqueta

Ana María Pinto es hija de Jaime Pinto, ex capitán chileno de Davis que hace 15 días fue campeón del mundo de tenis senior. En la misma semana ella ganó el oro panamericano de squash, junto a Giselle Delgado. Su hermana, su hermano, sus hijos y su marido también practican este deporte. La raqueta en la sangre.

La mayoría de las veces, el invierno es responsable de situaciones poco amigables. En el caso del tenis, más todavía. Casi siempre, la lluvia y las malas condiciones meteorológicas obligan a suspender los partidos, causando una serie de estragos en su planificación. Para evitar ese engorroso problema, el exitoso jugador y otrora capitán de Copa Davis, Jaime Pinto, se vio en la obligación de pensar en una disciplina para sus tres hijos, quienes al igual que él y su esposa, la argentina Ana María Arias, se habían familiarizado con la raqueta. De esta forma, el squash entró en esa familia para siempre.

“Necesitábamos un deporte para que los que jugábamos tenis pudiéramos practicar en invierno. En Chile no hay canchas cubiertas, por lo que había que buscar alguna alternativa. Así, un amigo arquitecto de mi papá le mencionó este deporte”, cuenta Ana María Pinto, flamante e inédita campeona panamericana de esta disciplina y testimonio vivo de que la decisión de su padre fue la correcta.

De hecho, hace un par de semanas la dinastía Pinto hizo noticia, pues Jaime, a punto de cumplir 77 años, se coronó campeón, en la categoría mayores de 75 del Mundial de Tenis de Croacia, mientras que Anita (36) consiguió junto a Giselle Delgado el título panamericano de squash en duplas, en Connecticut, Estados Unidos. “Fue súper bonito lo que pasó y estoy muy feliz por él. Nos llamamos y nos mandamos fotos y videos en un chat que tenemos como familia. Es increíble la carrera que ha llevado mi papá. Como jugador, lo vi en su último torneo, en el Estadio Nacional, cuando yo tenía cuatro años, así que mis recuerdos son vagos”, cuenta Ana María.

Sandrina (38) es la primogénita y se interesó realmente por el squash ya siendo adulta. “Mi hermana mayor dejó el deporte y volvió a los 25. Aprendió y fue seleccionada nacional. Yo creo que esa facilidad está en los genes”, dice Anita, quien desde los 15 representa a Chile en los diversos torneos internacionales del calendario. Su hermano Jaime (37), 14 veces campeón de Chile y que se prepara con la misión de sumar una nueva corona, complementa: “Es un honor, es un orgullo. Es increíble cómo mis papás tienen la capacidad de transmitirles a sus hijos el deporte y nosotros a nuestros sobrinos. En general, tú naces en la familia Pinto y vienes con una estampa de campeón. Ya eres un campeón. Y es que el apoyo que le damos al squash es muy grande”.

Desde Palma de Mallorca, sus padres afirman conjuntamente que la actividad física es un vehículo para alcanzar las metas propuestas y que esa misma convicción es la que se han encargado de traspasar a toda su descendencia. “En realidad es un orgullo tener a toda la familia deportista. El deporte viene en nuestro ADN desde tres generaciones antes. Nos hemos preparado, tanto física como mentalmente para alcanzar nuestro máximo rendimiento. Hemos dedicado nuestra vida a perfeccionarnos y nuestros hijos lo han asumido de la misma forma. El deporte, como la vida misma, es alcanzar el objetivo que uno se propone, con dedicación, perseverancia y amor por lo que uno hace”, expresan.

Pero la vida deportiva de Ana María Pinto ha estado acompañada de vaivenes. La maternidad a temprana edad provocó un cambio en sus planes. “Soy mamá, tuve a mi hijo mayor, Agustín, a los 20. Estuve dos años fuera y después volví a jugar. Afortunadamente tuve siempre el apoyo de mis papás y eso fue bueno. Mi idea era irme a Estados Unidos a estudiar, pero no pude. Tampoco pude dedicarme a ser profesional-profesional, porque eso requiere hacer muchos viajes. Y con hijos eso es más complicado”.

Pero el bebé también nació con el squash en los genes, pues su padre es el campeón peruano, de madre chilena, Álvaro Carranza. Y, como tal, a su corta edad ya ostenta logros significativos. “Agustín también juega, estuvo en el Panamericano junior en Estados Unidos, donde enfrentó a jugadores de 19 años. Salió segundo de Sudamérica y también tiene otros logros”, relata orgullosa su mamá, quien siete años más tarde tuvo a Amalia (9). Y sí, también practica este deporte.

Los tres hermanos llevan las riendas del Club Jaime Pinto, en Las Condes, un paño de terreno que está a un costado de la casa familiar y que alguna vez tuvo canchas de tenis, las que fueron retiradas para darles paso a más pistas de squash. Ahí también se dedican a enseñar esta disciplina a más personas. “Me quiero encargar de formar deportistas para que haya más competencia y no se dé esto de que una persona gane 15 veces el título nacional”, explica Jaime hijo. Mientras que Anita precisa: “Hago clases los lunes y los miércoles y también apoyo en todas las demás áreas del club”.

En los pasillos del acogedor recinto se aprecia un cuadro de honor, en el que aparecen los rankings nacional y mundial. Lo llamativo del asunto es que entre los hombres figura una figura femenina: “Lo que pasa es que casi no hay mujeres, entonces tengo que jugar contra hombres”, dice Ana María, quien apunta otro cuadro en el que salen las mejores del mundo: “Si  estuviera en el circuito, creo que tranquilamente podría estar entre las 60 primeras”.

Pulir un diamante

La escasez de competencia internacional le da un mayor mérito al logro conseguido en el Panamericano. Sobre todo porque Pinto y Giselle Delgado no entrenan juntas, ya que esta última vive en Victoria, Canadá. “No tenemos instancias para entrenar. El año pasado perdimos ante México en los Panamericanos de Toronto por el solo hecho de no conocernos tanto. Aun así estuvimos cerca de ganar. Pero el año pasado ganamos el Sudamericano en Bolivia y este año perdimos la final con Colombia, porque estaba con una lesión en la espalda y estaba algo caída. Esos son los dos torneos a los que viajo en el año”, relata Anita.

La otra parte de la historia la cuenta Giselle, de 28 años y soltera. “Nací en Antofagasta y crecí jugando tenis hasta los 12, a un buen nivel. En 2002 me mudé a Canadá y en 2006 comencé a jugar en la universidad, mientras estudiaba kinesiología. Ahí conocí a Andrés Rodríguez y Paula Zamorano, que eran parte del Team Chile, y me contaron que el país necesitaba jugadoras. En 2013 comencé a jugar como Chile y en Toronto nos afectó también la cancha, que era de otras dimensiones. Ahora, jamás imaginé que iba a lograr el panamericano. De hecho, todavía no aprecio el significado de haber ganado el oro”, narra la kinesióloga, quien trabaja dando clases de squash en un club.

La comunicación entre ambas deportistas es relativa por las grandes distancias. “Nos tratamos de comunicar por redes sociales, pero se nos hace difícil. Lo ideal sería que nos pudiéramos juntar con un técnico enfocado sólo en dobles y ojalá que también podamos jugar un Mundial”, sostiene Giselle.

Para esta gira fueron acompañadas por el seleccionador Javier Gouet, quien destaca la fórmula que utilizó para convencer a la dupla femenina, pues afirma que al principio no estaban muy seguras de sus capacidades: “Sin el ánimo de echarme flores, siento que mi labor fue fundamental porque reuní a las jugadoras y ahí el rol sobre la confianza es importante. Logré que se enojaran y sintieran la fuerza de lo que estaban viviendo. Siempre he sabido el nivel que tienen ellas. A lo mejor ellas no se lo creían. Yo les reforcé la idea de que eran capaces, lo entendieron y explotaron en el torneo”.

En este contexto, el entrenador resalta el mérito de Pinto y Delgado y también el de Rafael Allendes y Sebastián Gallegos, quienes fueron vicecampeones en dobles masculino. “Estábamos compitiendo contra gente que se dedica al squash, con cinco horas de entrenamientos en doble turno, versus gente que estudia o trabaja en oficinas y que sólo puede practicar en la tarde. Por eso esto es histórico para nosotros; es la primera vez que ganamos un oro. Incluso, ya era histórico meternos en las finales. Y ante los países más fuertes: Estados Unidos, Canadá, México, Argentina, Colombia…”.

Para Gouet, no hay dudas de que el panorama va a cambiar. “Se nos van a abrir puertas en cuanto a infraestructura y volumen de entrenamiento. También más y nuevos recursos. Eso nos podría ayudar a que, por ejemplo, Giselle pudiera entrenar más con nosotros. Somos fuerte candidato para los Juegos Panamericanos de Lima 2019. Tenemos un diamante y hay que pulirlo”. Mientras que Delgado sostiene que “ojalá este logro ayude a que la gente escuche un poco más sobre el squash”.

A pesar de que para la cita en Perú contará con 39 años, Anita no vislumbra el retiro: “El squash es un deporte que se puede seguir practicando por muchos años y a Lima vamos a ir a luchar por los Panamericanos”. Su compañera, resalta que “si no está Anita, prácticamente no hay nadie más en el squash”.

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