Histórico

El clan de los bullalbos

La familia Díaz es una familia atípica, porque su historia es tan natural que casi parece extraordinaria. Esta es una fábula real, la de dos parejas de hermanos enfrentados por los colores que el domingo vivirán juntos su primer Superclásico.

Son las seis de la tarde en el corazón de la Población Santa Inés de Conchalí y una agradable brisa otoñal barre las veredas de Uno Poniente. Es aquí donde se criaron Alan y Dylan Díaz, los protagonistas de esta historia. Los hermanos que dan vida a una campaña que tiene  el fin de concienciar a los hinchas sobre la necesidad de erradicar la violencia de los estadios, bajo el lema #JuguemosJuntos.

Una violencia que no se había apoderado todavía del fútbol cuando Leonardo, el padre de los pequeños, tenía la misma edad que hoy tienen sus mellizos. Entonces, todo parecía más fácil. "Toda mi familia materna era de la U, hasta que un día me di cuenta de que me estaban llevando por el mal camino y decidí ser de Colo Colo. Tenía 6 ó 7 años. Mi tío me llevó al estadio y ahí me terminé de convencer de que ese era en realidad el equipo que tenía que alentar y seguir", comienza a relatar el hombre de 32 años, reconstruyendo al mismo tiempo el nacimiento de una pasión gestada a pie de cancha -la de su amor por el Cacique- y el inicio de una sana rivalidad librada puertas adentro con su hermano Miguel, fanático confeso de Universidad de Chile.

Dos hermanos enfrentados por unos colores, pero unidos por todo lo demás. Al menos hasta que Leonardo recibió la noticia de que Johana, su mujer, esperaba mellizos: "Entonces el cuñado de mi señora pide ser el padrino del primero que nazca, y mi hermano del segundo. Y así fue, Miguel fue el padrino de Alan. Y al año o año y medio de vida de mi hijo, viene y me dice: Hermano, mi ahijado va a ser de la U.  Y el niño empieza con cánticos de la U. Tú sabrás, tú eres el guía cuando yo no esté, le digo entonces a mi hermano. Y Alan eligió su color. Azul. Y azul se quedó", confiesa, con una divertida sonrisa de impotencia dibujada en su semblante, el padre de los niños, quien logró al menos transmitir a Dylan su devoción por Colo Colo.

 "Sí, lo reconozco, estuvo en mis planes hacer de la U a mi ahijado. Lo convencí mostrándole videos del estadio, de los hinchas cantando. Él me miraba también a mí cuando veía los partidos y la pasión por mi equipo creo que él la notaba", reconoce, con evidente orgullo, pero también con franqueza, Miguel Díaz, el padrino.

Superclásico en familia

El de mañana en el Estadio Nacional será un Clásico muy especial para la familia Díaz. Alan y Dylan, rostros del spot antiviolencia que la cadena Fox Sports ha lanzado en Chile, presenciarán en directo, por primera vez en su vida, el duelo con mayor tradición y rivalidad del fútbol chileno. Lo harán juntos, el uno al lado del otro. Y no sólo, pues están esperando la autorización de la ANFP para salir tomados de la mano con el capitán de sus respectivos clubes. Una experiencia, sin duda, inolvidable y  revitalizadora.

Serán acompañados por una pareja de hermanos que tampoco se han sentado  antes en la misma galería a presenciar un enfrentamiento entre azules y albos. "Es la primera vez que ellos van a estar juntos viendo a sus equipos y también la primera vez en la que yo vaya con mi hermano, los dos juntos, a ver un Superclásico", precisa Leonardo, consciente de que para todo hay un primer día.

A escasas horas del arranque del duelo en Ñuñoa, los nervios afloran. Y Alan y Dylan, enfundados en las camisetas de sus respectivos ídolos, Gustavo Canales y Esteban Paredes, combaten la ansiedad pateando un viejo balón. La misma terapia que seguía  su abuelo paterno, Miguel, amante confeso de la hípica y el balompié, quien sonríe ahora a pie de cancha antes de entregar el secreto que permite que los cimientos familiares jamás se tambaleen: "Salieron azules y albos, pero también podrían haber salido rojos, como yo. Yo soy hincha de Unión, de Unión Española, y eso es lo que existe en esta familia, unión. Porque con amor y respeto, todo es posible", proclama.

 "Va a ganar la U. Va a ganar Canales", vocifera de pronto Alan. "Colo Colo es el mejor", replica entonces Dylan, buscando la mirada cómplice de su padre, quien invita a su vez a Miguel a sumarse a la discusión. El lío está asegurado. Pero jamás la gresca. Cómo ceder a la disputa inútil en una familia en la que -para completar la comedia de enredo- la mujer de Leo, colocolino, es laica; y la de Miguel, laico, es alba. Y el resultado, claro, la mezcla. Esa que alimenta casi siempre la tolerancia. "Ellos se lesean entre los dos sanamente con esa rivalidad que tienen, inocentemente. Saben que el caso de ellos no se da siempre, y acá la mayoría los conoce ya como los bullalbos. Y eso es un poco lo que son. La mezcla. Y ojalá que todo esto sirva para que la gente pueda tomar conciencia de que no merece la pena andar peleando cuando conozca esta historia real. La historia nuestra y de ellos". Y del fútbol chileno. Y de tantas familias que tal vez muy pronto puedan regresar a los estadios.

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