Por Felipe RetamalCon Quilapayún de invitados y sorpresas en el set Los Bunkers cierran su gira acústica en la Quinta Vergara
La banda chilena cerró en Viña del Mar la etapa en que llevó a los escenarios su MTV Unplugged. Una noche en que incluyeron algunas sorpresas en el repertorio y mostraron cómo el espectáculo acabó por consolidarse en la carretera. Además destacó la presencia del conjunto icono de la Nueva Canción Chilena para un momento notable.

De la intimidad de los teatros a uno de los principales coliseos del país, la gira acústica de Los Bunkers coronó su periplo entre los cerros de la Quinta Vergara. Como si fuera una noche del Festival de Viña, el recinto lució repleto hasta las arboledas. Un improvisado “Monstruo” que reunía público adulto y familias completas, niños incluidos
La gira arrancó a unas cuadras de acá, en el Teatro Municipal de Viña el 6 de febrero de 2025. Hoy es un show totalmente distinto. Desde la inclusión de más canciones en el repertorio, un bis y el final con la bola de disco, la banda fue capaz de adaptarse a las circunstancias.
Y como fue la tónica de la gira, la eterna Charagua de Víctor Jara sonó como cortina para marcar la entrada del grupo. La ovación atronó cuando arrancaron con Miéntele, un tema no incluido en su MTV Unplugged -el último de la historia- que el grupo ha probado para abrir los shows. Una versión guiada por el charango de Goyo Madinagoitía y el canto crudo del banjo. De inmediato siguen con la siempre animada Yo sembré mis penas de amor en tu jardín, con guiño a Day Tripper incluido y el despliegue de Martín Benavides en los teclados, un rutilante talento musical que es de los notables descubrimientos que dejó esta etapa.

Fue entonces que Álvaro López saludó al público. Siempre locuaz, en su voz se advierte la emoción de la despedida del tour. “Esta gira ha sido maravillosa”, asegura. Es el último show de un centenar de fechas que recorrió Chile, tuvo residencias en Santiago y Concepción, además de moverse a México y Colombia.
Además de la habitual escenografía de sacos, hay una pantalla central que apoya en las imágenes. Además se usa como recurso, por ejemplo, con la imagen de Jorge Teillier cuando suena el fragmento del poema Hoy soy un miembro del Club de los Corazones Solitarios.
Sigue el notable momento en que el grupo recrea el segmento más despojado del Unplugged, pasando casi todos al frente para hacer Calles de Talcahuano. El juego de las voces, el bombo de Cancamusa a lo Max Berru, el delicado acordeón de Carmen Ruiz y el tiple de Goyo Madinagoitía, trazan el momento más Inti Illimani de la noche. El coreo del “Monstruo”, denota como esta canción ya se metió en el canon Bunker. Siguen de inmediato con el notable ensamble de Canción para mañana y Al final de este viaje, cantada fuerte por el respetable marcando, una vez más, el impacto del repertorio de Silvio Rodríguez en Chile.
Con tino, el momento se prolonga con el nuevo arreglo de Entre mis brazos, a pulso del tiple de Gregorio Madinagoitía, lo que además le permite su momento de la noche. También para Carmen Ruiz, quien se luce en el solo final en el órgano Hammond, tal como lo evocó el grupo en la grabación original.

El show creció tanto que hay ciertos puentes más aceitados. El solo de Carmen permite presentarla al público y darle el pase para el inicio de Rey que ella marca desde el teclado. Esta versión, con Cancamusa cantando el estribillo hace crecer la canción.
Una sorpresa en el repertorio es la inclusión de Fantasías animadas de ayer y hoy, un clásico de los primeros días de Los Bunkers (incluso desde sus primeros ensayos), que incluyó solos de armónica de Francis, de guitarra de Mauri y de teclado de Carmen Ruiz. Un guiño para la fanaticada más acérrima que fue bien recibido.
Pasa uno de los grandes momentos del repertorio del Unplugged y la gira, la versión de Let’em in, de Sir Paul McCartney. Por supuesto con el fenomenal unísono de quenas y theremin, trazado entre Benavides y la dupla de Sergio Ramírez y Víctor Contreras.
Viene el segmento de cuerdas, con la presencia del notable Cuarteto Austral, que también acompañaron en la gira. La reconversión de Llueve sobre la ciudad en una suite de cuerdas es uno de los aciertos de esta era acústica. El público la corea igualmente, demostrando una vez más que una buena canción funciona bien en cualquier arreglo. Misma cosa sucede al seguir con Si estás pensando mal de mí, Quien fuera (entre las más coreadas de la noche) y la inclusión de Ángel para un final, en un emotivo momento. Eso sí, se extrañó El hombre es un continente, la canción inédita grabada para el Unplugged.

“¿Dónde están los cabros chicos?”, preguntan los músicos en vis cómica. La noche sigue con el clásico momento dedicado a los niños con Una nube cuelga sobre mí, incluyendo la participación del muñeco de Juan Carlos Bodoque (en una notable imitación de Álvaro López). La gira ha mostrado cómo la música del grupo ha calado en una nueva generación y en algunos de los shows incluso subieron algunos pequeños al escenario.
La notable versión de Quiero dormir cansado, original de Manuel Alejandro y Ana Magdalena popularizada por Emmanuel, arranca el canto del respetable, remecido por la profundidad de la memoria colectiva. Además, la interpretación con vibrato de Álvaro López se acomoda muy bien a la canción.
Un minuto memorable es la aparición de Quilapayún. En la previa, Mauricio Durán repasó como esta era acústica los ha reencontrado con los años en que conocían al repertorio popular y a nombres claves como a los hombres de las “tres barbas”. Y precisamente el señero conjunto entró como invitado ¿una suerte de revancha de la historia por aquella infausta presentación en el Festival de Viña 1973 en la misma Quinta Vergara? quizás.

Tal como lo hicieran en la reciente presentación del conjunto en Lollapalooza, hicieron tres temas; La exiliada del sur, incluyendo el segmento final cantado por Carmen Ruiz y Cancamusa. Le sigue la siempre animada La Muralla, con la coda de Another brick in the wall, en que Francis se cuelga la Stratocaster para emular el inmortal solo de David Gilmour, mientras Martin Benavides hace de un notable Rick Wright y Cancamusa inyecta una poderosa marcha como invocando a Nick Mason. Y el remate es con El pueblo unido jamás será vencido, coreado a rabiar por la Quinta Vergara. Y mientras bajaban los aplausos de despedida para el Quilapayún sonó un cántico contra el Presidente José Antonio Kast.
Tras tocar Miño, viene el bis. El cántico “olé, olé, olee Bunkeers”, reclamó su presencia en el escenario. Pasa La velocidad de la luz, en su relectura a lo Dylan con The Band, dobro y armónica incluidos, que asimismo, abre el momento para el silente, pero muy capaz, bajista Gonzalo López.
El fill de Cancamusa abre la versión cumbia de Ven Aquí. Y ahí la banda inserta un guiño a Un año más, probablemente la más chilena de las cumbias. Luego empalma al unísono de teclado y acordeón, que definió la reversión. El “Monstruo” corea y otros tantos bailan en su lugar como para capear el frío que baja del cerro. Martin Benavides parece sacar manos extra al tocar su solo de vibráfono. La gente está encendida.
Y más aún cuando pasa el último número de la noche, Bailando solo. La notable versión construida alrededor del charango de Madinagoitía y las frases de quenas, se extiende hacia el momento de Heart of glass. Entra el Cuarteto Austral y todos los músicos que participaron del espectáculo están en escena. Carmen Ruiz se coloca la tejana y pasa al frente, como una Debbie Harry de Chiapas. Baja la bola de disco que redondea el momento. Y mientras la música avanza y el planeta de luces centellea, el trueno del confeti suena y arranca el grito de excitación del respetable. El cierre es a lo alto. Los Bunkers transformaron el último MTV Unplugged de la historia en una experiencia inolvidable.

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