Opinión

A veces unos, a veces otros

DRAGOMIR YANKOVIC/ATON CHILE

Para ganar la campaña presidencial, el candidato Kast se comprometió a dar la batalla para enfrentar ciertos problemas urgentes de Chile (como la seguridad) y expulsar a unos enemigos internos (como los migrantes) para restaurar una realidad y se pareciera al país de antes: más orden y seguridad.

También durante los primeros meses de su gobierno decidió machacar a la administración de Boric tachándolos de inexpertos y falta de preparación, al punto de insinuar que el Estado estaba quebrado por culpa de un equipo económico técnicamente deficiente. Se presentó una acusación constitucional en contra del ex ministro de Hacienda, Grau, que fracasó porque no hubo fundamentos jurídicos ni técnicos. Se insinuaba que había cierto desdén en las autoridades pasadas, y que los problemas no se resolvían por su desidia. La administración actual y sus asesores no calcularon que es infinitamente más fácil criticar que construir, y que una vez se llega al Palacio de La Moneda todos se vuelven políticos como el resto: mal evaluados por la misma lentitud, la misma inexperiencia e incluso la misma soberbia, críticas que comparten ambos gobiernos. El Estado, sus instituciones, dinámicas y las urgencias son ingredientes que requieren de buena política, gestión y comunicación.

La comunicación de gobierno adquiere bastante importancia pues va marcando el tono de la conversación entre el gobierno y la sociedad. Entre el Ejecutivo y trabajadores, funcionarios públicos, empresarios, gremios, universidades, la prensa, los otros poderes del Estado, etc. El gobierno determina los mensajes que recibirá la ciudadanía, no solo sobre la disputa política de la semana sino también sobre sus programas, políticas públicas, la manera que el país se relaciona con el mundo, los valores que nos interpretan como sociedad.

A propósito de lo anterior, ejemplos como los dichos de la última campaña sobre la idea de que los beneficios estatales en salud, educación y vivienda priorizarían a niños y ciudadanos chilenos por sobre los extranjeros suenan mal hoy si se compara con la responsabilidad en el cargo que debe ejercer un Presidente. Vimos cómo el gobierno se movilizó para encontrar a niños y niñas haitianos denunciados por la Contraloría como inubicables en Chile, incluso con riesgo de ser víctimas de trata de personas. Ahí no importó su nacionalidad y bien hicieron en movilizar a las instituciones para encontrarlos. O el plan Modo Empleo, con foco en mujeres, donde evidentemente se ayudará también a mujeres migrantes que antes eran parte del espejo de adversarios políticos descrito en campaña.

Estar en el gobierno es un privilegio porque permite mejorar la vida de muchas personas. Agilizar procesos, entregar buenos servicios, superar aquello que no se hacía bien, priorizar los recursos que siempre son escasos y pensar no solo en el ahora sino proyectar el futuro. Es, además, una posta. A veces llegan unos, otras veces llegan otros. Mientras se gobierna esos líderes comprueban el valor de cosas universales como el diálogo, el respeto, la riqueza de la diversidad y la flexibilidad que se requiere al comprobar que la realidad es siempre más difícil de administrar de lo que se veía de lejos.

Por Paula Walker, Académica Usach y profesora Magíster de Políticas Públicas U. de Chile

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