¿Agenda en entredicho?

El buen desempeño del IMACEC, no ha dejado a nadie tranquilo (que economistas consideren estúpido el debate en torno a ello, denota su dificultad para entender las relaciones entre economía y política). A la oposición le preocupa el aumento del desempleo, la caída de 0,9% de los salarios reales en lo que va del año y la reticencia gubernamental a un aumento sustancial del salario mínimo. Ello expresa la baja relevancia asignada por la agenda gubernamental a la alta desigualdad. Le preocupa también la baja prioridad asignada al impulso de la inversión en ciencia y tecnología y la desatención respecto del rol del Estado en el impulso de actividades nuevas que permitan un salto en productividad y crecimiento en el largo plazo.
En la derecha, crece la preocupación por la falta de reformas estructurales. El cambio de gabinete, al no incluir miembros del equipo económico (pese a que era el principal ámbito de críticas en el último mes) ha llevado al Gobierno a ofrecer, alternativamente, una vorágine de promesas e iniciativas de segundo orden (una oficina de proyectos en el contexto de la quinta agenda de productividad de los últimos cinco años y una plataforma para que la ciudadanía exprese sus preocupaciones en materia tributaria) mientras las reformas siguen esperando. La reforma tributaria se anuncia para septiembre, pero por la cercanía de la discusión del presupuesto, comenzará a ser discutida, con suerte, en diciembre y enero.
La pregunta no dilucidada es por qué no se han presentado. ¡Es la política, estúpido! Lo que se constata es la profunda desconexión entre las demandas empresariales y los think tanks de derecha (insisten en reducir impuestos y la capacidad fiscalizadora del Servicio de Impuestos Internos, eliminar regulaciones protectoras del trabajo e impulsar una reforma previsional que no toque el sistema de AFPs) con las prioridades de la ciudadanía.
Independiente de que desde nuestra perspectiva, las reformas estructurales de la derecha no son las que requiere el país, el problema es que las demandas empresariales han construido una mirada divorciada de la gente. La excesiva ideologización del Gobierno y de las entidades empresariales impide generar una propuesta que articule la demanda empresarial con las de la ciudadanía que es lo único que puede viabilizar las reformas de fondo. Sólo un cambio de mirada por parte del Gobierno y la cúpula empresarial hará posible que se genere un diálogo en que como decía el ministro de Hacienda en una reunión con los think tanks, unos y otros se abran, para dejarse convencer.
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