Por Magdalena MerbilháaArturo Prat, eterno y ejemplar

El 21 de mayo no es un día cualquiera, no es simplemente un feriado más en el calendario de la República de Chile. Es un día especial, que es necesario comprender, dimensionar para así poder recordar, “volviendo a sentir” desde donde corresponde. En este día, hace 137 años, un hombre joven, con una vida completa por delante, renunció a todo y se sacrificó por Chile. Hizo lo correcto y se convirtió en el ejemplo de todas las generaciones por venir.
No es un tema baladí, insignificante, trivial, fútil, intrascendente, superficial o nimio. Es esencial. En 1889 este joven marino y abogado, capitán de la corbeta Esmeralda moría abatido en la torre de combate tras saltar a la cubierta del monitor peruano Huáscar después de alentar a los chilenos a su mando gritando “¡Al abordaje, muchachos!”, cumpliendo con su deber de guardar el espacio nacional. Pasó así a la historia como un arquetipo de integridad ciudadana y de virtudes personales. Un hombre polifacético que encarna virtud.
Arturo Prat Chacón nació en la hacienda de San Agustín de Puñal en Nihue en 1848. Creció como un niño frágil, por lo que su madre usó tratamientos de mar para fortalecerlo y con eso, probablemente, lo unió al mar. En 1858 entró a la Escuela Naval gracias a una beca, ingresando a la llamada “clase de los héroes”, sin saber lo que la vida le deparaba. Se destaca por su intelecto y profundo compromiso social. Es un ejemplo de ascenso social, estudia como alumno libre del Instituto Nacional y luego de la Universidad de Chile, llegando a ser oficial de marina y abogado en 1876. Dictó clases nocturnas gratuitas a adultos de la clase trabajadora de Valparaíso. Impulsó más de 150 modificaciones para modernizar la Ley de Navegación y regular los ascensos por mérito. Siendo oficial de marina, Prat estudió Leyes como alumno libre y fue el primer miembro de la Armada en titularse como abogado. Ejerció su profesión de modo gratuito para defender a las personas de escasos recursos, entendiendo que la solidaridad es algo voluntario. Dictó clases gratuitas de educación cívica y derecho a obreros y artesanos en la Escuela Benjamín Franklin, como un modo de fomentar la movilidad social.
Al estallar la Guerra del Pacífico en 1879 asumió el mando de la vieja corbeta de madera, Esmeralda. Es ahí como, un día como hoy, fue bloqueado por el blindado peruano Huáscar. Estaba en total desventaja, entendió que “la contienda era desigual” y llamó al ánimo y al valor y tras el primer espolón saltó valientemente al abordaje, perdiendo la vida en la cubierta enemiga. Pensó en el deber y en Chile. No puso en primer lugar a su mujer e hijos pequeños, a quienes amaba profundamente tal como sus cartas revelan. Había ya perdido a su primera hija, Elena y había apoyado a su familia en esos momentos oscuros.
Siempre fue un hombre correcto que vivió con un presupuesto estrecho y jamás aceptó compensaciones indebidas y mantuvo total trasparencia en sus labores públicas. Desde su profesión buscó erradicar el cohecho y garantizar el voto limpio para fortalecer la democracia. Como capitán de la Esmeralda se preocupó de la alimentación, la salud y la dignidad de sus subalternos, ganándose el respeto y afecto de toda la tripulación. Su rectitud y claridad de visión le permitió entender qué hacer en ese momento difícil, ante el ataque peruano. Sabía que su deber era proteger a Chile.
Su sacrificio fue el punto de inflexión de la Guerra del Pacífico. Sin la muerte de Prat, Chile no habría ganado la guerra, ni incorporado nuevos territorios a la nación. La acción correcta de Prat insufló el alma de Chile y permitió reclutar hombres y medios para pelear la guerra del norte, esa guerra que cambiaría el destino de nuestra nación.
Mayo es el mes del mar y de los abogados, todo por un hombre que al hacer lo correcto que suele ser lo más difícil de hacer, inspiró entonces e inspira hoy a todo Chile. Prat es un inmortal que merece ser entendido y recordado. Un alguien que debe ser revisitado anualmente para que Chile vuelva a sentir, un ejemplo de rectitud y deber, alguien que puso a la patria antes que a sus deseos personales. Una lección permanente nacional. Alguien que no merece el olvido. Este 21 de mayo, alcemos las copas por quien representa y encarna el sentido del deber y la responsabilidad. En un Chile que suele ser pragmático y calculista, Prat sigue siendo la luz que ilumina el horizonte. Es nuestro héroe patrio ya que su ejemplo no puede ni debe ser olvidado. Viva Prat!!!
Por Magdalena Merbilháa, historiadora y periodista.
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