Autonomía y facultades del Banco Central



Por José Miguel Sánchez, decano Facultad de Economía y Administración PUC

El año en que se publicó la Ley Orgánica Constitucional (LOC) del Banco Central de Chile (octubre de 1989), la inflación anual fue de un 21,4%. Al año siguiente, fue de un 27,3% y desde entonces empezó a reducirse para alcanzar un 6% en 1997 y llegar a niveles cercanos al 3% desde principios de los 2000 (con excepción de los años de la crisis financiera de 2007 y 2008, en que retornó a inflaciones en torno a 7%). Clave para esta dinámica de reducción de la inflación fue la independencia del Banco Central del poder político, para llevar a cabo la política monetaria.

Esto no es casualidad. Obedece a la gestión concreta del Banco para cumplir con el objetivo que le fija la ley de velar por mantener una inflación baja y estable, lo cual es muy importante, porque ésta afecta especialmente a las personas de menores ingresos y también al crecimiento de los países.

La teoría y la evidencia económica muestran que la independencia del Banco Central está asociada a menores tasas de inflación por las acciones concretas de la política monetaria, que en el caso chileno se basa en la adopción de una meta del 3% en un horizonte de dos años, y en la formación de expectativas de los agentes económicos. Estas últimas, relacionadas a que la inflación va a permanecer baja y estable, podrían afectarse si se reduce la independencia del organismo.

Por otro lado, la LOC asigna al Banco Central un segundo objetivo: velar por la estabilidad financiera del país, lo cual ha sido especialmente importante en las situaciones de crisis económicas que nos ha tocado vivir. De hecho, esta institución ha jugado un destacado rol en la actual crisis motivada por las medidas sanitarias para el control de la pandemia, asegurando la liquidez en el sistema financiero.

El principal activo de un Banco Central es su reputación. Así, nos protege de los problemas de inconsistencia temporal de la política monetaria y puede ejecutarla de manera efectiva, ya sea en la manera convencional o no convencional.

El Banco Central se ha ganado la reputación, como organismo técnico (carácter que le asigna la LOC), cumpliendo cabalmente con las dos tareas que le asigna la ley. Su prestigio transciende las fronteras y es un ejemplo en el mundo de una institucionalidad que funciona bien.

Contribuye también a su prestigio el que el Banco Central esté continuamente dando cuenta de su gestión al Senado, a los operadores del mercado, a los especialistas y al público en general, a través de los cuatro IPoM en el año, donde se analiza la situación macroeconómica del país y del mundo, y de los dos informes de Estabilidad Financiera al año. Todos ellos son clave para la formación de expectativas de los agentes económicos y son ampliamente analizados y debatidos.

Es bien notable que el prestigio del Banco, como organismo técnico e independiente, incluso ha hecho que se recurra a él para otras tareas. La Ley de Defensa de la Libre Competencia (otro pilar de la institucionalidad económica del país) le asigna la tarea de nombrar los miembros del Tribunal de Defensa de la Libre Competencia, y lo hace no porque los miembros del Consejo sean especialistas en temas de competencia, sino porque reconoce su independencia y seriedad técnica.

Llevamos más de 30 años de autonomía del Banco Central y la evidencia muestra que ha cumplido con eficacia los dos objetivos claros y acotados que le asignó la ley. Sin lugar a dudas, en la actualidad, el Banco Central autónomo es uno de los pilares de la institucionalidad económica de Chile y hay que cuidarlo y mantenerlo.

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