Por Juan Cristóbal PortalesCambiar ministros no basta

Esta semana el Presidente Kast terminó por reconocer que el problema de su gobierno no era simplemente de nombres, sino de pérdida de foco. La Moneda comenzó a erosionar demasiado rápido dos de los principales activos que explican su llegada al poder: la promesa de recuperar el orden frente a la delincuencia y el descontrol institucional, y la capacidad de conectar con las capas medias y populares mediante un relato simple y emocional.
La salida de Steinert y Sedini busca contener ese deterioro. No porque ambas expliquen por sí solas los problemas del Ejecutivo, sino porque terminaron simbolizando un gobierno disperso, reactivo y sin prioridades claras. El problema nunca fue únicamente de resultados. Fue de conducción.
Kast ganó ofreciendo una idea extremadamente simple: Chile necesita volver a funcionar. Y esa promesa tenía un eje ordenador evidente —seguridad, autoridad y control— sobre el cual descansaban todas las demás agendas. Pero el gobierno perdió rápidamente esa claridad. En vez de ordenar la agenda alrededor de la seguridad, terminó comunicando como una administración concentrada en déficit fiscal, ajustes y restricciones que jamás lograron conectar con el contrato emocional que había construido con el electorado.
Ese desplazamiento del relato tuvo costos inmediatos. El ciudadano que votó por autoridad comenzó a observar improvisación. El que esperaba sentido común vio descoordinación. Y el que buscaba un gobierno distinto empezó a percibir errores, frivolidades y una lógica de copamiento comunicacional que terminó saturando la agenda sin darle dirección.
Por eso este ajuste no puede limitarse a una redistribución de nombres. Lo que el gobierno necesita reconstruir es una arquitectura política y comunicacional completa.
La llegada de Arrau apunta justamente a eso: devolver método, jerarquía y hoja de ruta a una agenda que hasta ahora parecía moverse según la contingencia del día. Y la decisión de concentrar en Alvarado la conducción política y comunicacional confirma otra realidad: La Moneda entendió que no puede seguir funcionando con múltiples vocerías y ministros compitiendo entre sí por instalar temas propios. Cuando un gobierno intenta comunicarlo todo al mismo tiempo, termina no comunicando nada.
El desafío ahora es bastante más estructural. Primero, reinstalar una promesa madre reconocible: recuperar el orden para que Chile vuelva a funcionar. Segundo, ordenar completamente la matriz de vocerías: un tema prioritario por día, un vocero principal y el resto del gabinete reforzando el mensaje.
Tercero, sacar a Hacienda del centro del relato. El oficialismo ganó prometiendo protección y autoridad, no austeridad ni pedagogía tributaria. Y cuarto, construir hitos visibles y verificables en seguridad que reinstalen sensación de control y conducción.
Porque el principal riesgo para este gobierno no es únicamente la caída en las encuestas. Es perder el atributo que justificó su llegada al poder. Y cuando eso ocurre, los cambios de gabinete dejan de parecer soluciones y comienzan a transformarse en síntomas.
Por Juan Cristóbal Portales. socio Swaylatam.com.
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