Opinión

Cambios en el diseño de Interior

DIEGO MARTIN/ATON CHILE

Mucho debate ha generado el ajuste del gabinete del Presidente Kast por la breve duración de algunos ministros; menos discusión suscita, en cambio, el diagnóstico que -inadvertidamente- devela. En particular, la designación de Claudio Alvarado como biministro de Interior y de la Secretaría General de Gobierno (Segegob) ha parecido extraña. En realidad no lo es, aunque sí es indicativa de un problema de diseño del gabinete que convendría revisar.

Al inicio de la primera Administración del Presidente Piñera, Interior pasó a llamarse Ministerio del Interior y Seguridad Pública, reconociendo el crecimiento y la relevancia de los temas de seguridad, que exigían una nueva manera de abordarlos. Sin embargo, ese cambio no produjo mayores efectos: el ministerio siempre tuvo bajo su responsabilidad la preservación del orden público, de modo que era, en definitiva, un poco más de lo mismo.

Hubo en esa oportunidad un debate. Muchos -entre los que me encontraba- creíamos que era la ocasión para separar el manejo de la seguridad del resto de las funciones de Interior. Los temas de seguridad tienen dinámica propia y una complejidad creciente que exige dedicación exclusiva. El tiempo lo confirmó: en su segunda Administración, el propio Piñera propuso dividir ese ministerio en dos, Interior y Seguridad Pública. Bien por la seguridad.

Pero el diseño de Interior quedó trunco. Sin responsabilidad por el orden público y con la descentralización que supuso la creación de los gobiernos regionales, su otra tarea histórica, el ministerio quedó debilitado y sin claridad de funciones. La coordinación política del gabinete le corresponde nominalmente, pero la Secretaría General de la Presidencia (Segpres) -con tareas de vinculación legislativa con el Congreso- y la Segegob -a cargo de la vocería gubernamental- le restan espacio para ejercerla, cuando no la duplican lisa y llanamente. El principal ministerio del gobierno conserva el título, pero no la musculatura para conducirla.

La coyuntura actual, marcada por la inusual injerencia del “segundo piso” y ahora reconfigurada por este doble nombramiento en su titular, permite retomar el debate abortado entonces, aunque nunca desaparecido del todo. No se trata de una cuestión de personas, sino de arquitectura institucional: los problemas de coordinación que hoy se manifiestan son estructurales, no circunstanciales (análisis replicable en numerosos ministerios, lo cual permitiría racionalizar la gestión del gabinete).

Las falencias descritas claman por crear algo así como un Ministerio de Gobierno, a partir de Interior, con atribuciones reales de coordinación interna y de relación Ejecutivo-Congreso. Ello supone fusionar Segpres y Segegob con él (abriendo, como variante, la vocería dependiente directamente del Presidente, como en Estados Unidos o Argentina). Su titular se convertiría así en el pivote institucional de la gestión interministerial e interregional, despejando duplicidades, fortaleciendo la efectividad del equipo de gobierno y dándole al liderazgo presidencial el soporte político que hoy el diseño le niega.

Por Hernán Larraín F., abogado y profesor universitario

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