Por Daniel Castro Columna de Daniel Castro: El Oscar del oso

Por Daniel Castro, Guionista de Historia de un Oso
Con la nominación a Historia de un oso ya estábamos súper contentos, al ver que el trabajo de cinco años era reconocido. Aunque antes ya lo habíamos sentido, porque para llegar a estar nominado a Mejor cortometraje de animación en los Oscar hay que obtener una serie de galardones previos. Si ahora El Agente Topo compite con documentales de Netflix y Amazon, a nosotros nos tocó enfrentarnos a producciones de Pixar y al reputado director Don Hertzfeldt. Siempre tuvimos la convicción de que teníamos un cortometraje con nivel de contenido, historia y de imagen súper competitivo, por lo que era un orgullo y no sentíamos que estábamos ahí por suerte. Era merecido.
Evidentemente, el premio, muy bien ganado, fue para producción (Patricio Escala) y dirección (Gabriel Osorio). Sin embargo, pensé que iba a tener muchas más ofertas y posibilidades después de esto. Yo no estoy hablando por todo el equipo, pero siento que la estatuilla es un reconocimiento que en temas laborales tiene más peso en el extranjero que en el país. En otros lugares no es sólo un apretón de manos o un espaldarazo, sino que efectivamente te cambia el estatus, te abre puertas, se entra en otra categoría.
Pero he seguido escribiendo y, de hecho, hace un par de años con Punkrobot hicimos una serie muy linda, Guitarra y Tambor. La vida sigue y me siento súper realizado como guionista y, en términos más generales, como escritor. El Oscar es un hito decidor que permite saber a lo que uno es capaz de llegar.
COMENTARIOS
Para comentar este artículo debes ser suscriptor.
Lo Último
Lo más leído
Casi nadie tiene claro qué es un modelo generativo. El resto lee La Tercera.
Plan Digital + LT Beneficios$6.990 al mes SUSCRÍBETE

















