Columna de Paula Walker: ¿Las Isapres no lo vieron venir?

15 Junio 2010. Sucursal de Isapre Mas Vida en calle Morande con Com


Cuando regresé a Santiago, con una hija de 12 años, tuve que buscar una Isapre para tener plan de salud. Esa era la condición excluyente para el seguro escolar asociado a una clínica. Al contratar el servicio la Isapre me hizo muchas preguntas y me castigaron por distintas razones: mi edad, no estar casada y por tener una hija que podría ser mamá en cualquier momento (según dijo la persona que me atendió). Las mujeres son caras para el sistema de salud, declaró la ejecutiva, y agregó que si yo fuera hombre tendría muchos más planes para elegir, pero por ser mujer solo podía elegir dos. Corría el año 2013, y el año anterior las ganancias netas de las Isapres fueron calificadas como “históricas”: $ 66 mil millones, superando en un 36,1 % el periodo anterior. Se vivían años de gloria para el sistema privado.

Conversando con una amiga que su esposo tiene hoy un problema en el hombro, me contó que la Isapre no le cubre la prótesis y tuvo que partir a comprarla por fuera porque si lo hace en la clínica le cuesta un 30% más. En un estudio de opinión de 2016 sobre el sistema de salud en Chile, las personas opinaban que lo mejor de las Isapres es que son modernas e innovadoras (32%) pero en confianza y transparencia obtuvieron un 12%; solo un 10% cree que protege los derechos de las personas afiliadas y un 22% creía que entregaban información útil y certera.

Los problemas de salud son una fuente permanente de problemas, trámites y gastos desmedidos para las familias. Un accidente, una operación, un examen complejo, prótesis, remedios, tratamiento, adicciones, operaciones, cáncer, licencias médicas, etc. En cualquiera de esos episodios, quienes tienen más recursos zafan mejor que quienes tienen menos. Y las Isapres lo saben. Durante años elegían a quién atender: si había una enfermedad preexistente no recibían a nadie, y si eras viejo o mujer, te castigaban. Así, desde 1981, el sistema funcionaba para unos pocos, más para hombres que para mujeres.

Ningún gobierno fue capaz de enfrentar el problema de fondo y un fallo de la Corte Suprema dejó sin efecto el alza a los planes de las Isapres de 2022 y aprovechó de enviar varios mensajes sobre su funcionamiento, entre ellos devolver dinero a sus cotizantes. La industria está de muerte y amenaza con la quiebra.

Tuvieron años para entender cómo prestar mejores servicios y prestigiar el rubro de la salud privada. Pero no hubo caso. La misma Asociación de Isapres ha mostrado su verdadera cara: desde 1984 hasta 2019 solo tuvieron presidentes varones. Todos los gerentes generales actuales son hombres, y la única presidenta mujer de la Asociación, la abogada Josefina Montenegro, fue presidenta durante 10 meses. En un correo electrónico renunció explicándoles que la industria tenía una falta de conexión con la realidad y de empatía con lo que el país está viviendo. Ella no avalaba eso. La pregunta de hoy es cuánto más tiene que pasar para que se enteren de que están equivocados, y tomen este momento como una oportunidad para prestar un servicio de calidad, profesional y generen sus ganancias legítimas, pero no siendo una industria millonaria. Ojalá lo vean venir.

Por Paula Walker, profesora Escuela de Periodismo Usach

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