Educación, ¿generación perdida?



SEÑOR DIRECTOR:

Es abundante la información sobre el colapso educacional que está viviendo Chile y que se arrastra desde hace varios años, agudizándose con la pandemia. Aumento de la deserción y del ausentismo escolar, alto porcentaje de niños que están recibiendo solo parte del programa escolar (ya reducido para adecuarlo a las clases no presenciales) y que presentan enormes pérdidas de aprendizaje (bajo vocabulario, no saben leer ni comprenden textos simples, desconocen operaciones aritméticas básicas), altos niveles de obesidad infantil, entre otros. Antecedentes que son mucho más graves y perjudiciales en niños vulnerables.

Esta crisis educacional, que moralmente nos avergüenza y que tendrá graves consecuencias sociales, culturales y económicas, encuentra el silencio cómplice inaceptable de parte del gobierno, del Ministerio de Educación, de los parlamentarios, del Colegio de Profesores y de las universidades públicas. Si hasta la misma Universidad de Chile no tiene una Facultad de Educación. Todos miran para el lado y mantienen la inacción, apostando en los hechos a que esta sea una generación perdida en educación, sin importar que así se condenará a miles de niños y niñas a la exclusión, marginalidad y falta de oportunidades.

La erradicación de la pobreza infantil y la mejora radical de la calidad de la educación inicial pública, así como la formación de profesores de excelencia –asegurándoles una calidad de vida digna- debieran constituirse en “el” proyecto estratégico del país y en el faltante cuarto eje presidencial del presupuesto de la nación.

En esta crisis olvidamos el daño a la salud emocional de esos niños, muchos de ellos de 6, 7 u 8 años de edad. Cuántos de ellos sentirán que los resultados que muestran esos datos es su culpa, que son ellos “los incapaces”, destruyéndoles su autoestima y sus ganas de aprender, haciéndolos sentirse inseguros de sí mismos y de sus talentos. Así, estamos haciendo miserables sus vidas e incubando una rabia y una frustración con ellos mismos y lo que les rodea. Los ojos de los niños brillan y sus caras se iluminan cuando están aprendiendo y descubriendo algo nuevo, es lo maravilloso de la educación, eso lo saben los maestros y maestras que han dedicado su vida a la noble tarea de enseñar. Ante eso deberíamos estar reaccionando, a una educación que abandona a su suerte a los niños y niñas, y que les mata las ganas de soñar un futuro.

Víctor Pérez Vera

Ex rector de la Universidad de Chile

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