Columna de Max Colodro: El recurso del método



“Ese trasfondo de falta de confianza recíproca nos jugó una mala pasada en la lucha contra esta pandemia (…) No hemos logrado encontrar un mecanismo de diálogo con la ciudadanía trasparente y de buena fe. Y una responsabilidad importante de eso reside en el Ejecutivo, en nosotros”, afirmaba hace unos días el ministro Mañalich. Reconocimiento claro de uno de los problemas de fondo que afecta la estrategia sanitaria del gobierno: el trasfondo de desconfianza generalizada, en un ciclo de alta polarización, y con una autoridad a la que le cuesta moderar sus propias expectativas.

El aumento de contagios y fallecidos en la última semana ha servido para cuajar la viscosidad de este trasfondo. Por un lado, el ministro forzado a reconocer que el mensaje del retorno seguro derivó en una “mala pasada”, un error de cálculo que relajó conductas precisamente cuando la curva iniciaba su clímax. Por otro, alcaldes de todos los sectores, la dirigencia del Colegio Médico y el núcleo duro de la oposición, cual lobos esperando el error de su presa para lanzarse al cuello, buscando instalar la ilusión de que ellos habrían tomado decisiones distintas, obviamente las correctas.

Que la cuarentena llegó demasiado tarde; que el estrés en los hospitales es resultado de un error de gestión del gobierno central. En realidad, ni la autoridad ni sus críticos pueden asegurar que otra estrategia habría sido más efectiva. ¿Cuánto tiempo pensaban prolongar una cuarentena total aquello alcaldes y dirigentes políticos que la exigen hace semanas? Ni ellos lo saben. El diseño del gobierno no anticipó el alza en los contagios, pero al menos hasta ahora sigue mostrando los menores niveles de letalidad del continente y entre los países de la OCDE. Si se hubieran seguido los consejos de los alcaldes, parlamentarios y miles de “expertos” en epidemiología que han aflorado en estos meses en las redes sociales, ¿los resultados en materia de contagios y, sobretodo, en letalidad, habrían sido mejores? Nunca lo sabremos, por eso es tan fácil y tan cómodo situarse en la vereda del frente y disparar a los que hoy tienen la responsabilidad de tomar decisiones, de implementarlas y hacerse cargo de ellas.

El gobierno cometió un grueso error al sembrar expectativas de un retorno seguro cuando recién íbamos subiendo la curva de contagios. En efecto, la clave de la buena comunicación consiste en poder anticipar la forma en que el receptor va a entender el mensaje. Más aún, cuando se sabe que hay un trasfondo de desconfianza profunda y un sector no pequeño de la opinión pública desea, en secreto, que al gobierno le vaya mal en esta tarea. El triunfalismo anticipado fue sin duda un mal camino. Mejor era reconocer que hay un margen importante de incertidumbre, de desconocimiento y de apuesta arriesgada en todo lo que se está llevando adelante.

No es el gobierno de Sebastián Piñera, es el mundo el que en cuestiones vitales hoy está manejando a ciegas.

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