Elbridge Colby sobre las oportunidades de la “Doctrina Donroe”
El mayor enfoque de Estados Unidos en el hemisferio occidental indica un "cambio fundamental" en la región, escribe el subsecretario de Guerra para Asuntos de Política en un artículo de opinión.

Por Elbridge Colby, subsecretario de Guerra de Estados Unidos para Asuntos de Política. En este cargo, es el principal asesor del secretario de Guerra en materia de defensa y política exterior. Artículo originalmente publicado en Americas Quarterly.
A principios de este mes, representé al Departamento de Guerra y al Secretario de Guerra, Pete Hegseth, en la 17ª Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas (CMDA), celebrada en Cusco, Perú. Allí, en nombre del Departamento, intenté exponer al hemisferio occidental lo que consideramos una oportunidad histórica para que Estados Unidos y sus vecinos regionales trabajen juntos, basándose en un enfoque realista y pragmático fundamentado en nuestro interés común.
Mucho ha cambiado en el hemisferio occidental desde la primera reunión de la CMDA en 1995, en pleno apogeo del llamado “momento unipolar”. En aquel entonces, la estrategia estadounidense y occidental se regía por abstracciones altamente ambiciosas. Una perspectiva realista, basada en la geografía y los intereses nacionales, quedó relegada a un segundo plano frente al internacionalismo liberal y el “orden internacional basado en normas”.
Tres décadas después, nos guste o no, esa época ya pasó.
El presidente Donald Trump y el Departamento de Guerra no solo reconocen estas realidades, sino que están reformulando activamente la estrategia estadounidense y la de sus aliados para afrontarlas, guiados por un realismo flexible plasmado en la Estrategia de Seguridad Nacional 2025 y la Estrategia de Defensa Nacional 2026.
Esto implica un cambio fundamental en nuestro enfoque hacia el hemisferio occidental.
Y esto es necesario. Para la generación anterior, el hemisferio donde se ubica nuestro país era, francamente, un lugar secundario en la visión estratégica de Estados Unidos. Centrar nuestra estrategia y nuestras Fuerzas Armadas en el hemisferio occidental y en los problemas que enfrentamos allí parecía, para muchos bienpensantes, algo sórdido, indigno de nuestras Fuerzas Armadas.
Sin embargo, esa supuesta negligencia benigna, en la práctica, se tornó perniciosa.
En las últimas décadas, el flagelo del narcoterrorismo en América Latina se agravó considerablemente. Un número récord de estadounidenses y sus vecinos -cientos de miles en los últimos años- murieron a causa de las drogas letales y la violencia del narcoterrorismo. Los regímenes de extrema izquierda que permitieron la actividad de los narcoterroristas se multiplicaron en todo el hemisferio, desde la Venezuela de Nicolás Maduro hasta la Nicaragua de Daniel Ortega y la Bolivia de Evo Morales. Estos gobiernos y sus aliados fracasaron en sus propios países y exportaron ese fracaso al nuestro al propiciar la migración masiva. Esto contribuyó a la peor crisis fronteriza en la historia de Estados Unidos, a la vez que desestabilizó a muchas de nuestras sociedades.
Bajo el liderazgo del presidente Trump, vemos el hemisferio occidental de manera diferente. Lo analizamos desde la perspectiva del realismo flexible, el lema “Estados Unidos Primero” y el sentido común. Desde esta perspectiva, nuestro hemisferio, especialmente Centroamérica, el Caribe y el norte de Sudamérica, es fundamental para la seguridad y la prosperidad del territorio estadounidense y de los estadounidenses comunes.
El Corolario Trump
El papel del Departamento de Guerra en este nuevo enfoque es crucial. Pero, para que quede claro, no se trata de un enfoque en el que para un martillo todo es un clavo. El papel del Departamento forma parte de un esfuerzo integral del gobierno, que trabaja activamente con socios regionales.
Al mismo tiempo, esto indica que los recursos de defensa nacional de Estados Unidos serán fundamentales para hacer frente a estas amenazas letales. No trataremos al ISIS, ni a Al Qaeda en este hemisferio, con guante blanco.
En cambio, movilizaremos todos los recursos de Estados Unidos para hacer frente a estas amenazas, incluidas nuestras Fuerzas Armadas. Esto ha quedado ampliamente demostrado en la Operación Lanza del Sur, en la que el Departamento de Estado pasó a la ofensiva contra las redes narcoterroristas, no para sustituir otros esfuerzos, sino precisamente para reforzarlos. Consideramos que las operaciones cinéticas conjuntas, lideradas por nuestros socios, actúan como multiplicadores de fuerza y como el camino hacia un progreso duradero y sostenible contra estos peligros.
De manera más fundamental, en Cusco expliqué cómo nuestras actividades intensificadas y sostenidas en este hemisferio forman parte de una estrategia geopolítica y de defensa más amplia. Y, lo que es crucial, les hice saber a nuestros vecinos que el éxito de la nueva estrategia estadounidense y sus componentes de defensa también redundan en su interés.
A esta estrategia la llamamos el Corolario Trump a la Doctrina Monroe, o, quizás de forma más memorable, la Doctrina Donroe. Este Corolario Trump establece que Estados Unidos “protegerá nuestro territorio y nuestro acceso a zonas estratégicas en toda la región. Impediremos que los adversarios desplieguen fuerzas u otras capacidades amenazantes en nuestro hemisferio”.
Por supuesto, reconocemos que la Doctrina Monroe es controvertida en muchos ámbitos. Pero también es frecuente que se malinterprete. Alineamos nuestros esfuerzos con lo que consideramos una interpretación correcta de la Doctrina Monroe. Esta interpretación correcta no es la versión distorsionada; más bien, se trata precisamente de empoderar, capacitar y apoyar la independencia, la seguridad y la prosperidad de las naciones latinoamericanas y caribeñas.

Esto es fundamental para diferenciar nuestro enfoque.
En este sentido, sostenemos que el interés propio de Estados Unidos en el hemisferio occidental no es la explotación, la subordinación ni la dependencia. Más bien, nuestro interés, expresado en el Corolario Trump, radica en el éxito de nuestros vecinos: su mayor prosperidad, seguridad y estabilidad como sociedades libres.
Cambio de objetivos militares
¿Por qué ocurre esto?
Lo cierto es que Estados Unidos no necesita los recursos ni la dependencia de sus vecinos. Estados Unidos es un país enorme, con diferencia el Estado más poderoso del mundo, con el mercado más grande y dinámico, la economía más productiva, la moneda dominante, abundantes reservas de materias primas y estrechas relaciones económicas y de seguridad en todo el mundo. En consecuencia, no necesitamos posesiones imperiales ni dependencias, ni siquiera desde una perspectiva estrictamente de realpolitik. Esto diferencia a Estados Unidos de la mayoría de los imperios históricos.
Además, el hemisferio occidental es nuestra vecindad. Por lo tanto, nos vemos directamente afectados por las externalidades negativas que se extienden desde la región hacia nuestro país. Muchos de nuestros ciudadanos mueren a causa de las drogas que ingresan a nuestro país y la delincuencia asociada. Nuestra sociedad se ha visto perjudicada por la migración masiva. Nuestros vecinos también se han visto perjudicados por esto.
Esto deja claro que los problemas de nuestra vecindad afectan directamente a los estadounidenses de a pie. Pero también que no necesitamos ni buscamos la explotación de nuestros vecinos. Al contrario, nuestro interés radica en el éxito de nuestros vecinos: en su estabilidad, prosperidad y seguridad. Es decir, los estadounidenses de a pie se beneficiarán enormemente cuando sus vecinos del hemisferio prosperen y gocen de seguridad, complementando así nuestra propia prosperidad y seguridad, porque esos países dejarían de exportar los males que nos han afligido a todos en las últimas décadas.
Esto ya se ha dicho antes, pero generalmente por quienes prometían una visión tipo “Cuerpo de Paz” de la política estadounidense hacia América Latina o una visión de “causas profundas” para solucionar políticas ineficaces mediante el gasto público. Dichas políticas fracasaron en gran medida porque presentaban a nuestros vecinos como dependientes. Nosotros ofrecemos una opción más realista y empoderadora.
Nuestro enfoque no contrapone la defensa al desarrollo, como las visiones del pasado; más bien, reconoce que la seguridad es un requisito fundamental para el desarrollo nacional.
Con este fin, nuestro gobierno no solo ofrece oportunidades de colaboración comercial y compromisos diplomáticos. También estamos reorientando nuestras Fuerzas Armadas y nuestro aparato de seguridad en la región para ayudar a nuestros socios a brindar mayor seguridad y estabilidad a sus países y, en última instancia, desarrollo a nuestra vecindad a través de un enfoque basado en los intereses comunes.
Sin embargo, como hemos aprendido a través de la dura experiencia en todo el mundo: esto solo funcionará si nuestros vecinos demuestran la voluntad política, la claridad y la seriedad necesarias para el éxito.
Se trata de un enfoque que insta a los socios regionales a emplear la fuerza y la acción gubernamental efectivas para desmantelar las redes narcoterroristas y asegurar sus fronteras nacionales. No solo porque esto beneficia la seguridad pública, sino porque permite a los socios optimizar sus recursos limitados para crear las condiciones necesarias para la seguridad y la prosperidad. Esto debe incluir una mayor cooperación con las Fuerzas Armadas de Estados Unidos cuando sea necesario, pero también es nuestro objetivo que estas operaciones sean lideradas por los socios, con capacidades mejoradas que podemos ayudarlos a obtener y dominar.
Asimismo, hacemos un llamado a los socios regionales para que protejan sus activos críticos. Esto no solo es una condición previa para la inversión y el desarrollo, sino que también es su responsabilidad para garantizar una paz duradera.
Mientras Estados Unidos trabaja con aliados y socios en todo el mundo para asegurar un equilibrio de poder favorable en otras regiones, no pediremos a nuestros vecinos que proyecten su poder fuera de esta región. Lo único que les pedimos es que colaboren con nosotros para impedir que cualquier actor pueda reclamar y explotar activos clave en este hemisferio.
Invertir más en seguridad
En tercer lugar, es fundamental que nuestros vecinos del hemisferio inviertan más en su propia defensa y seguridad. No hay razón para que ningún país, especialmente aquellos que enfrentan importantes amenazas narcoterroristas, gaste tan poco en defensa. De hecho, algunos destinan menos del 1% de su PIB a la defensa nacional. Esto es absurdo. Mientras tanto, nuestros aliados en todo el mundo, incluyendo Europa, están aumentando significativamente su gasto: un 3,5% en gastos militares básicos y un 1,5% adicional en gastos relacionados con la seguridad.
Este es el Corolario Trump a la Doctrina Monroe en el ámbito de la defensa, y sostenemos que ofrece un modelo sólido para la defensa y la prosperidad hemisféricas. Se trata de un enfoque realista basado en la alineación de nuestros intereses razonablemente concebidos con los de nuestros vecinos, y en la firme determinación de defenderlos.
Hace poco más de una década, un secretario de Estado norteamericano declaró con orgullo que la Doctrina Monroe había quedado “obsoleta”. En la práctica, esto significó el descuido estadounidense de los verdaderos desafíos de nuestra región y de nuestra propia defensa nacional. El resultado no fue un hemisferio fuerte con naciones más fuertes, sino todo lo contrario.
Bajo el liderazgo del presidente Trump y con el Corolario Trump a la Doctrina Monroe, estamos adoptando un enfoque diferente y mejor, no solo para los estadounidenses, sino también para nuestros vecinos. Queremos socios fuertes, fiables y eficaces, no débiles y dependientes. Juntos, tenemos el camino para lograrlo. Recorrámoslo juntos.
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