Energía para el desarrollo y desafíos del futuro Gobierno

El nuevo gobierno deberá enfrentar desafíos relevantes en el sector energético. Varios analistas han destacado algunos como prioritarios. Entre ellos, se repiten la reforma a la distribución eléctrica, mejorar la calidad de servicio, ajustes institucionales, más seguridad del sistema eléctrico y la revisión de las tarifas eléctricas. Grupos de expertos han preparado propuestas para abordar algunos de estos temas.
Aunque estos análisis y propuestas son valiosos, adolecen de cierto ensimismamiento que tiende a centrarse en el sector energético mismo y en “la técnica” de los problemas, sin atender al gran espacio que la energía ocupa en las actividades económicas y sociales del país y, sobre todo, en la vida diaria de sus ciudadanos.
Casi todos los temas que se relevan son “eléctricos”, pero la electricidad representa apenas un cuarto del consumo total de energía del país, mientras los combustibles fósiles y la leña siguen siendo fundamentales en la vida cotidiana. Por sobre todo, no se puede dejar de lado que lo relevante es el impacto global de la energía: costos, empleos, calidad de vida y impacto ambiental, ente otros, son los temas de fondo. El sector energético no es un mero tema técnico sectorial, sino una plataforma para el desarrollo.
En una encuesta del Observatorio de la Transición Energética, que dirijo, ante la consulta sobre los temas más importantes para el desarrollo energético del país, la gran mayoría (76%) mencionó la disminución de los costos de energía como el factor más relevante, seguido por el impacto ambiental (46%) y la creación de empleo (33%). Algo más atrás se ubicó la equidad, por encima de la seguridad.
Para que el sector energético contribuya de manera más profunda al desarrollo, se requiere una mirada integral que incluya tanto la diversidad de temas (combustibles fósiles, biomasa, electricidad, digitalización, nuevos vectores, etc.) como de actores (empresas, hogares, sociedad civil).
Un punto de partida sería avanzar en acuerdos entre todos los actores en torno a algunos mínimos comunes de una hoja de ruta sistémica (considerando todos los elementos de oferta y demanda de energía - no sólo electricidad) para los próximos años, que entregue señales claras y coherentes y permita anticipar desafíos y ordenar esfuerzos.
Esto no será posible si persiste la desconfianza en las instituciones, tanto públicas como privadas, que estarán en el centro del proceso. Es necesario recuperar la confianza mediante una combinación de más información, transparencia y accountability, relevando cómo las políticas y regulaciones reflejan efectivamente las preocupaciones de la ciudadanía.
Así, por ejemplo, la largamente postergada reforma a la distribución eléctrica debería considerar mejorar la calidad del servicio y hacerlo más equitativo, pero también atender a los costos, favorecer la electrificación de consumos y aumentar la seguridad. Sin esa mirada integral y orientada al beneficio del país, difícilmente se podrá lograr.
Independiente de las posiciones de cada uno, es necesario hacer un esfuerzo por articular los diversos intereses y avanzar con pragmatismo hacia soluciones que mejoren la vida de las personas. Finalmente, el inmovilismo como el observado en el último tiempo, se traduce en un retroceso.
Por Claudio Huepe Minoletti, Consultor, Director del Observatorio de Transición Energética, Ex ministro de Energía
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