El engranaje o la máquina

bicicletas



La semana estuvo marcada por dos polémicas que dividen a expertos en urbanismo y transportes, académicos y organizaciones ciudadanas. Por un lado, las reacciones a la provocadora columna de Iván Poduje, que en estas páginas cuestionó a quienes abogan por priorizar la inversión en infraestructura para ciclistas respecto a otros modos de transporte; y por otro, la iniciativa del alcalde Lavín de plebiscitar la construcción de una laguna privada de acceso público para activar y mejorar un sector del Parque Intercomunal Padre Hurtado.

Las pasiones y reacciones que desataron en redes sociales podrían llevar a pensar que el debate urbano está radicalizado, pero son más los consensos que las diferencias de fondo. Basta revisar la actual Política Nacional de Desarrollo Urbano para encontrar un diagnóstico claro y consensuado de los principales desafíos urbanos del país. Lo que nos divide son más bien posiciones personales, ya que los intereses son comunes: la búsqueda de una ciudad más justa y mejor para todos.

En cuanto a priorizar las bicicletas, nadie duda que debemos promover con fuerza ciudades más compactas, donde las oportunidades de vivienda, trabajo y educación se encuentren a distancias caminables, o menores a cinco kilómetros, promoviendo el buen transporte colectivo y desincentivando el uso del automóvil. Pero en una ciudad ya extensa y segregada como Santiago, la inversión pública en infraestructura de movilidad debe priorizar aquellos modos que cubran la mayor distancia en el menor tiempo posible como Metro, trenes de cercanía, e incluso autopistas urbanas. Las familias y empresas beneficiadas por este tipo de infraestructuras verán aumentada su movilidad, y en tanto ello permita que a su vez aumenten sus ingresos, redundará en mayor recaudación tributaria y beneficios que superan ampliamente sus costos.

En cuanto a la laguna, el dilema de fondo es la desconfianza que se ha instalado en la colaboración público-privada para la provisión de bienes y servicios. Ambos casos muestran que la ciudad es un complejo mecanismo, que requiere articularse como sistema, lo que no estará libre de fricciones. Pese a lo anterior, hay que celebrar el debate. Como dijo el gran urbanista catalán Oriol Bohigas, la ciudad es un centro enriquecedor de conflictos que solo se resuelven en su propia afirmación o en la convivencia de otros conflictos que tienen orígenes distintos. Solo con la superposición conflictiva de las singularidades y las diferencias se avanza en el proceso de civilización.

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