Financiamiento de la Salud: el talón de Aquiles de la atención primaria

El 11 de marzo comienza un nuevo ciclo de gobierno y, si hay un consenso transversal, es que la Atención Primaria de Salud (APS) debe fortalecerse. No por una consigna, sino porque la APS debería ser el primer “seguro” de las familias: cuando previene y resuelve a tiempo, evita urgencias, hospitalizaciones y gasto de bolsillo. Cuando no tiene capacidades, la inequidad se territorializa: cambia la protección financiera según la comuna donde se vive.
Desde nuestro punto de vista, el nudo estructural en APS es financiero: Chile necesita incentivos para prevenir. Este debate no parte de cero: la Comisión Nacional de Evaluación y Productividad, universidades y centros de estudio llevan años describiendo brechas del modelo actual y sus efectos en eficiencia y equidad. Lo pendiente es pasar del diagnóstico a reglas nuevas: financiar prevención, asegurar continuidad de equipos y entregan certeza presupuestaria para planificar.
El sistema per cápita que rige la APS municipal debe modernizarse. Primero, trata realidades muy distintas como si fueran equivalentes: complejidad urbana, carga de crónicos, salud mental, dependencia, migración, población flotante y brechas intraurbanas no se reflejan bien en la fórmula. Segundo, los indexadores requieren actualización: hoy decenas de comunas —se ha reportado que cerca de 39— no reciben indexadores (comunas muy diversas entre ellas). Tercero, el financiamiento no reconoce adecuadamente la composición social y sanitaria de la población: territorios con mayor proporción de FONASA A enfrentan más vulnerabilidad y demanda clínica sostenida. Cuarto, la oportunidad de las transferencias de convenios desde los Servicios de Salud es incompatible con una buena gestión del APS Municipal: el año pasado hubo Servicios de Salud transfiriendo recursos a municipios al final de diciembre para rendir el 31 del mismo mes, volviendo imposible ejecutar.
¿Qué hacer? Tres cambios concretos que proponemos: (1) Avanzar hacia una capitación ajustada por riesgo y complejidad territorial, incorporando carga de enfermedad y vulnerabilidad, y sumando un componente preventivo por resultados verificables (tamizajes, control de crónicos, continuidad, detección precoz). (2) Actualizar indexadores con datos actuales, metodología transparente y revisión periódica, incorporando complejidad urbana, seguridad de nuestros funcionarios y vulnerabilidad intraurbana, para que el financiamiento siga la necesidad y no el promedio. (3) Establecer reglas exigibles de oportunidad: calendario de transferencias, anticipos durante el año y, si la transferencia se retrasa, permitir arrastre al año siguiente sin castigo.
Desde Huechuraba hemos empujado innovación porque creemos que la prevención requiere gestión, datos y experiencia usuaria: propusimos el primer “CESFAM Digital” para Chile y lo compartimos recientemente en un foro internacional de CAF, sumando interés internacional, de academia y de aliados privados. Pero la innovación no escala solo con voluntad municipal: escala cuando el financiamiento deja de castigar al que previene y empieza a premiar al que resuelve.
Por Maximiliano Luksic Lederer, alcalde de Huechuraba y presidente de la Comisión de Salud de la Asociación Chilena de Municipalidades (AChM) y Nicolás Duhalde Correa, director de Salud Comunal de Huechuraba.
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