Frenesí de reformas

La frase de esta columna tiene su origen en las críticas que recibía el gobierno de Bachelet en el 2014, por la serie de cambios que proponía entonces a los sistemas educacionales, tributarios y electoral. Pero bien podría aplicarse a esta administración que ha presentado ya en el Congreso una serie de reformas para volver a cambiar el sistema tributario, entrarle al difícil tema de las pensiones, cambiar el sistema de financiamiento estudiantil, entre otros cambios profundos que ha propuesto el Ejecutivo.
Nuevamente aparece otro punto en común entre los presidentes Piñera y Bachelet. Se esfuerzan en sus segundos gobiernos por hacer aquello que por razones de las circunstancias no realizaron en sus primeras estadías en la Moneda. Pero este voluntarismo propio de las administraciones del ciclo de Caburgua (ambos presidentes suelen veranear en orillas del mismo lago), tiene también sus diferencias o matices. En el caso de Bachelet II, esta contaba con mayoría en ambas cámaras que fue decisivo para que su primer año de reformas, pese a tropezones varios, terminara con éxito. Prueba de ello es el alza de la encuesta de Adimark, publicada pocos días antes del estallido del caso Caval. El escándalo provocado por la revelación de negocios de especulación inmobiliaria haciendo uso de privilegios de poder por parte de su familia, trastocó todo y fue un golpe del cual nunca más se recuperó el gobierno. Los intentos finales de algunas reformas como el envío de una nueva Constitución parecen más una humorada dado los contenidos que el deseo de recobrar el impulso de los primeros días.
En el caso de Piñera, su gobierno no tiene mayoría en ninguna de las dos cámaras del Congreso. Por tanto, la estrategia que ha decidido no es sentarse en la mesa de los acuerdos, sino previo a cualquier negociación machacar con artillería comunicacional a sus adversarios políticos, para así sentarlos debilitados. Prueba de ello fueron la serie de bravatas ofensivas para el proyecto Aula Segura, y la filtración de minutas acusando al gobierno de Bachelet de parecerse al movimiento No + AFP. La lógica detrás de esta estrategia de bombardeo es aumentar el costo político para la oposición de rechazar el plan de reformas que tiene el gobierno. El propio Presidente en una entrevista a este medio el fin de semana, contribuye a ello al intentar dividir la oposición y volver a colocar a los duros en el lado contrario al bien común.
Tanto frenesí de reformas de La Moneda se basa en un cálculo de tiempo. Para el ciclo de Caburgua, el primer año de gobierno es un momento de éxitos, y el segundo, de desgracias políticas. En el primer gobierno de Bachelet, su segundo año fue el del Transantiago, que le produjo un daño en las confianzas, del que logró recuperarse, después de sacar varios gabinetes e instalar en la opinión pública que su instinto fue siempre correcto. En el primer gobierno de Piñera, el movimiento estudiantil de 2011 dejó al gobierno en los más bajos niveles de popularidad que se registraban hasta entonces, incluyendo al propio presidente haciendo el ridículo con el olvidado plan GANE que buscaba desactivar las protestas en la calle. En el segundo turno de Bachelet, el año 2015 será siempre el año de Caval, donde, a diferencia del Transantiago, no funcionó la estrategia de culpar a sus cercanos. Ese temor al año 2019 puede explicar, entonces, la ansiedad de los inquilinos actuales de Palacio que los lleva a evitar la pausa de la mesa de negociaciones.
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