Por Paula WalkerGracias por tanto y perdón por lo poco

Los últimos días del Presidente Gabriel Boric deben haber sido emocionantes para él. Un hombre joven que a los 36 años llegó a ser Presidente, con 40 años se quitó la banda presidencial y se retiró con familia, dos hijos y una gran experiencia para el crecimiento de su liderazgo político. Él mismo fue explícito sobre lo que ha sentido, a tal punto que su evaluación desde La Moneda fue categórica: “gracias por tanto y perdón por lo poco”.
No es la frase más correcta -pero seguro que es la más honesta que pasó por su cabeza- para terminar un gobierno que estuvo bajo fuego cruzado casi desde el comienzo. Editoriales de diarios, analistas, oposición, encuestas e incluso algunos miembros de la coalición fueron duros en la evaluación final de su gobierno. El relato pactado para el cierre, en torno a la normalización del país que recibieron y cómo lo habían mejorado, fue repetido por algunos ministros hasta el final. Los mil logros seleccionados por su equipo se publicaron en páginas web y en piezas audiovisuales para fijar el legado. El expresidente -en sus entrevistas finales- privilegió su honestidad y enumeró logros y objetivos alcanzados, pero ya no repitió eso de que normalizaron el país. Puesto en su momento de mayor emoción, fiel representante de una generación que se emociona y lo expresa en cualquier circunstancia, el expresidente pidió disculpas por lo poco.
La opinión pública se mueve con fuerza frente a los mensajes que entiende, y se mantiene distante cuando no logra comprender. La irrupción de una nueva generación en la política chilena encabezada por Boric eclipsó el escenario y ese ánimo duró hasta septiembre de 2022. Desde entonces el diseño comunicacional de La Moneda no fue suficiente para ordenar la casa, sus fuerzas políticas e incluso sus autoridades. El contexto crispado, dos procesos constituyentes fracasados y las dos almas de la coalición acusándose mutuamente, hicieron muy difícil avanzar.
La nueva generación política de centroizquierda hizo un postdoctorado durante este tiempo. En un período de agitación social y cultural, de elecciones anuales, de desinformación, deepfake, IA generativa y crimen organizado, el mundo gira demasiado rápido para esperar mejoras o aprendizajes de sus principales protagonistas. Mientras el expresidente Boric puso a prueba su liderazgo la noche del plebiscito de septiembre, otras autoridades tardaron demasiado en comprender que el clima de opinión había cambiado radicalmente. Una generación joven, inexperta y precedida de declaraciones que envejecieron mal, no podría por sí misma sacar adelante el programa.
Ser un expresidente con 40 años tiene ventajas y desventajas. Para algunos será un adversario al que se deberá doblegar por constituir una amenaza permanente. En su mejor hora, el expresidente tendrá tiempo y calma para analizar las luces y sombras de su periodo, mientras su legado termina de cuajar entre las personas, lo que siempre toma tiempo.
Por Paula Walker, profesora Magíster en Políticas Públicas Universidad de Chile
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