Opinión

La agenda bajo el mantel

Presidente José Antonio Kast.

Al clarificar que en materia de seguridad el gobierno no tiene contemplado reinventar la rueda sino aplicar su agenda y énfasis en el marco de una política nacional diseñada por sus predecesores, el flamante ministro de la cartera, Martín Arrau, mandó dos señales contradictorias.

Por un lado, ratificó la condición de “política de Estado” de la nueva institucionalidad de seguridad, con lo que agregó sostenibilidad y robustez a las herramientas con las que se pretende enfrentar una de las principales preocupaciones ciudadanas y sacó, al menos momentáneamente, al nuevo ministerio de la arena beligerante de la política cotidiana.

Pero junto con empoderar la institución que llegó a dirigir, el nuevo titular de Seguridad terminó de quitar un velo que se venía corriendo, por la fuerza de los hechos, desde que asumió el nuevo gobierno: que aquello que se dio en llamar “gobierno de emergencia” no era más que un ingenioso fraseo de campaña diseñado para poner foco en aquello que se quería alumbrar y ensombrecer todo aquello de lo que se prefirió no hablar.

Y es que el candidato Kast acotó su propuesta programática a ofrecer una pequeña revolución en las tres áreas de mayor preocupación ciudadana según las encuestas: economía, migración y delincuencia. Corrido el velo, sin embargo, ya podemos darnos por enterados de que ni en migración ni en delincuencia habrá tal revolución, sino una aburrida y republicana mezcla de gestión, comunicación y reformas. Amén.

Dónde sí parece estar concentrado el celo persecutor del nuevo gobierno no es en las calles ni en las fronteras, sino al interior del aparato del Estado. Todo apunta a que acá es donde se está escenificando la nueva emergencia.

Para esta agenda reductora -que en campaña solo existía como tercero excluido- sí parecen haber estado escritos los decretos desde antes de asumir y su impulso se acelera día a día con el discurso de la estrechez fiscal; los cálculos de deuda mal proyectados y los resultados emergentes de auditorías a planes y programas del Estado. Acá sí sobrevive el lenguaje de la emergencia, la catástrofe y el escándalo.

Así las cosas, y aunque se prometió lo contrario, la reducción del Estado sí se está produciendo. En algunos casos al contado, otros en cuotas y otro tanto como fatalidad una vez que ciertas apuestas normativas -legislativas y ejecutivas- rindan sus frutos. Ahí donde el ajuste del presupuesto ministerial “sugerido” por Hacienda no llega hoy, las apreturas fiscales derivadas de un paquete económico fiscalmente deficitario llegarán mañana.

Y aunque es a todas luces evidente que en la ideología del actual gobierno está inscrito a fuego que cada peso que se saca del Estado es un peso rescatado, por alguna razón se resiste a ponerlo de manera explícita en su narrativa y opta por aferrarse al velo tejido en campaña para eludir lo ineludible.

La primera cuenta pública le ofrece al Presidente una nueva oportunidad para ajustar sus promesas a la realidad, ¿será esa la hora en la que la reducción del Estado pase a estar arriba de la mesa y no bajo el mantel? Ya lo veremos.

Por Camilo Feres, director de Asuntos Políticos y Sociales de Azerta

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