Por Paula Escobar ChavarríaLa debacle

Dos bombas demográficas cayeron en Chile esta semana. Dos bombas con consecuencias políticas, económicas, sociales, que parece que algunos políticos no logran entender ni aquilatar, y se comportan de un modo irresponsable, por decir lo menos.
Esta semana se corroboró que Chile no solo se encamina, sino que está en medio de una debacle demográfica. Los nacimientos registran la cifra más baja en la historia del país, con 0,97 hijos por mujer, lo que lo ubica entre los países en el mundo con el menor número de nacimientos (INE). En solo dos años más, las defunciones superarán a los nacimientos y la tasa global de fecundidad se ubicará en 0,89.
Estamos peor que los campeones mundiales de baja natalidad, como Japón.
Chile envejece y se queda sin niños y niñas, es decir, sin futuro. ¿Qué podría ser de mayor gravedad que eso?
Hay múltiples causas para este fenómeno, pero una fundamental -y que está documentada, estudiada y que es vivida por millones de mujeres- es que hay una penalización a las que deciden ser madres. Es la multa por hijo, y una que no es solo económica. No las contratan porque pueden ser o son madres, les pagan y las ascienden menos. Las “culpan”. Y, además, no hay corresponsabilidad parental y social. Las mujeres -esta es la realidad-, si desean ser madres, en Chile deben “apechugar” bastante solas: hacerse cargo de la dificultad económica a la que aludí, pero también del desgarro de los múltiples roles, de la falta de tiempo y energía, la sobrecarga física y mental. Como dice Martina Yopo, socióloga de la UC que es de quienes más han estudiado el tema, hay una infertilidad estructural en Chile. Es un país más “pet friendly” que “kids friendly”.
El proyecto más relevante que se está discutiendo en Chile para abordar la penalización económica por la maternidad -y que lleva 27 años de debate- es la sala cuna universal. Esto permitiría a miles de mujeres poder trabajar, salir de la pobreza, sabiendo que sus hijos están cuidados, al proveer del derecho a todos los niños y niñas, y al dejar de cargar la sala cuna como “costo” por contratar mujeres. Hoy solo las que trabajan en empresas con más de 20 mujeres tienen acceso para sus hijos e hijas a sala cuna. Es una aberración que ha subsistido desde !1931!, no se ha logrado revertir, y que daña enormemente el empleo femenino y el bienestar de los más pequeños en sus primeros años de vida, además, esenciales para su desarrollo.
Después de mucha negociación, mucho pulir diferencias, mucha voluntad de muchos y muchas, esta semana estuvo a punto de lograrse. Todo indicaba que iba a pasar: se logró consenso técnico entre think tanks y técnicos de sensibilidad de izquierda y de derecha. El mismo Presidente Boric le pidió al presidente electo Kast que sacaran esto adelante, en una reunión hace pocos días que -se pensó- había sido prometedora en tal sentido.
Pero no hubo caso: el senador Gustavo Sanhueza (UDI), presidente de la Comisión de Educación del Senado, decidió postergar la votación. Por un viaje, dijo. Aplastó la sala cuna por walkover. Simplemente insólito. Chocante.
Con 0,97 hijos por mujer, Chile se queda sin niños, y la UDI se da el lujo de casi tirar por la basura un esfuerzo de tres décadas por un proyecto que es de justicia social básica, de desarrollo del país (el aumento del PIB sobrepasa por mucho el costo), y que es un modo de proteger a la familia, a las mujeres que quieren ser madres y a esos niños. ¿Dónde está el compromiso de la derecha con la familia y la maternidad?
Desde la UDI dicen que es culpa del gobierno y que el proyecto tiene problemas. Pero Karen Thal -a quien la UDI no tildará de oficialista- past president de Icare, sostiene que “la iniciativa era técnicamente sólida y no solo apuntaba a cerrar brechas en el mercado laboral, sino también a fortalecer la economía nacional”. Más aún, Thal afirmó en La Tercera que las razones para no continuar con la discusión serían “no darle un legado al gobierno de Gabriel Boric”. Y una dimensión valórica. “Algunos creen que no es bueno seguir expandiendo las oportunidades laborales de las mujeres, porque eso atentaría contra la familia, algo que por supuesto no comparto”, dijo Thal.
Esto querría decir que la sala cuna cayó en el barro de la mezquindad política e incluso de la “batalla cultural”, y que no fueron los republicanos, sino la UDI (¿de la derecha “dialogante”?) quienes la estarían liderando.
Miles de mujeres pobres llevan a sus hijos a salas cuna clandestinas o siguen en pobreza, sin empleo, a causa de este tipo de refriegas y gustitos ideológicos.
Solo queda que recapaciten, para que la sala cuna universal vea la luz en marzo, lo antes posible.
Porque lo que pasó esta semana, las dos bombas -la demográfica y la política- son simplemente desoladoras, como dijo Francisca Junneman, una de las mayores impulsora de la sala cuna universal, en estas mismas páginas.
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