Opinión

La otra generación pingüina

En la llegada de José Antonio Kast a La Moneda confluyen diversos factores, desde la caída de Evelyn Matthei (quien lideraba las encuestas un año atrás) hasta el derrumbe del proyecto frenteamplista (cuyo gobierno no encarnó precisamente una “escala de valores superior”). Pero tras el paisaje político actual subyacen, además, otros procesos menos visibles. Uno de ellos es la tensión virtuosa que late hace casi dos décadas en las nuevas generaciones del oficialismo entrante.

Dicha tensión se remonta al menos a 2006. Es el año de la “revolución pingüina”, germen de la nueva izquierda, pero que impulsará también la renovación de cuadros del otro polo. En los patios de Derecho UC, cuna de la Falange y el gremialismo, dos listas de derecha compitieron voto a voto por el centro de alumnos. ¿Quiénes eran los candidatos en pugna? Dos autoridades del nuevo gobierno: Máximo Pavez (subsecretario del Interior) y Alejandro Fernández (subsecretario de servicios sociales). Cabe agregar que la incipiente división inquietó al actual diputado y presidente de la UDI, Guillermo Ramírez, quien entonces dirigía el Movimiento Gremial UC.

El episodio tiene mucho de anecdótico, pero visto en retrospectiva, de algún modo prefiguró las controversias políticas e intelectuales de las nuevas generaciones de derecha, dentro y fuera de las aulas universitarias. Si en 2010 —año de la llegada del expresidente Piñera al poder— nace en la UC el movimiento Solidaridad, que disputará la hegemonía del gremialismo estudiantil inspirado en una renovada lectura de la doctrina social de la Iglesia, en 2016 un grupo de militantes de la UDI, liderados por José Antonio Kast, renunciará a la tienda de Jaime Guzmán y a la postre dará vida al Partido Republicano.

Estos hechos, aunque inconexos entre sí, revelan que bajo la superficie crecía la incomodidad con el pretendido destino inexorable de las derechas: un liberalismo más progresista que conservador, ajeno a los “extremos”. Las cosas, como sabemos, fueron diferentes. En parte por factores globales —el “fin de la historia” era una quimera—, pero también por una paulatina renovación política y generacional de este sector. Su énfasis no residía tanto en “la calle”, como el FA, sino que en un trabajo sostenido en diversos frentes y, sobre todo, en la búsqueda de caminos alternativos al que auguraba el mainstream.

Desde luego, los integrantes del gobierno entrante no vienen sólo de la UC (afortunadamente), y es indudable que entre sus antecedentes destaca el cúmulo de experiencias y aprendizajes de los dos mandatos piñeristas. Pero eso no impide advertir que en la nueva administración—incluyendo asesores, ministros, ministras y subsecretarios— emergen liderazgos sub-45 marcados por 20 años de tensión vital al interior del propio sector.

Nada de esto es trivial. Si el gobierno de JAK aglutina varios mundos, es también gracias al aporte de las nuevas generaciones. Y si el riesgo de esa diversidad era la dispersión, la gesta contra el octubrismo y la fallida Convención —el eje Apruebo/Rechazo de 2022— puso de manifiesto quiénes son los aliados y quiénes los adversarios en el Chile actual. No sabemos cuál será su desempeño ni cómo convivirán estas distintas sensibilidades, pero es un hecho que hoy, junto con el presidente Kast, la otra generación pingüina —la generación del Rechazo— irrumpe en La Moneda.

Por Claudio Alvarado R., director ejecutivo del IES.

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Casi nadie tiene claro qué es un modelo generativo. El resto lo leyó en La Tercera

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