Opinión

Los cuidados del diputado...

El desempleo alcanzó el 9,1% en el trimestre móvil terminado en abril; en el caso de las mujeres de 24 años o menos la cifra llega al 28% y acabamos de completar cuarenta meses consecutivos en que el número general está sobre el 8%. Para tener una visión de contexto, nunca la regulación que “protege” a los trabajadores ha sido más intensa, mientras el estancamiento de la economía, con un crecimiento promedio que bordea el 2% del PIB en la última década, se percibe tan estructural como la caída de oportunidades laborales.

Hasta Humbertito, ese personaje cómico que se caracterizaba por su falta de agudeza, se daría cuenta que alguna relación hay entre el exceso de regulación, la falta de crecimiento de la economía y el desempleo. Tampoco hay que ser demasiado rápido de razonamiento para percatarse que algo pasó en Chile hace una década; es decir, que por ahí por el 2015 parece que a nuestra economía le cayó un meteorito del que no hemos podido recuperarnos.

Puestos a buscar encontramos que en septiembre de 2014 la entonces Presidenta Bachelet promulgó su reforma tributaria, esa que iba recaudar 8.300 millones de dólares. En la ceremonia respectiva la gobernante dijo: “Están dadas todas las condiciones para que nos pongamos manos a la obra y juntos retomemos la senda de mayor crecimiento”. La del crecimiento del Estado, la burocracia y el estancamiento la retomamos, sin duda alguna. A partir de ahí, lo único que hemos hecho es sacar las manos de cualquier obra que podría habernos dado oportunidades de crecimiento y progreso.

Cuesta entender que, ahora que se discute una reforma para revertir buena parte de los daños del “meteorito”, los mismos que celebraron esos cambios, que exultantes nos anunciaban la llegada al paraíso de la justicia y la redistribución, no solo sigan sin ver los efectos devastadores que provocaron, sino que apunten con el dedo a quienes intentan hacer algo diferente, que es la única manera de obtener resultados distintos.

Reformas contra las personas, nos dicen que son, incapaces de tener un juicio mínimamente crítico de aquellas que solo ayer celebraban alborozados. Es imposible dejar de preguntarles: ¿Y esas del 2014, las que nos tienen estancados y con un desempleo insoportable, fueron a favor de las personas?

Allí donde la compulsión regulatoria interviene los resultados son bastante semejantes. Se advirtió que “proteger a los deudores” bajando la tasa máxima convencional llevaría a las personas al infierno de los prestamistas. Dicho y hecho. Hoy los jóvenes no tienen prácticamente posibilidades de acceder a una vivienda propia, pues los precios han subido muy por sobre las remuneraciones -con desempleo estructuralmente alto, es obvio- y no es porque haya subido la demanda, sino por efecto de las regulaciones que han encarecido cualquier proyecto.

Imposible no recordar aquel viejo refrán sobre el sacristán y la salud del cura. A juzgar por los resultados, sería bueno que los parlamentarios dejen de tratar de “cuidarnos” tanto.

Por Gonzalo Cordero, abogado

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