Un fantasma recorre La Moneda. No se trata de un guiño a la frase con que inicia ese emblemático "Manifiesto" de mediados del siglo XIX, ni tampoco a los bellos versos que Nicanor consignara en "De Poesía Política". Esta vez es algo más simple y se refiere a Michelle Bachelet.

En efecto, esta semana la expresidenta irrumpió en el debate público con inusitada influencia. Fue así que, después de lanzar su nueva fundación, supimos de su nombramiento en un alto cargo en Naciones Unidas, lo que fue seguido de una entrevista en la que -con su habitual simpleza- resumió en dos palabras la peor pesadilla a la cual podría enfrentarse este gobierno: una economía debilucha. El golpe dolió y mucho, ya que premunido del sacrosanto veredicto de las encuestas, el Presidente hace un cambio de gabinete cuya improvisación y las consecuencias inmediatas que éste trajo, se explican en parte por la obsesión que el empresario tiene para con la doctora, al punto de permitirse contestarle por cadena nacional. Y las polémicas de los días siguientes no fueron más que réplicas del sismo mayor: me refiero tanto a la patética demanda que interpuso Sebastián Dávalos en contra de Canal 13, como también a la muy pequeña trifulca por el destino que Bachelet debe dar a sus ingresos como exmandataria.

¿Qué puede llevar al propio Piñera y sus partidarios a relevar la figura de Bachelet?

Lo más obvio sería suponer que le temen; y no sólo a su legado, sino que también a su posible regreso. De esa manera, y repitiendo un libreto que la derecha ya utilizó con Ricargo Lagos después que dejó su cargo, la estrategia de intentar demoler su figura se inicia de forma temprana. Otra posibilidad es suponer que esta obsesión se explica más por Freud que por Marx, ya que Piñera no resiste que se le compare o equipare con otra figura política vigente, al punto incluso de sabotear cualquier liderazgo de su propio sector, como de hecho ya hizo en su primer mandato. Por último, también podríamos elucubrar -en una tesis que no es mía, sino de un ingenioso contertulio con quien he compartido el espacio radial- de que aquí hay un esfuerzo deliberado del gobierno por ensalzar a Bachelet y así evitar que proliferen nuevos liderazgos en la oposición. Pero, seamos realistas, dicha estrategia política es demasiado elegante y sofisticada como para haber sido pensada y ejecutada por este gobierno.

Con todo, mi mayor temor es que aquella idea no sólo le queda grande a la derecha, sino que también a una parte de la izquierda; pues, aunque parezca increíble y peregrino, cuando no delirante y suicida, no son pocos los "progresistas" que ya fantasean con el posible regreso de Michelle.

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