Opinión

Sin margen para el error

Foto: Mario Téllez MARIO TELLEZ

Fue una semana difícil para el gobierno, y hay que reconocer que no fue solo por sus propios errores. Por más que algunos quieran presentar los anuncios vinculados al aumento del precio de los combustibles como una agenda oculta para achicar el Estado o para crear un panorama ficticio que le permita al Presidente Kast imitar a Milei, Chile enfrenta hoy los embates de un contexto internacional incierto y cambiante. Es probable que el Ejecutivo haya anticipado muchas dificultades (incluida la baja en la aprobación ciudadana), pero no tenía cómo saber que en sus primeros días en La Moneda se vería obligado a incluir en su plan de emergencia un alza de la bencina. Podrá discutirse si las medidas implementadas son correctas o no, pero nadie puede desconocer que son los conflictos en el estrecho de Ormuz y los vaivenes del gobierno de Donald Trump los que pusieron este tema sobre la mesa. De hecho, no sabemos si tal vez sin Mepco, el descenso en la aprobación habría sido menos abrupto, y si muchos seguirían hablando, como la primera semana, de un impecable inicio del gobierno.

Sin embargo, nada de esto puede liberar al Ejecutivo de una revisión crítica, honesta y lúcida de sus últimos días. La política, lo sabemos desde Maquiavelo, no es solo fortuna, sino también virtud. Los actores por tanto no pueden presentarse como meras víctimas de circunstancias ajenas a ellos (sea la guerra o las acciones del gobierno previo), ni tampoco apostar a apretar los dientes hasta que pasen (o se olviden) los días difíciles. En ese sentido, parece evidente que los problemas del gobierno no se circunscriben a las medidas económicas implementadas o a las dudas que puedan haber sobre el estilo del ministro de Hacienda, sino que incluyen también a otras figuras del Ejecutivo y al tipo de dificultades que ellos revelan. Es lo que pudimos ver con el despliegue de la ministra Sedini, fracasando gravemente en la explicación y justificación del alza del combustible, y lo que confirmó después Cristián Valenzuela, al reconocerse como el responsable de la desafortunada idea del “Estado en quiebra” con la cual esperaba desviar la atención y el enojo al gobierno anterior. No es poco el mérito asumido por Valenzuela: la imagen del “Estado en quiebra” logró que hasta Contraloría se sumara a los dardos al Ejecutivo.

Es importante detenerse en esto, porque tanto la inestabilidad del escenario internacional, como sus efectos directos en la vida de las personas, requieren no solo disposición para tomar decisiones difíciles, sino también habilidad para dar razón de ellas ante la ciudadanía. Y, llegados a este punto, ya no basta con la lógica adversarial que ha caracterizado hasta hace poco la identidad del mundo republicano (presente en la Secom), ni tampoco con el copamiento de la agenda que inicialmente sirvió para mostrar eficacia y proactividad. La primera puede ser útil en campaña, pero deja de ser creíble una vez llegados al poder; y lo segundo, sin conducción clara, puede terminar generando una imagen (como la vista esta semana) de desorden, improvisación y caos. Tal vez convenga recordar algo que el diseño elegido por el Presidente Kast hace difícil advertir: la comunicación en política debe estar al servicio del gobierno, y no a la inversa. De lo contrario, se despliegan desde las sombras agendas que pueden terminar entorpeciendo las acciones del Ejecutivo, comprometiendo el trabajo de los ministros que, a diferencia de los asesores, son los responsables frente a la ciudadanía. El escenario es demasiado frágil como para exponerse a ese desajuste y hay, por lo mismo, muy poco margen para el error.

Por Josefina Araos, investigadora del IES.

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