Nuestro cobre: un aliado para combatir el cambio climático

Cobre sigue imparable y alcanza su mayor nivel en cerca de 8 años


Por Arturo Brandt, magister en Derecho Ambiental, Vermont Law School. Senior counsel Grupo Vial Serrano Abogados

Este mes se realizó una nueva versión de la Expomin, esta vez de manera virtual, con motivo de la crisis sanitaria que afecta al mundo. En este contexto, resulta relevante resaltar el rol del cobre en una estrategia para combatir el cambio climático.

Nuestro país es, por mucho, el mayor productor de cobre del mundo, mineral clave en muchos procesos industriales, con cerca del 30% de la producción mundial.

Muchas veces denominado como “el sueldo de Chile”, este mineral representa más de un 50% de nuestras exportaciones y en los últimos 10 años ha contribuido con un 10% de nuestro Producto Interno Bruto, representando casi un 8% de los ingresos fiscales. Estas cifras dan cuenta de la importancia del cobre para nuestro país.

La buena noticia es que el cobre puede contribuir en forma importante a la lucha contra el cambio climático, de la cual nuestro país es parte, habiéndose propuesto en el Proyecto de Ley sobre Cambio Climático la carbono neutralidad al 2050.

El cobre tiene propiedades que lo hacen único. Es un excelente conductor de energía, antimicrobial e infinitamente reciclable (no perdiendo sus propiedades en el tiempo), entre otros puntos para la estrategia país de economía circular. Debido a las múltiples aplicaciones en la mayoría de los sectores de la economía –desde hogares hasta industrias, generación de electricidad y transmisión- es un elemento crítico para el desarrollo de la economía global. Existen más de 120 posibles usos del cobre.

Volviendo a la economía circular, dentro de cualquier estrategia el cobre debe ser considerado. Por su naturaleza, el cobre es un “material circular” que no pierde sus propiedades cuando se reutiliza en la misma u otra función. De este modo, el cobre reciclado puede y debe ser utilizado para absorber parte de la demanda de los mercados locales e internacionales, contribuyendo, de este modo, a la conservación de nuestros recursos naturales.

De acuerdo a la Agencia Internacional de Energía, la mayor parte del esfuerzo para cumplir con la meta del Acuerdo de Paris (AP), alrededor de un 40%, debe provenir de la eficiencia energética. Esto requiere una tasa de mejora de eficiencia energética de un 3% anual, y qué mejor que el cobre para poder lograr esta meta, a través de la mayor eficiencia en la transmisión de electricidad. Los productos que contienen cobre son más eficientes. Alrededor de un 70% de cobre es utilizado en productos que consumen energía, que se benefician de su eficiencia. Dentro del ciclo de vida de estos productos y sistemas, se estima que una tonelada de cobre emitirá entre 100 y 7.500 menos toneladas de CO2 que si se utilizaran conductores menos eficientes.

En muchas INDC (metas de países bajo el AP) no se hace mención a la eficiencia energética o se hace en términos vagos, situación que debería cambiar. La eficiencia energética debe ser un pilar fundamental en la lucha contra el cambio climático, ya que no se trata de un costo, sino de una inversión, que cada vez demora menos en pagarse.

Sobre un 50% de la población mundial vive en ciudades, lo que se espera que crezca a un 70% al 2050. Esto significará mayor inversión en infraestructura y el rol del cobre puede ser fundamental, al contribuir a la construcción sustentable, sistemas de transmisión, energías renovables y una mayor eficiencia en calefacción, enfriamiento, iluminación, etc.

Igualmente, si nuestros sistemas de transporte se mueven hacia la electrificación, esto entregará una tremenda oportunidad para Chile: un vehículo eléctrico utiliza cuatro veces más cobre que un vehículo de combustión interna y se espera que ambos tengan un precio similar dentro de cuatro años.  Del mismo modo, la infraestructura de carga requiere cobre para operar en forma segura y eficiente.

En la misma dirección, se utiliza entre cuatro y seis veces más cobre en la generación de energía eólica y solar, en comparación a la producida a partir de combustibles fósiles. Dato no menor, tomando en cuenta el aumento sostenido de energías renovables no convencionales en el mundo y que las inversiones anuales en ellas deben triplicarse al 2050 de un monto actual de US$ 300 billones a US$ 800 billones para cumplir las metas climáticas. Sin duda, el cobre será protagonista.

¡Aprovechemos esta oportunidad!

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