Opinión

Tiempos difíciles, tarea de todos

Dragomir Yankovic/Aton Chile DRAGOMIR YANKOVIC/ATON CHILE

El cambio de mando fue lo esperado. Un evento republicano que guardó las formas y que, con la entrada de nuevos actores, a quienes estas si les importan, se destacó por la sobriedad y buena vestimenta. Fue un evento impecable, sólo enlutado por el ataque y muerte cerebral de un carabinero en Puerto Varas. Este evento deplorable reforzó el discurso, que ya se sabía que venía de “gobierno de emergencia”, plasmando que no se trata solo de un simple “slogan”, como muchos pretendieron instalar. Del mismo modo, con este hecho y la acción inmediata del gobierno entrante, la idea de gestión y trabajo al servicio de Chile quedó evidenciada. Tanto la ministra de seguridad Trinidad Steinert como el general director de Carabineros Marcelo Araya viajaron al sur, para como Estado ayudar en las gestiones que permitan dar con los culpables del brutal crimen del sargento segundo Javier Figueroa Manquemilla.

De hecho, el cambio se vio reforzado con la firma de decretos en áreas críticas como Seguridad, Hacienda, Obras públicas y Defensa para poder hacer operativo el “gobierno de emergencia”. Del mismo modo, el discurso del Presidente José Antonio Kast marcó los puntos esperados en Seguridad y Orden Público. Inició hablando de la necesidad de defensa institucional afirmando que “quien ataca a un carabinero, nos ataca a todos”, es un ataque directo a la Patria. Enfatizó en la idea de “Gobierno de Emergencia” ante la crisis de seguridad. Afirmó que es esencial el control de fronteras, por lo que enviará al Congreso proyectos de ley para tipificar el ingreso irregular como delito. Asimismo, afirmó que se perseguirá y condenará a los delincuentes que han sembrado el terror, será una administración “sin negociar con la delincuencia” y serán juzgados con “todo el peso de la ley”. Del mismo modo, aseguró que “nunca más un funcionario de orden y seguridad enfrentará solo la violencia”, ya que habrá respuesta sin ambigüedades desde el Estado. Afirmó que “tendrán el respaldo total y los recursos del Estado”.

Del mismo modo, la emergencia tiene que ver con la deteriorada situación financiera del país que recibe el gobierno entrante por la falta de responsabilidad, prudencia y en muchos casos probidad del gobierno anterior. Manifestó que recibe un país en “peores condiciones a las que podíamos imaginar”, lo que contrasta con el discurso de normalidad y el “Chile no se cae a pedazos” establecido por el gobierno saliente. Por lo mismo, el Presidente Kast anunció auditorías completas para que se pueda conocer el estado real de la nación y poder combatir la corrupción venga de donde venga. Para poder avanzar, primero hay que limpiar y “detener el despilfarro”. Anunció la creación de un equipo especial para contrastar la información recibida de la administración anterior, reafirmando la desconfianza de las bilaterales que generó el quiebre. Por lo mismo, entre los proyectos legales que se impulsarán están los que apuntan a mejorar el crecimiento y la inversión atacando directamente la llamada “permisología”. La famosa frase del Presidente de Argentina, Javier Milei, “No hay plata” se parece a la realidad chilena, por lo que la ya anunciada reducción presupuestaria de cada cartera en un 3% para 2026, apunta al necesario ahorro fiscal de 6.000 millones de dólares en 18 meses para poder estabilizar las cuentas públicas, que están más que en rojo. A esto se suman auditorías totales para no malgastar más y la reducción de gabinetes y personal del Estado. A esto se agregan las medidas proinversión, como la baja de los impuestos corporativos, la integración del sistema tributario y la eliminación al impuesto de ganancias de capital en transacciones bursátiles de bajo valor para fomentar el mercado de capitales local.

El Presidente Kast enfatizó el hecho de ser “el Presidente de todos los chilenos” invitando a todos, incluso a los que piensan distinto y a los que lo critican. Dijo valorar la diversidad de pensamiento y el debate racional, pero llama a Chile y a todos, más allá de las diferencias, a no restarse en temas esenciales para el país, sino a afrontar juntos los desafíos nacionales. Estableció que todos los funcionarios públicos son servidores y que “quien no cumpla, se va”, marcando una administración disciplinada y responsable.

Del mismo modo, llamó a desideologizar el sistema educativo, enfocándose en la libertad de enseñanza, en la calidad por sobre el acceso y la eficiencia del gasto público. Una clara señal de la búsqueda de desmantelar la reforma educativa que por ideología “buscó sacar los patines”, estatizar e “incluir” para ideologizar.

Claramente se viene el orden que Chile necesitaba y muchos hoy respiran tranquilos y esperezados. La tarea no es fácil, pero es una tarea de todos. Ajustarse el cinturón dolerá, pero Chile unido podrá enrielar la casa para un futuro mejor.

Por Magdalena Merbilháa, periodista e historiadora

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