Por Matías AcevedoUn acuerdo para crecer, no para una “cambiatón tributaria”

Con 26 votos a favor, esta semana el Senado aprobó la idea de legislar sobre el proyecto de reconstrucción nacional. La mayoría de los senadores de oposición votó en contra.
El proyecto logró avanzar. En la última milla del proyecto el gobierno ha señalado que no solo intentará reunir los votos necesarios para aprobarlo, sino también construir un acuerdo lo más amplio posible para dar estabilidad a sus principales propuestas, mitigar los riesgos fiscales, pero manteniendo su propósito procrecimiento.
¿Dónde están hoy los principales nudos?
El primero es la invariabilidad tributaria por 25 años, que es rechazada prácticamente sin matices por buena parte de la oposición. El ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, ha mostrado disposición a reducir el plazo a 20 años y a elevar los requisitos. Incluso se ha planteado cobrar una prima para acceder al beneficio, bajo una lógica similar a la de un seguro.
El segundo nudo es la rebaja de la tasa del impuesto corporativo de 27% a 23%. Un sector de la centroizquierda está dispuesto a apoyarla, pero la condiciona a compensaciones mediante otros impuestos y al cumplimiento de metas fiscales creíbles de déficit fiscal y deuda. El gobierno, por su parte, considera que esta medida forma parte del corazón de la reforma y ha planteado que cualquier concesión en otras materias del proyecto debería permitir incluso profundizarla y llevar la tasa al 22%.
El tercer nudo es el crédito tributario al empleo. Aquí existe una opinión que trasciende a la oposición. Existen dudas más transversales respecto de su costo fiscal y de su capacidad efectiva para generar nuevos empleos. El ejecutivo está disponible para restringir su cobertura a los sectores y trabajadores más afectados por el deterioro del mercado laboral, reduciendo su costo fiscal. Tampoco se descarta reemplazarlo por otras medidas legales orientadas a facilitar la contratación.
De estos tres nudos, los esfuerzos deberían concentrarse en alcanzar el acuerdo político más amplio posible sobre la rebaja del impuesto corporativo. Los proyectos de inversión se evalúan con horizontes de varias décadas. Por eso, tan importante como el nivel de la tasa, es la confianza que esta medida no será revertida por la siguiente administración.
Sin embargo, ese acuerdo no puede terminar convertido en una “cambiatón tributaria”. Las cambiatones de láminas del álbum del Mundial funcionan porque cada parte entrega las repetidas y recibe las láminas que necesita. Ambos ganan. Pero una “cambiatón tributaria” que reduzca el impuesto corporativo y lo compense con otros gravámenes que vuelvan a castigar la inversión, el ahorro y su financiamiento puede devolvernos al punto de partida.
Con todo, hay otras formas de compensarlo. Si se logra por ejemplo reducir el costo fiscal del proyecto en una magnitud equivalente al costo actual del crédito tributario al empleo, y ello se combina con una trayectoria fiscal consistente con las metas de balance estructural definidas por Hacienda, la razón deuda pública como porcentaje del PIB podría comenzar a estabilizarse antes de que finalice el actual gobierno. En otras palabras, la sostenibilidad fiscal no quedaría condicionada a que se materialice íntegramente el denominado “dividendo del crecimiento”.
Pero incluso un acuerdo amplio en este proyecto sería insuficiente para que, hacia el final del gobierno, el país vuelva a crecer al 4% anual. Para alcanzar esa meta se requiere una agenda más amplia que aborde los cambios estructurales del mercado laboral y las barreras de acceso al empleo formal, profundice el mercado de capitales para canalizar más ahorro hacia la inversión. Asimismo, retome iniciativas emblemáticas de modernización del Estado y continúe abriendo nuevas oportunidades comerciales para nuestras exportaciones. Estas materias también podrían ser parte del acuerdo en el Senado para impulsar nuevas iniciativas legales.
Sin mayor crecimiento económico, la sostenibilidad fiscal termina reducida a una discusión que se mueve entre recortes y nuevos impuestos. Pero sin sostenibilidad fiscal, cualquier rebaja tributaria destinada a impulsar la inversión puede perder credibilidad y corre el riesgo de ser revertida en el tiempo.
En esta última milla, la política tendrá la última palabra. Aprobar el proyecto de reconstrucción nacional en el contexto actual será, sin lugar a dudas, un logro importante. Pero conseguir que el proyecto concite un acuerdo amplio, sin perder su propósito procedimiento, sería aún más valioso.
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