No todas las grasas son iguales: cuál aumenta el riesgo de diabetes tipo 2 y cuál ayuda a combatir la enfermedad
Comprender qué grasas benefician al organismo y cuáles pueden perjudicarlo podría ser clave para prevenir la diabetes tipo 2, una enfermedad que afecta a millones de personas en todo el mundo.

Durante años, las recomendaciones nutricionales llamaron a reducir el consumo de grasas para prevenir enfermedades metabólicas.
Sin embargo, un nuevo estudio científico sugiere que la clave no estaría tanto en la cantidad, sino en el tipo de grasa que se incorpora a la alimentación diaria.
La investigación, publicada en la revista Trends in Endocrinology & Metabolism de Cell Press, analizó la evidencia disponible sobre dos de los ácidos grasos más comunes en la dieta: el ácido palmítico y el ácido oleico.
Los resultados muestran que ambos tienen efectos muy distintos sobre la salud metabólica y el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2.

La investigación fue liderada por expertos del Área CIBER para la Diabetes y Enfermedades Metabólicas Asociadas (CIBERDEM) de la Universidad de Barcelona.
“El ácido palmítico, un ácido graso saturado muy presente en los alimentos, se asocia con una menor sensibilidad a la insulina”, explica Manuel Vázquez-Carrera, investigador de la Universidad de Barcelona y uno de los autores del trabajo.
“Mientras que el ácido oleico, abundante en el aceite de oliva, puede tener un efecto protector contra estos trastornos metabólicos”, agrega el académico.
Las grasas y la diabetes tipo 2
La diabetes tipo 2 se caracteriza por una alteración en la capacidad del organismo para utilizar adecuadamente la insulina, la hormona encargada de regular los niveles de glucosa en la sangre.
Con el tiempo, esta condición puede derivar en enfermedades cardiovasculares, daño renal, problemas de visión y otras complicaciones graves.
Según los investigadores, el ácido palmítico (presente en diversos alimentos procesados y en algunas grasas de origen animal) podría favorecer varios mecanismos relacionados con el desarrollo de la enfermedad.

Xavier Palomer, primer autor del artículo, señaló que a nivel molecular este ácido graso promueve la acumulación de lípidos potencialmente tóxicos.
También estimula procesos inflamatorios crónicos de baja intensidad y altera el funcionamiento de estructuras celulares esenciales, como las mitocondrias y el retículo endoplasmático.
Estos cambios, explican los expertos, están estrechamente vinculados con la resistencia a la insulina, considerada uno de los principales factores que anteceden a la diabetes tipo 2.
¿Y el ácido oleico?
La situación es diferente con el ácido oleico, una grasa monoinsaturada presente en altas concentraciones en el aceite de oliva y característica de la dieta mediterránea.

De acuerdo con la revisión, este ácido graso favorece el almacenamiento de las grasas en formas menos perjudiciales para el metabolismo y ayuda a mantener una señalización adecuada de la insulina en tejidos clave como el hígado, los músculos y el tejido adiposo.
Además, podría contrarrestar parte de los efectos negativos asociados al ácido palmítico.
Para los autores, estos hallazgos ayudan a explicar por qué patrones alimentarios ricos en grasas monoinsaturadas, como la dieta mediterránea, se relacionan de manera consistente con un menor riesgo de diabetes tipo 2 y otras enfermedades metabólicas.
No obstante, los investigadores advierten que todavía quedan preguntas por resolver.
Factores como la fuente de los ácidos grasos, el grado de procesamiento de los alimentos, la combinación con otros nutrientes y el contexto general de la dieta podrían influir en los efectos observados.
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