Por Claudia MirallesUna orquesta incompleta

El reciente cambio de gabinete fue ampliamente comentado en la prensa durante el fin de semana: columnistas, políticos, exautoridades, simpatizantes y detractores del gobierno han entregado sus distintas lecturas. El foco noticioso ha estado puesto en el desempeño de las exministras, en los orígenes y trayectorias de los nuevos ministros y, tangencialmente, en la designación de biministros. Sin embargo, queda abierta una pregunta fundamental: ¿cómo lo van a hacer?
El cambio despeja parcialmente el camino para la cuenta pública del presidente José Antonio Kast el próximo primero de junio. Sin embargo, no disminuye la incertidumbre. Sigue abierta la interrogante sobre cómo funcionará la fusión de ministerios tan relevantes como la Secretaría General de Gobierno con Interior y de Obras Públicas con Transportes. Es decir, el gobierno continúa enfrentando dificultades para anticipar el impacto de sus decisiones públicas y la manera en que se comunican. Esto lo obliga, además, a modificar rápidamente su relato, dejando atrás la idea de un “gobierno de emergencia” y a hacerse cargo de una instalación mal ejecutada.
Así, lo que hoy se observa es un gobierno incompleto. Y me permito usar una metáfora —tan de moda en estos tiempos—: una orquesta sinfónica incompleta puede tener excelentes músicos, pero si faltan secciones importantes el resultado pierde equilibrio, profundidad y fuerza. Un gobierno incompleto se parece justamente a una orquesta incompleta: hay músicos talentosos y partituras, pero faltan instrumentos esenciales para lograr armonía, potencia y sincronía.
En mi opinión, el cambio no logra disminuir la incertidumbre. Y esta, en política, suele ser una mala compañera, porque produce efectos concretos: cuestionamientos al liderazgo, dudas sobre la capacidad técnica, falta de conducción y problemas de comunicación y gestión.
El gobierno pasado despreció la gestión, elemento esencial para que los ministerios funcionen y para que las políticas públicas lleguen finalmente a la ciudadanía. Los errores comunicacionales y la sobrevaloración de la ideología terminaron pasándole la cuenta, y pusieron en el centro del debate cuestiones tan básicas para las personas como la seguridad, la salud y el crecimiento económico. Así, terminaron perdiendo la sucesión.
La labor de vocería del ministro Claudio Alvarado será clave, porque a una nueva narrativa habrá que sumarle la necesidad de entregar certezas y demostrar que este “gobierno de emergencia” se ocupará de aquellos problemas que para las personas son imprescindibles. En la vida cotidiana, la duda y la inseguridad respecto del futuro generan agobio para gran parte de la clase media de nuestro país, y eso debe ser reconocido.
Porque, en contextos de incertidumbre, las personas postergan decisiones, las empresas frenan inversiones, aumentan las especulaciones y los rumores, crece la ansiedad social y los gobiernos enfrentan una mayor presión comunicacional.
En este escenario, la vocería será mucho más que un canal de comunicación. Será el instrumento encargado de ordenar el ritmo, coordinar los tiempos y transmitir certezas en medio de la incertidumbre. Porque una orquesta no solo necesita buenos músicos; requiere dirección, conducción y alguien capaz de interpretar la partitura frente al público. Sin eso, incluso los mejores talentos terminan sonando aislados. Y en política, cuando no existe una voz clara que otorgue sentido y coherencia, la orquesta inevitablemente corre el riesgo de sonar desafinada. Más aún si está incompleta.
Por Claudia Miralles, gerente de Imaginaccion Comunicación Estratégica.
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