Opinión

Volver a casa

Proyecciones oficiales confirman que la población de Chile superará los 20 millones en 2026. Jonnathan Oyarzun/Aton Chile JONNATHAN OYARZUN/ATON CHILE

No hay nada más extraordinario en el mundo que un hombre ordinario, una mujer ordinaria y sus ordinarios hijos. Con esas palabras Chesterton celebraba el profundo misterio de la familia, frase que conecta particularmente con la historia de la Odisea, que vuelve a estar en boca de todos y que nos plantea una pregunta siempre relevante: ¿Qué mejor destino en la vida que volver a casa?

La narración griega, la literatura de Tolkien, la vida de Máximo, en Gladiador, así como la historia de nuestros veteranos de la Guerra del Pacífico demuestran la recurrencia de ese anhelo profundo que es el volver a la simple tranquilidad del hogar tras terminada la gesta heroica.

Es por esto que me planteo una visión crítica ante la lectura materialista que se ha realizado sobre las encuestas que demuestran que las preferencias de los chilenos se han vuelto domésticas: tener un trayecto diario sin sobresaltos, un trabajo donde se nos trate bien, poder pagar las cuentas a fin de mes, darse un gustito, lograr ahorrar para tomarse vacaciones con familia y amigos ¿Un sueño gris? ¿anhelos burgueses? ¿profundización del individualismo? Ante el cambio que significó alejarse de las aspiraciones más abstractas e idealistas de hace algunos años surgen estas preguntas, quizás algo de eso hay, pero permítanme plantear un ángulo que me parece más correcto.

Los chilenos pasan hoy por una fase post gesta histórica y, como todo veterano, ansían llegar a un hogar que los reciba de manera amable. Dicho proceso se origina en el estallido del 2019 -luego la pandemia- y tuvo su cúspide en el triunfo del rechazo el 4 de septiembre del 2022. Los niveles de rabia, estrés y angustia vividos, sumados a la movilización ciudadana del 4S, fueron propios de una batalla.

Sin embargo, el problema es que ese retorno se sigue dilatando: el crimen organizado, las deudas y el costo de la vida asedian el camino de vuelta. Junto con ello, atractivos caminos políticos que se presentan simples y de corto plazo -similar a las promesas de las sirenas- amenazan con descaminar a una ciudadanía que será capaz de desamarrarse de los mástiles con tal de lograr un alivio. Por eso el anhelo tiene algo de frustrado, algo de Odisea inconclusa: Ítaca se ve, pero todavía no es posible llegar.

En efecto, me parece que el sueño chileno expresado en las encuestas no tiene nada de materialismo, ni de simple, sino que es una promesa incumplida a aquellos que jamás soñarían con glorias ni guerras, pero que, al verse enfrentados a la necesidad de un acto de valentía, no tuvieron dudas en dar el salto.

Si queremos entender el próximo ciclo político hay que partir por aquí: no despreciando el sueño doméstico de los chilenos como algo menor, sino preguntándonos, con seriedad, qué hace falta para que ese volver a casa finalmente ocurra.

Por Michael Comber V., director ejecutivo del Instituto Libertad

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