Reinventar a Hamlet con actores con síndrome de Down: “Tienen mucho que decir y eso tiene un gran poder en el escenario”




La dramaturga peruana Chela de Ferrari siempre quiso hacer su propia versión de Hamlet. Con una larga trayectoria en Lima, ya había adaptado otras obras de William Shakespeare, pero con esta se encontraba una y otra vez con el mismo obstáculo: no daba con el actor adecuado para interpretar al mítico personaje.

Desechó la idea hasta que se topó con Jaime Cruz, un joven con síndrome de Down que trabajaba en La Plaza, el teatro que De Ferrari dirige en la capital peruana. Cruz guiaba a los espectadores a sus asientos, vendía boletos y soñaba con subirse a un escenario.

La dramaturga lo invitó a tomar un café y tras una larga conversación lo visualizó con una corona. Así supo, que después de mucho tiempo, había encontrado a su príncipe.

Ese día nació “Hamlet, una versión recontra libre”, una obra conformada por un elenco de actores y actrices con síndrome de Down, que la semana pasada se presentó durante el festival Teatro a Mil en Santiago tras pasar por distintas ciudades de América Latina y Europa.

Un montaje que plantea la necesidad de abrimos a la diversidad y que busca reflexionar en torno a un “¿ser o no ser?” y que propone el siguiente giro: ¿qué implica ser para las personas que no encuentran espacios donde se les tome en cuenta?

¿Cómo fue ese primer encuentro con el protagonista de la obra?

“Me imaginé que nuestros anhelos podrían cruzarse. El mío de hacer Hamlet, el de él de actuar en La Plaza. Me permitió verme por primera vez como una persona neurotípica frente a una persona neuroatípica y a enfrentarme a mi desconocimiento de la condición y los prejuicios. También despertó un profundo interés por conocer a Jaime y establecer una relación de intercambio. Lo que viven las personas que van a ver la obra es algo así como un espejo que reproduce ese primer encuentro. Por un lado desnuda nuestra ignorancia y la obra despierta un deseo de intercambio.

¿Cómo se trabajó el concepto de neurotípico?

Todos somos neurotípicos cuando nos enfrentamos a personas con capacidades cognitivas diferentes. El lenguaje cambia, en algunos países se habla de personas neurodivergentes. Lo que es cierto es que se trata de personas que necesitan sentirse parte, que necesitan un lugar. En nuestro montaje una de las frases propias de la obra es ser o no ser. Nos preguntamos a través de ese famoso monólogo qué significa ser para personas que no encuentran espacios para que se les tome en cuenta. Lo que buscamos en este montaje fue acortar la distancia entre personas neurodiversas. La obra es un tejido entre el texto de Shakespeare y sus vidas. Son actores y actrices que tienen mucho que decir y eso tiene un gran poder en el escenario. Aman estar allí, aman comunicarse, quieren ser parte. No siempre abrimos esa puerta.

¿Qué significó para los actores y actrices poder formar parte del montaje?

Les permitió romper algunos mitos con respecto a sus capacidades. Fuimos testigos de su desarrollo en cuanto a capacidades organizativas, resolución de conflictos, capacidad autocrítica, flexibilidad para el cambio, capacidad de concentración. Solo a modo de ejemplo, los especialistas nos decían que no íbamos a poder hacer ensayos de más de una hora y media. Nuestros ensayos, de cinco días a la semana, fueron de cuatro a ocho horas diarias, y el mismo elenco nos pedía más horas de trabajo.

La temporada fue de dos meses y de seis días a la semana. Nos preguntamos si sería posible hacer un espectáculo sin el apoyo de personas neurotípicas, o apuntadores en el escenario, que era otra cosa que nos decían que debíamos hacer. En nuestro montaje la responsabilidad recae enteramente en los actores quienes tienen que resolver a su criterio cualquier inconveniente que surja durante la escena. Esto es un acto de confianza que no suelen tener las personas con algún tipo de diversidad funcional. Creo que eso ha sido muy importante. Estamos viajando por diversos lugares del mundo, eso también les ha dado seguridad.

¿Seguimos teniendo muchos prejuicios?

Sin duda, es algo que nos atraviesa. Rechazamos lo diferente, lo que no conocemos, lo que no comprendemos. En el proceso de ensayo, hablábamos de esos temas y los actores y actrices nos contaron sus experiencias, sus rechazos. En lugar de mirarlos a ellos y a ellas lo que miramos es la condición, el síndrome, como si siempre llevaran una máscara. También con mucha generosidad decían que no es que las personas sean malas, sino que son ignorantes.

Los prejuicios llegan incluso hasta el punto de pensar que son personas violentas, agresivas y cosas de ese tipo. Todos podemos ser agresivos pero tiene que ver con no saber cómo relacionarse. La obra nos ayuda a vencer ese temor. El grueso del público acaba bailando con ellos y ellas. Si creo que tiene eso la obra. La gente logra conectar.

¿Hay una infantilización hacia las personas con síndrome de Down?

Ellos reclaman muchísimo eso. Nos dicen que no son niños y que tampoco son angelitos.

¿Cómo ha sido el recibimiento del público en general?

Fue muy emocionante ver que durante toda la temporada hubo un porcentaje de personas neurodivergentes en la sala, que participaron activamente, también en los foros. En giras hemos recibido respuestas de muchas personas conmovidas que dicen que atraviesan diversas emociones y terminan bailando con nosotros en el escenario.

¿Qué similitudes ve entre la historia de Hamlet y los actores de la obra?

Antes de aventurarnos a este trabajo que tomó un año de ensayo, en esa primera conversación con Jaime pude intuir que íbamos a tener muchos puntos de encuentro para armar este tejido entre sus vidas y Shakespeare. Por ejemplo la relación de Ofelia con Polonio su padre, es una relación compleja, sobreprotectora, que atraviesa la vida de la mayoría de las personas con algún tipo de diversidad funcional.

También está el tema del amor supervisado. Los padres suelen estar muy por encima de las relaciones de amor que se producen entre parejas con síndrome de Down. Vimos muchos momentos de Hamlet, porque para poder armar la obra necesariamente tenía que conocer a los actores y actrices del montaje. Tuvimos un período intenso de búsqueda material. Usamos Hamlet con total libertad y por eso decimos que es una versión recontra libre, lo que nos sirvió para conectarnos con los reclamos e intereses de los actores.

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