Por Francisco ArtazaLa frágil operación Venezuela de Kast
Con la presión encima por la demora en la expulsión de migrantes irregulares venezolanos debido a la falta de relaciones consulares, la Cancillería había iniciado tímidos contactos con Caracas para retomar las relaciones suspendidas desde julio de 2024. Pero lo que debían ser negociaciones reservadas y sigilosas quedaron en el aire, debido a las críticas declaraciones del mandatario chileno en contra del gobierno venezolano.

Bastaron dos minutos para dejar en el aire semanas de frágiles acercamientos con Venezuela.
El lunes 6 de abril, tras finalizar un encuentro con el mandatario argentino Javier Milei, en la Casa Rosada, el Presidente José Antonio Kast dio unas breves declaraciones que reabrieron las fisuras políticas entre Chile y el régimen venezolano. Desde entonces los canales de comunicación están cortados y no se han vuelto a reabrir, pese a tratarse de un tema prioritario para el gobierno chileno, como es la expulsión de miles de venezolanos indocumentados.
“En torno a lo que es el corredor humanitario, se ha facilitado bastante la posibilidad de iniciarlo con los cambios radicales que se produjeron en Venezuela. La salida del narcodictador Maduro, que está siendo actualmente procesado y juzgado en Estados Unidos, nos va a permitir a varios países poder restablecer relaciones consulares y, más adelante, relaciones diplomáticas estables”, señaló Kast momentos después de su cita con Milei y ante las consultas sobre la demora en el cumplimiento de una de sus principales promesas de campaña.
Pero Kast no se detuvo ahí. “Ellos se esforzaron mucho, a mi juicio, esta narcodictadura, en obligar a personas a salir de su patria. Eso en el tiempo se va a ir regularizando, nosotros esperamos que los vuelos en algún momento se puedan restablecer y con eso evitar, en parte, la necesidad de un corredor humanitario terrestre. En todo caso, nuestro esfuerzo estaba más enfocado en países como Perú, Ecuador, Colombia, por donde sería más rápido poder generar un corredor terrestre, pero creo que eso se va a ir modificando en la medida en que se pueda restablecer una relación consular, diplomática, con Venezuela”, añadió el jefe de Estado chileno al abordar las expectativas que tenía de lograr un pronto acuerdo con Caracas.
Pero sus dichos tuvieron el efecto totalmente contrario.
Desde Caracas, el canciller venezolano, Iván Gil, respondió de inmediato y en duros términos a las declaraciones de Kast. Se trata de uno de los pocos ministros que se desempeñaron en el gabinete del líder de la revolución bolivariana, el fallecido Hugo Chávez; luego en el régimen de Nicolás Maduro, y ahora sigue en los círculos de poder, apoyando a su amiga Delcy Rodríguez, como presidenta encargada, tras la intervención militar estadounidense que terminó con la captura del expresidente Maduro.
“Resulta extraño que José Antonio Kast hable de ‘restablecer relaciones’ mientras convierte cada declaración en un ataque contra Venezuela y contra los venezolanos. Así es imposible hablar en serio de relaciones consulares o diplomáticas: no se puede pedir diálogo mientras se siembra desprecio, ni hablar de respeto, mientras se agrede”, escribió el canciller venezolano el mismo 6 de abril en su cuenta en la red social X. Con ello recordaba el tono de sus continuas confrontaciones con el gobierno de Gabriel Boric a raíz de los cuestionamientos que hacía desde La Moneda frente a la crisis política y social en Venezuela.
En su declaración, Gil acusó a Kast de estar más preocupado de hablarle a su barra brava que de hacer diplomacia. “Al final, más que política exterior, el Presidente Kast le habla a un público extremista, con mucho ruido, mucha pose y muy poca seriedad”, publicó.

Desde entonces, señalan fuentes venezolanas cercanas a Gil, no se han retomado los contactos que, de manera muy incipiente, habían iniciado personeros chilenos y venezolanos con miras a un restablecimiento de las relaciones consulares, las que están suspendidas desde el 30 de julio de 2024, luego de que Maduro ordenara la expulsión de todo el personal diplomático y consular chileno -y de otros seis países latinoamericanos- del territorio venezolano.
“Desde el portazo de Gil, no se han registrado nuevas conversaciones. No las hubo esta semana, ni la anterior”, señala un cercano al canciller venezolano. Y advierte que será muy difícil que estas se retomen mientras continúe “la diplomacia del micrófono”, en referencia a las críticas y las declaraciones altisonantes desde el gobierno chileno contra el gobierno venezolano.
Por lo mismo, llamaron la atención las declaraciones que hicieron el domingo 19 de abril el canciller Francisco Pérez Mackenna y el ministro del Interior, Claudio Alvarado, dando cuenta del inicio de un diálogo con Venezuela para buscar una salida al problema de los migrantes irregulares, para lo cual es indispensable la reapertura de las oficinas consulares. Algo que admitió hace unos días el prefecto de Migraciones de la PDI, Ernesto León, ante el Parlamento, cuando informó que había cerca de seis mil venezolanos con decretos de expulsión pendientes que no se han podido ejecutar por falta de documentación, la misma que no se puede obtener por la suspensión del trabajo consular.
“Hemos iniciado las gestiones para retomar las relaciones consulares con Venezuela. Esta es una prioridad para poner orden en materia migratoria”, señaló el canciller Pérez a El Mercurio, en medio de las críticas, tanto del oficialismo como de la oposición, por la demora en una de las principales promesas de campaña. Algo que quedó en evidencia luego de que el 16 de abril saliera el primer avión con 40 deportados bajo la administración de Kast sin incluir a ciudadanos venezolanos. Según el registro de la PDI se trataba de 19 colombianos, 12 bolivianos y nueve ecuatorianos.

El mismo domingo 19, en entrevista con el programa Estado Nacional, el ministro del Interior, Claudio Alvarado, ahondó en los dichos de Pérez Mackenna y fue aún más enfático en señalar que esperaban tener resultados pronto.
“El ministro de Relaciones Exteriores ha señalado que se están iniciando conversaciones con Venezuela para poder reanudar una relación bilateral a nivel consular, porque sabemos de la cantidad de personas venezolanas en nuestro país que necesitan recurrir a un consulado para regularizarse o buscar antecedentes“, dijo Alvarado. Y añadió: ”El gobierno está tratando de que sea lo más rápido posible y que estas conversaciones, en el corto plazo, puedan llegar a buen término”.
Una meta que queda en entredicho, precisamente, por la forma en que el gobierno chileno ha manejado públicamente este delicado tema. “Este es el típico caso de conversaciones sobre materias sensibles que no se pueden filtrar antes de tiempo, porque sólo se pueden estropear las negociaciones”, advierten diversos diplomáticos.
“Se trata de una negociación diplomática súper delicada, en la que tenemos que movernos con mucho cuidado. El Presidente Kast no calculó el impacto de sus dichos, porque si el interés es retomar relaciones no tiene mucho sentido salir a hacer esas declaraciones”, señalan fuentes del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile.
Prueba de ello, indican fuentes diplomáticas cercanas al canciller Pérez Mackenna que pidieron reserva de sus nombres, es que “desde que se hizo manifiesta la molestia de Gil con el Presidente Kast, no hemos tenido más respuesta desde Venezuela”.
También reconocen que en la compleja transición venezolana, el gobierno de Chile se está moviendo prácticamente a ciegas, sin entender del todo las disputas internas de poder que se están produciendo tras la ‘extracción’ de Maduro por parte de militares estadounidenses. “Si hubiéramos entendido que (para el canciller Gil) seguía siendo sumamente complejo hablar de Maduro, no se habría dicho nada”, añaden.
Pero basta ver las redes sociales del canciller Gil, sin embargo, para darse cuenta. Como foto principal en X tiene una imagen del fallecido Hugo Chávez y hace sólo unos días, el 21 de abril pasado, Gil reposteó un mensaje escrito por Nicolás Maduro desde la cárcel de Nueva York recordando al fallecido Papa Francisco.
Acercamientos preliminares
Las conversaciones, en todo caso, estaban en un nivel muy preliminar, aunque había expectativas, en la medida que ya habían escalado a niveles superiores y tanto Chile como Venezuela se mostraban disponibles a avanzar en un acuerdo consular que ayudara a solucionar los múltiples y serios problemas que afectan tanto a chilenos residentes en Venezuela como a los miles de venezolanos que están en Chile.
Fue a inicios de la segunda semana de marzo, casi inmediatamente después de la asunción del gobierno de Kast, cuando se reabrieron canales. Los primeros mensajes fueron entre la embajadora Marta Bonet, directora general consular de la Cancillería chilena, y su contraparte venezolana, la embajadora María Suárez.
El 18 de marzo, sin embargo, Bonet salió de la jefatura consular tras ser designada por Kast como nueva embajadora de Chile ante la Organización Mundial del Comercio (OMC). Los contactos con Venezuela recayeron entonces en la directora consular subrogante, la ministra consejera Marta Vera, y también en el subsecretario Patricio Torres.
Según fuentes diplomáticas chilenas y venezolanas, por esos días Torres habló con el viceministro venezolano Mauricio Rodríguez, quien desde febrero pasado está a cargo de las relaciones con los países de América Latina, en el marco de las reuniones preparatorias para la reunión de la Celac en Bogotá, Colombia, que se realizó entre el 20 y el 22 de marzo pasado.
“Se llegó a un acuerdo interesante, en el sentido de que tenían que hacer las consultas respectivas en Chile y en Venezuela para ver cómo se seguía avanzando”, señala un cercano al canciller Gil. No se avanzó mucho más. Pocos días después, los dichos de Kast en Argentina sobre la ‘narcodictadura’ de Venezuela enturbiaron todo.
No era la primera vez que se perdía una oportunidad.
Meses antes, casi al término del gobierno de Boric, ya se habían iniciado los primeros sondeos para un acuerdo de restablecimiento del trabajo consular.
Se trataba de un tema que varias veces había intentado explorar la subsecretaria de Relaciones Exteriores de Boric, Gloria de la Fuente, junto a la entonces directora general de asuntos consulares de la Cancillería, Marta Bonet. Más aun después de los logros que habían alcanzado Panamá y Costa Rica, países que lograron en noviembre y enero, respectivamente, reabrir sus consulados en Venezuela. Se trata de dos países con gobiernos de derecha, los que llevaron adelante negociaciones reservadas con Venezuela y sin hacer declaraciones políticas en contra del régimen de Maduro.
Así, en noviembre pasado, en su último encuentro en el marco de un evento multilateral con el entonces viceministro venezolano Rander Peña, responsable de la relación con América Latina, esbozaron la idea.
Sorprendentemente, el personero venezolano manifestó la disponibilidad de su gobierno para retomar las relaciones consulares con Chile, siempre y cuando no se tratara sólo para dar una solución al tema de las deportaciones de venezolanos.
“Estamos hablando de casos humanos tremendos, de personas que fallecen y de las que no se pueden obtener los certificados de defunción para repatriar sus cuerpos; de niños que se pierden al viajar, porque no tienen documentación al día; adultos que no pueden trabajar en lo que estudiaron porque no pueden apostillar sus papeles”, señalan desde Caracas para explicar el interés por volver a activar los consulados.
En Chile, autoridades que estuvieron involucradas en esas conversaciones aseguran que el gobierno venezolano siempre manifestó que para ellos era un problema que Chile pusiera el énfasis en las deportaciones de migrantes irregulares y no en la solución de muchos otros problemas que sufren las personas por la falta de apoyo consular. También en la necesidad de que Chile reciba vuelos de la aerolínea venezolana Cambiasa, en vez de que se piense sólo en vuelos de la Fuerza Aérea chilena, como ha planteado Santiago.
“Desde Venezuela siempre nos transmitieron de manera muy clara que no había posibilidades para ellos de recibir a personas que estuvieran presas con condenas en Chile. Porque al no estar juzgada en Venezuela, si esa persona llegaba a territorio venezolano quedaría libre de inmediato, por lo que no había ningún incentivo para las conversaciones que nosotros pusiéramos siempre el tema de las deportaciones de personas condenadas”, señalan exfuncionarios de Cancillería en tiempos de Boric que participaron de esas tratativas.
“Para Venezuela no hay ningún incentivo para retomar las conversaciones si el foco del gobierno de Kast son sólo las deportaciones”, advierten.
Los sondeos, en todo caso, no avanzaron más allá. Chile estaba en medio de elecciones presidenciales, por lo que se prefirió posponer un poco el proceso.
El caso peruano
Por entonces, en la Cancillería chilena estaban conscientes de lo frágil que podían ser estos escarceos con el gobierno venezolano. Incluso desde Lima, la Cancillería peruana les había transmitido a sus pares chilenos los avances y retrocesos que ellos tenían en sus negociaciones con las autoridades caraqueñas. Desde agosto de 2024, Perú le había pedido a Venezuela retomar la relación consular y separar el conflicto de la relación política. Con un millón de venezolanos en su territorio y problemas similares a los de Chile en materia de crimen organizado, para Perú también se trata de una prioridad.
En las conversaciones, señalan diplomáticos peruanos, una de las exigencias que ponía Venezuela sobre la mesa para cerrar un acuerdo era modificar el derecho a votar en el extranjero. Un tema no menor para un gobierno que tiene a cerca de siete millones de opositores en el exilio.
En octubre pasado, Perú y Venezuela lograron un preacuerdo para reabrir consulados. Restaba sólo firmar el acto administrativo, lo que se haría a fines de diciembre pasado. Pero poco antes de la suscripción, el entonces presidente José Jerí ordenó postergar todo. Estados Unidos ya había bloqueado con su flota el mar Caribe y amenazaba con intervenir militarmente en Venezuela.
La suspensión unilateral por parte de los peruanos molestó a la Cancillería venezolana y marcó el cierre de las conversaciones. Hasta hoy no han logrado reabrirlas.
Perú ha seguido en contacto con Chile explorando vías de solución al problema de los migrantes venezolanos. La idea de vuelos a Colombia desde Chile, con una escala en Lima, y con destino a Cúcuta, al lado de la frontera con Venezuela, es una alternativa que se ha explorado, ante la imposibilidad de tener un corredor humanitario terrestre.
Una idea que no es desechada en Chile. En febrero pasado, Kast se reunió con el economista y exsenador radical Ricardo Navarrete para pedirle que fuera su embajador en Colombia. Entre las tareas que le planteó cuando ya estuviera en Bogotá fue precisamente “preocuparse del tema de Venezuela”.
Pese a la molestia de Gil y del gobierno venezolano con el Presidente Kast, en la Cancillería chilena sostienen que no tienen información formal de que se hayan cortado definitivamente las negociaciones. Aunque sí reconocen que deben hacerse distintas las cosas. “Este es un proceso que requiere prudencia y tiempo. Chile está abierto al diálogo”, aseguran.
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