Yellen presiona por una tasa impositiva mínima global para las corporaciones multinacionales

FILE - In this Dec. 13, 2017 file photo, Federal Reserve Chair Janet Yellen speaks during a news conference following the Federal Open Market Committee meeting in Washington. Yellen on Monday, April 5, 2021, urged the adoption of a minimum global corporate income tax, an effort to offset any disadvantages that might arise from the Biden administration’s proposed increase in the U.S. corporate tax rate. (AP Photo/Carolyn Kaster, File)

La secretaria del Tesoro arma el caso para la propuesta de infraestructura de US$ 2,3 billones del presidente Biden.




La secretaria del Tesoro, Janet Yellen, abogó este lunes a favor de una tasa impositiva mínima para las corporaciones, buscando la cooperación internacional que es crucial para financiar la propuesta de infraestructura de US$ 2,3 billones de la administración.

La propuesta del presidente Biden de aumentar la tasa de impuestos corporativos de un 21% a un 28% empujaría a Estados Unidos fuera del grupo de las principales economías en la cima. El plan de Biden también establecería un mínimo impositivo del 21% para las ganancias extranjeras de compañías estadounidenses, eliminaría un incentivo de exportación y aumentaría los impuestos para las compañías extranjeras que operan en Estados Unidos.

Si Estados Unidos aumenta sus tasas impositivas e impone mayores cargas para las ganancias extranjeras de las compañías estadounidenses, un impuesto mínimo global ayudaría a prevenir que las empresas con sede en otros países tengan una ventaja potencialmente significativa. Esa coordinación y los consiguientes ingresos fiscales —que no son necesariamente los objetivos de las empresas con sede en Estados Unidos— ocupan un lugar destacado entre las prioridades de la administración.

“La competitividad es más que cómo las empresas con base en Estados Unidos se enfrentan a las otras compañías en fusiones globales y ofertas de adquisiciones”, dijo Yellen en declaraciones al Consejo de Asuntos Globales de Chicago el lunes. “Se trata de asegurarse de que los gobiernos establezcan sistemas de impuestos que recolecten suficiente dinero para invertir en bienes públicos esenciales y para responder a las crisis, y que todos los ciudadanos compartan una carga justa a la hora de financiar al gobierno”.

Los comentarios de Yellen se produjeron mientras los ministros de finanzas se preparaban para reunirse virtualmente en las reuniones semestrales del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial esta semana.

Si el plan de Biden se promulga sin un impuesto mínimo global, se convertiría en una potencial desventaja, lo que significa que las empresas de propiedad extranjera que operan en el exterior podrían ser significativamente más rentables que los competidores de empresas estadounidenses.

Durante mucho tiempo Estados Unidos ha tenido reglas fiscales más estrictas para sus empresas que otros países, pero los grupos empresariales advierten que una disparidad significativa podría llevar a que las compañías estadounidenses sean absorbidas por competidores extranjeros. Dichas brechas en las tasas impositivas también podrían reanimar las inversiones, transacciones en las que las empresas estadounidenses toman direcciones en el extranjero, a menudo a través de fusiones. Los recortes de impuestos de Estados Unidos y las regulaciones de la era de Obama los hicieron menos atractivos.

“Se eliminaría la presión del sistema si hubiera una alineación con el mínimo impositivo global, si los Estados Unidos optaran por una tasa extraterritorial tan alta”, dijo Manal Corwin, director a cargo de la oficina tributaria nacional de Washington para KPMG LLP.

Yellen enfrenta otra tarea difícil, impulsar los aumentos de impuestos corporativos de la administración Biden a través de un Congreso estrechamente dividido. El lunes, el senador Joe Manchin de West Virginia, un demócrata centrista clave, dijo que preferiría una tasa corporativa del 25%.

“Vamos a tener algo de influencia aquí, y es más que solo yo”, dijo a una estación de radio de West Virginia. “Hay seis o siete demócratas que están muy convencidos de esto. Tenemos que ser competitivos y no vamos a perder la precaución“.

Muchos de los desafíos que han ralentizado las negociaciones globales sobre impuestos corporativos durante años aún persisten.

A finales de 2017, la gran ley de reforma fiscal del Congreso republicano redujo la tasa corporativa de Estados Unidos para las multinacionales de un 35% a un 21%, y creó un impuesto mínimo sobre los ingresos extranjeros de las empresas estadounidenses de al menos el 10,5%. El predecesor de Yellen, Steven Mnuchin, respaldó los impuestos mínimos como parte de las negociaciones internacionales con más de 100 países. Esas complicadas conversaciones han ido avanzando en el transcurso de los últimos años, pero son frágiles y la pandemia ha frenado su progreso.

La gran diferencia ahora es que la agenda económica interna de los demócratas depende, en parte, de que otros países sigan sus propias políticas fiscales. Aunque muchos países han respaldado impuestos mínimos, es posible que otros no acepten uno a menos que también puedan reclamar una mayor suma de impuestos sobre las empresas tecnológicas estadounidenses.

Biden dijo el lunes que no le preocupaba que los impuestos más altos expulsaran a las empresas de Estados Unidos. Los economistas generalmente creen que los accionistas, incluidos los extranjeros y las cuentas de jubilación, soportan impuestos corporativos más altos a corto plazo, con efectos a largo plazo sobre los salarios y precios.

El debate toca la tensión actual en la tributación internacional: si cobrar impuestos a las empresas por igual en función de la ubicación de sus oficinas centrales o la ubicación de sus ingresos. Estados Unidos no tenía un sistema puro, de una forma u otra, antes de 2017 y no lo tiene ahora.

La ley tributaria de 2017, que se aprobó sin un solo voto demócrata, se inclinó hacia los impuestos basados en la ubicación de los ingresos, adoptando la opinión de que las empresas estadounidenses participan en el comercio global en gran parte para servir a los mercados extranjeros y que esas operaciones respaldan los empleos de las sedes centrales en los EE.UU.

La ley de 2017 redujo los impuestos sobre las ganancias extranjeras de las empresas estadounidenses, por lo que una empresa estadounidense en el mercado alemán enfrenta una carga fiscal que se parece más a sus competidores alemanes y británicos. Incluía reglas especiales y un impuesto mínimo, el impuesto sobre la renta global intangible con bajos impuestos, o GILTI, para limitar los beneficios de explotar las ganancias en países con bajos impuestos.

La administración de Biden se está enfocando, en cambio, en generar ingresos. Los demócratas impulsarían el sistema en la dirección opuesta a la ley de 2017, por lo que Estados Unidos tendría un mayor reclamo sobre las ganancias de las empresas estadounidenses, independientemente de dónde se obtengan. Eso refleja un punto de vista de que las empresas estadounidenses están dispuestas a trasladar trabajos al extranjero para obtener ventajas impositivas.

Los cambios de los demócratas también disminuirían los beneficios de tener ganancias en el extranjero en comparación con las ganancias en los EE.UU. pero harían que una sede corporativa en Estados Unidos sea más una carga.

Los cambios en los impuestos corporativos, separados de los impuestos que la administración probablemente proponga pronto para las empresas cerradas y las personas de altos ingresos, generarían US$ 2 billones en 15 años. Eso es suficiente para pagar ocho años de mayor gasto en carreteras, puentes, tránsito, banda ancha y otros programas.

Tres demócratas del Senado, Ron Wyden (D., Oregon.), Sherrod Brown (D., Ohio) y Mark Warner (D., Virgina.), publicaron un documento el lunes que también pide un impuesto mínimo sobre las ganancias globales de las empresas estadounidenses. Algunas características de su plan son menos estrictas que la versión de la administración, aunque aún deben determinarse otros detalles, como la tasa impositiva mínima.

“No sé bien sobre la disputa entre el 28% y el 25%, ni dónde llegamos a un punto de acuerdo”, dijo Brown a los periodistas el lunes. “Apoyo a los 28 personalmente, pero creo que solucionaremos esas cosas”.

Otros países darán la bienvenida al compromiso renovado de Estados Unidos en las negociaciones lideradas por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos con sede en París, un grupo de economías avanzadas. Pero eso no garantizará un consenso sobre la creación de un sistema global de impuestos mínimos, dijo Daniel Bunn, vicepresidente de proyectos globales de Tax Foundation, un grupo de tendencia conservadora.

“Es posible que países como Francia o Alemania se sientan potencialmente atraídos por la propuesta de Biden, pero no sé si automáticamente obtengas el respaldo total de los países en las negociaciones de la OCDE”, dijo.

Aunque los países están trabajando juntos a través de las conversaciones internacionales, cada uno tiene su propio conjunto de incentivos integrados en sus sistemas tributarios: generar ingresos, proteger las industrias nacionales y atraer inversiones extranjeras.

Los esfuerzos de los países para recortar las tasas se han desacelerado en los últimos años, estabilizandose, más o menos, en el margen del 20%, justamente donde se encuentra Estados Unidos cuando se incluyen los impuestos estatales. Los acuerdos internacionales han empujado a los países a vincular la actividad y los impuestos, por lo que ahora es más difícil para las empresas colocar ganancias en países con impuestos bajos, como Irlanda, sin tener operaciones sustanciales allí.

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