Covid-19: estudio UC concluye que las “burbujas sociales” tienen poco futuro en Santiago

Problemas de densidad y segregación dificultan la aplicación de este modelo que reúne a un grupo reducido de personas y que ha sido implementado en países como Inglaterra, Bélgica y Nueva Zelandia para combatir el contagio y mantener las relaciones económico-sociales.




La crisis sanitaria por el coronavirus ha obligado a las personas a recluirse en sus hogares y -muchas veces- hacer frente a las necesidades de la vida urbana con sus propios recursos o bien, mediante programas de ayuda estatal. Pero a medida que pasan los meses (ya van tres en Chile) empiezan a aumentar las dificultades para satisfacer dichas necesidades como la socialización, alimentación, cuidado de personas y generación de ingresos, entre otros.

Una respuesta a algo que se puede convertir en un verdadero drama, son las denominadas “burbujas sociales”, que ya se han implementado en países como Bélgica, Inglaterra y Nueva Zelandia en el contexto de la pandemia. Se trata de un mecanismo que asegura las redes de contacto entre personas, manteniendo un estricto protocolo para que eviten el contagio. Esto, mediante la definición de un grupo limitado de personas que mantienen contacto exclusivo entre ellos. Por lo general, en base a familiares, vecinos o amigos cercanos, que en total no superen las 12 personas. El objetivo es que este grupo se autogestione y que sus miembros se relacionen solo entre ellos. O sea, una misma persona no puede ser parte de dos burbujas.

La pregunta es: ¿funcionaría en Chile? Y la respuesta ya la tiene el Instituto de Estudios Urbanos de la Universidad Católica, que realizó un estudio donde la conclusión es clara: este método no tiene mucho futuro a nivel local.

La alta densidad, los vínculos cercanos débiles, la lejanía entre los posibles integrantes de las burbujas sociales atenta contra todas las exigencias de la iniciativa que no presenta mayores reparos en ciudades más desarrolladas. “La forma en que se ha construido la ciudad, el patrón de desarrollo urbano asociado a la segregación, a la desigualdad y al acceso diferenciado a los distintos recursos que tiene la ciudad, hacen que un concepto como el de la burbuja social, que tiene implícito la proximidad y la equidad de la distribución de los recursos, sea difícil de implementar”, dice Felipe Link, académico de la UC y autor de la investigación en conjunto con Felipe Valenzuela.

Según la investigación, en la gran mayoría de los barrios o zonas (ver infografía) las personas no tienen una red de contactos cercana que puedan acudir sin tener que realizar un desplazamiento importante.

El documento muestra que cerca del 60% de las personas que viven en barrios tradicionales de sectores medios-bajos en Santiago, podrían ser efectivamente familiares, amigos y vecinos de confianza, donde la metodología podría funcionar. Sin embargo, advierte que en estos lugares la densidad supera las 50 viviendas por hectárea y casi 4 integrantes por hogar, lo que es muy alto en comparación a lo que existe en los países donde se ha aplicado la “burbuja social”. En estos, existen menos personas por vivienda, lo que permite reunir a más hogares en una misma burbuja.

Además, en estos sectores más vulnerables, menos del 30% de los líderes del hogar son profesionales, lo que dificulta el problema, bajo el contexto del aumento del desempleo.

Por otro lado, la idea resultaría aplicable en zonas de alta renta (sector Oriente), pues si bien tienen algunos contactos dispersos en la ciudad, la mayoría de sus vínculos más relevantes se encuentran en el entorno cercano y más del 50% de los sus jefes de hogar son profesionales. Eso sí, son solo cerca de 589.894 de personas representadas en este grupo, de un total de 5 millones que viven en Santiago, según estima el sondeo. Mientras que, las personas que viven en barrios centrales de alta densidad, no tienen vínculos fuertes, ya que sus familias o amigos no viven en esa zona.

En este escenario, Link plantea que las burbujas sociales para Chile solo se quedarán en un interesante ejercicio teórico para enfrentar la cuarentena, ya que en la realidad no sería una medida que se pueda aplicar a gran escala. “Funcionaría con algunos grupos que ya están relativamente aislados del resto”, concluye. P

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