Pulso

Cuando el miedo es noticia, la calma se convierte en estrategia

Mercados y bolsas caen por aranceles y guerra comercial TIMOTHY A. CLARY

En medio de una escalada de tensiones en Oriente Medio, ahora con tropas estadounidenses arribando a la región, la volatilidad de los mercados accionarios refleja un estado de alerta global. Junto con el repunte del precio del petróleo, la incertidumbre se ha propagado como onda expansiva: la mayor parte de los mercados accionarios desarrollados, excepto Japón, han registrado caídas este año, el grueso de la renta fija gubernamental y corporativa se mueve en terreno negativo, y el euro ha mostrado signos de debilidad. Frente a este escenario de deterioro rápido, surge una pregunta inevitable: ¿se trata simplemente de una corrección defensiva… o se está configurando una oportunidad oculta entre las sombras del miedo?

Hace semanas, apostar por la renta variable exigía fe. Hoy, mantenernos neutrales requiere disciplina. En Julius Baer hemos reducido ligeramente nuestra exposición al S&P 500, alcanzando una postura neutral al iniciar el segundo trimestre. Permanecer invertidos, aunque en menor medida, no refleja una creencia de que Estados Unidos está a salvo —nada está a salvo—, sino porque, por ahora, sufre menos. Libre de apagones energéticos y con menor dependencia del gas ruso, la economía estadounidense resiste mejor que Europa o partes de Asia. Su fortaleza no es eterna, pero sí oportuna.

Y eso explica, en parte, por qué el oro, el refugio tradicional, ha decepcionado. Ha caído más de un 15 % desde su pico. A simple vista, un contrasentido. Pero el mercado del oro ya no es solo refugio, sino que es rehén de decisiones políticas. Turquía, en una carrera desesperada por salvar a la lira, ha vendido o comprometido más de 50 toneladas desde el inicio del conflicto. Una medida extrema, pero comprensible: usar el lingote como arma de estabilización. Polonia, por su lado, baraja vender oro no por necesidad económica, sino para financiar su defensa.

Muchos de estos gobiernos venden, registran la ganancia y recompran oro. Es un detalle técnico, pero con impacto real en el precio mundial. Estos movimientos no niegan el valor del oro, sino que lo hacen obedecer a gobiernos en aprietos. Por eso, aunque el corto plazo siga tenso, creemos que lo peor ya pasó. No esperamos máximos en el corto plazo, pero sí una recuperación gradual del precio del oro en los próximos meses. Porque en el fondo, el oro siempre vuelve cuando el mundo duda.

Detrás de todo esto, late un pulso político que pocos miden bien. En Washington, la Casa Blanca vive con urgencia, ya que las señales apuntan a que Trump podría perder ambas cámaras en noviembre. Ante esa amenaza, el gobierno federal acelera decisiones, busca acuerdos, evita choques innecesarios. Menos radicalismo, más pragmatismo. Eso, aunque parezca ajeno a los mercados, genera estabilidad. Y estabilidad es lo que más necesitamos.

Creemos que este no es momento para estrategias financieras agresivas. Preferimos vender repuntes antes que comprar caídas. El equilibrio riesgo-rentabilidad aún no compensa asumir exposiciones adicionales; por ende, pasaremos este trimestre en modo observador, con posición neutra, lista para moverse cuando llegue la señal.

Porque a veces, la estrategia más poderosa no es actuar. Es esperar. Y dejar que el tiempo revele quién resistió y quién solo tuvo suerte.

*El autor de la columna es estratega global de Julius Baer

Más sobre:OpiniónMercados

COMENTARIOS

Para comentar este artículo debes ser suscriptor.

Casi nadie tiene claro qué es un modelo generativo. El resto lo leyó en La Tercera

Plan Digital + LT Beneficios$6.990 al mes SUSCRÍBETE