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Las definiciones del nuevo “CEO” de PwC

Ricardo Arraño asumió hace dos semanas como socio principal en Chile de una de las Big Four globales. Contador auditor de 58 años, llegó en 1990 a la empresa que dirigirá los próximos cuatro años, en reemplazo de Renzo Corona. Aquí explica su énfasis en la Inteligencia Artificial, sus ambiciones para PwC y su visión sobre el país y la megarreforma. “El tema clave es la invariabilidad tributaria", afirma.

15.07.2026 Ricardo Arraño Socio principal de PwC. Foto: Pablo Vásquez R Pablo Vásquez R.

Asumió el 1 de julio como socio líder de PwC, una de las Big Four de la auditoría, presente en Chile desde hace mas de un siglo. Reemplaza a Renzo Corona, quien estuvo en ese cargo por ocho años. El contador auditor Ricardo Arraño Toledo ocupará esa posición solo un período de cuatro años: en septiembre cumple 58 años y las normas internas fijan el retiro de la empresa a los 62 años. Así fue expuesto, en todo caso, en el proceso electoral que terminó con Arraño como socio principal, un cargo que resume así: “Si lo tengo que definir en simple, es el CEO de una compañía”. En este caso, de una empresa cuyos principales ingresos, más de la mitad, provienen de la auditoría, pero con otras dos líneas de negocio -Tax & Legal Services y la consultoría- que Arraño quiere equilibrar a futuro.

Llegar al liderazgo de PwC “no estaba en mis planes de carrera”, dice Arraño, quien estaba contento en su cargo de risk management partner, que ejercía para Chile y la región. Pero el proceso de sucesión de Renzo Corona abrió esa opción. PwC Chile se conecta con la firma global a través de PwC Latin America Network (PwC LAN). El líder regional, el argentino Santiago Mignone, monitoreó el recambio de liderazgo y dirigió el proceso de sounding, escrutando posibles candidatos entre los 39 socios de PwC Chile. Arraño lo había desechado, pero las bases lo fueron a buscar, bromea. “Varios socios me vinieron a convencer y a proponer que me presentara (…) Esa semana me tomé veintitantos cafés y vi que había apoyo y decidí presentarme”, cuenta. En el proceso compitió con los líderes del área de auditoría, Fernando Orihuela, y de consultoría, Federico Morello. Y como en la elección papal de la Iglesia Católica, Arraño debió conseguir los dos tercios de los 39 votantes.

¿Por qué lo eligieron sus socios? “Creo que valoraron mis años de experiencia en la firma, mi cargo como socio de riesgo también me dio una cercanía con ellos y creo que apreciaron mucho mi conectividad con la firma global”, enumera en una lista donde también expone su plan de trabajo, que incluía una transformación tecnológica que pone a la Inteligencia Artificial como uno de sus pilares.

Arraño es contador auditor de la Universidad Tecnológica Metropolitana, Utem, y entró en 1990 a Langton Clarke, representante en Chile de Coopers & Lybrand. En 1997, Arraño fue a Estados Unidos, a trabajar en la oficina de Nueva York. Dos años antes había viajado a Minnesota para aprender a hablar inglés, algo que, en aquellos años, era un factor profesional diferenciador. En 1998 fue la fusión global que creó PwC y Arraño se mantuvo en la nueva empresa. Pero a inicios del siglo dejó la auditora para trabajar con la estadounidense PPL, controladora entonces de la eléctrica Emel. Volvió tras un año y medio a PwC. “Al tiempo me hicieron socio”, recuerda.

Tiene un hobby principal poco común: disparos con rifles de precisión. Es socio del Club de Tiro de La Reina, donde tiene poco menos del 20%, pero es campeón chileno del tiro a la milla, explica con pedagogía. Practica lo que se denomina Extreme Long Range Shooting y participa en competencias internacionales que pretende no abandonar por su nuevo cargo. “Lo mío es netamente deporte, no soy cazador”, ejemplifica sobre su práctica.

En la oficina local, deberá suceder a Renzo Corona, que estuvo ocho años, y reemplazó a su vez, en 2018, a Luis Enrique Alamos, dos líderes de alta presencia, con redes extendidas en el mundo empresarial, distintos de la baja visibilidad de Arraño, quien debuta en los medios de comunicación con esta entrevista. “Para mí es totalmente nuevo, yo soy un hombre de bajo perfil, de mucho relacionamiento directo con los clientes”, admite. La construcción de redes y la interacción con el mundo empresarial es algo en lo que, precisamente, Arraño ha estado trabajando, con la ayuda de sus predecesores: durante junio visitó, junto a Renzo Corona, a dueños de compañías, presidentes de directorios, miembros de comités de auditoría, gerentes generales. “Ese es un tema trabajar y lo expuse en mi plan a mis socios (…) Pero también necesitamos que otros socios tomen ese rol, que no sea solo el socio principal”, aventura. “Mi misión en cuatro años más, cuando dejo este cargo, es que el mercado conozca a muchos”, dice sobre los rostros públicos y visibles de PwC.

Todos los últimos líderes de PwC sitúan el momento más complejo de la auditora en Chile en el caso La Polar, que estalló en 2011, con irregularidades del equipo ejecutivo que la auditora no detectó, algo que la golpeó no solo reputacionalmente. Esa primera crisis la enfrentaron Álamos, como socio principal, y Corona, a cargo de auditoría. Una década después, en 2021, la Suprema revirtió fallos anteriores favorables e inesperadamente condenó a PwC a pagos millonarios a las AFP, accionistas de La Polar.

“Estuvimos ahí en el ojo del huracán. Lo viví, lo vi, lo sufrí. En esos dos momentos, tuvimos muy buenos líderes”, asegura el contador. “Ahí fue clave el salir al mercado, mostrar nuestra versión, no escondernos, ser transparentes. ‘Aquí estamos, esto es lo que nos pasó’. Fue clave mirarnos hacia adentro y decir, ¿qué falló? Y muchos llegamos a la misma conclusión en esos años. Yo, por ejemplo, si yo hubiera sido el auditor de La Polar, probablemente me hubiera pasado lo mismo. No fue el quién, sino cómo veníamos haciendo los trabajos”, analiza en retrospectiva. En el supremazo, como le denomina, el nuevo socio principal también tuvo un rol: dirigió la relación de una atribulada PwC Chile con la marca global, que colaboró con equipos y apoyos en una negociación compleja.

Como socio principal, Arraño seguirá haciendo auditorías, pero bajará su carga y mantendrá solo tres clientes en un período transicional, dice. Entre las compañías que ha atendido directamente cuenta a las del grupo Angelini -AntarChile, Empresas Copec, Arauco-, Telefonica, Enap, Camanchaca y el grupo Carozzi. También mantendrá algo de su foco actual en capital markets, rol desde el cual ha trabajado con compañías en emisiones de acciones o deuda en la región.

Sellos

“Soy muy de power point”, dice Ricardo Arraño, casado, tres hijos, como declaración de principios, antes de enumerar los asuntos que, espera, construirán el sello de su gestión.

“El primero y el que me tiene muy preocupado es el tema de la Inteligencia Artificial: subirnos con mucha fuerza, y mucha incertidumbre, a este carro”, explica Araño, quien dirige una empresa de unos 1.400 empleados. La IA, anticipa, es una tendencia disruptiva que incide, por ejemplo, en las contrataciones venideras y en el perfil de profesional futuro que requiera la compañía. En años con la economía mala, dice Arraño, en PwC es normal una rotación de 12%, cifra que puede llegar al 25% en años de bonanza. “Todas las compañías están contratando menos. Asumo que nuestros competidores también”, dice a propósito de la IA.

Arraño le asigna una relevancia central al tema y por ello designó a un socio como líder del área, Pablo de Uría. La misión que le encomendó fue no inventar la rueda. “Esta es una tremenda firma global donde hay mucha información, muchos desarrollos, muchos prompts, muchos agentes, muchas herramientas de Inteligencia Artificial ya desarrolladas, por lo tanto, vamos a buscarla y vamos a aprender de aquello”, explica. “Lo otro es, preocupémonos primero de ser nosotros mismos los conejillos de India: trabajemos internamente en todo el tema de implementar en nuestros procesos internos todo lo que tiene que ver con Inteligencia Artificial, con nuevos softwares, aceleradores de productividad digitales, para ver cómo podemos mejorar y a través de eso ir a ofrecer servicios a nuestros clientes”, agrega.

La IA, además, eleva los costos tecnológicos. “Se han disparado y se van a seguir disparando. El almacenamiento de la data es cada día más caro. Hay licencias que se pagan todos los meses, multiplícalo por 1.200, 1400 personas”, sigue enumerando.

¿Se harán auditorías con IA? “Tenemos un protocolo y tenemos políticas y procedimientos respecto al uso de la inteligencia artificial, en el imput y en el output de la información”, responde. Araño recuerda que, a nivel global, este ha sido tema y que ha habido casos de informes de competidores con “alucinaciones” de IA, por lo que en PwC Chile se reunieron para recordar a sus empleados qué se debe hacer y qué no. ¿Y qué no se puede hacer? “Machine learning, lo que también seguirá prohibido”, responde. “No se puede hacer procedimientos de auditoría con la inteligencia artificial; la gente todavía tiene que hacer esos procedimientos de auditoría”, agrega. PwC Chile lidera uno de los planes piloto de un software nuevo de la marca global. “Eso va a ser un cambio fundamental en la manera que hacemos auditoría. Ya en muchos lo que conocíamos como la auditoría, tomando muestras, se acaba: hoy día es 100% del universo. Ese es uno de los cambios fundamentales”, cuenta sobre un trabajo que se hace no con IA externa, sino que con software propios.

Negocios

PwC se declara líder en el segmento de la auditoría, con más del 40% de las empresas Ipsa e Igpa. El área, donde la competencia tradicional son las Big Four que completan EY, Deloitte y KPMG, aporta más de la mitad de sus ingresos de PwC. “Somos muy fuertes en auditoría, un negocio muy maduro. La misma situación hoy día con el negocio Tax and Legal Services, que es básicamente temas de impuestos y en algunos casos, defensa a nuestros clientes en tribunales tributarios, por ejemplo. También estamos trabajando en el tema laboral. Son mercados muy maduros, en donde el crecimiento más que por revenue va a ser buscar mejores márgenes”. Tax and legal Services, en cifras gruesas, aporta cerca de 30% de la facturación, y ahí enfrentan la competencia múltiple de estudios de abogados y empresas pequeñas de asesoría formadas por ex SII, por ejemplo.

Consultoría aporta con casi 20%, pero antes era solo un solo dígito. “Hoy en esa área ya somos 400 personas”, cuenta. “En consultoría necesitamos como PwC tener una mayor penetración”, dice Arraño. Ahí compiten, además de las Big Four, con empresas como Mackinsey o Accenture y con muchas firmas boutique. En ese atomizado mercado, algunos análisis que ha visto Arraño le otorgan una participación cercana a 6% en Chile.

“La firma global ya implementó una consultoría integrada a nivel mundial y queremos trabajar no como silos, sino como una sola empresa”, promete. E incluso crecer inorgánicamente, vía adquisiciones -como lo hizo Deloitte con la compra de Virtus Partner-, pero apuntando a empresas con un nivel de menor maduración. “Andamos buscando empresas que se estén iniciando, que necesiten aportes de capital, aportes de back office”, ejemplifica.

Su meta al cabo de cuatro años, la imagina así. “Primero, cambiar nuestro foco de que siempre hablamos de ingreso, ingreso, ingreso, y trabajar el concepto de rentabilidad. Me lo imagino con las tres líneas de servicio aportando rentabilidad por socio relativamente pareja”, agrega.

En sus primeras semanas, Arraño cambió a los líderes de auditoría y consultoría, Fernando Orihuela y Federico Morello, quienes siguen como socios en PwC y, como se dijo, fueron sus competidores en la lucha por el liderazgo. “Era un plan que yo traía y creo que forma parte de las facultades que todo nuevo CEO tiene cuando llega a una empresa. Llegar con su equipo. Pasa en los gobiernos, pasa en las empresas. Esto no es muy distinto e inusual”, explica.

“La invariabilidad es clave”

Como socio de una BiG Four, Ricardo Arraño tiene también opinión sobre la coyuntura y el país. Dice que el actual gobierno llegó con altas expectativas ciudadana en seguridad y crecimiento y que, en lo primero, la gente esperaba cambios radicales rápido. Pero “otra cosa es con guitarra”, advierte. Detecta, en todo caso, avances en seguridad y sigue con atención la megarreforma que impulsa el ministerio de Hacienda que dirige Jorge Quiroz. “Creo que el tema clave es la invariabilidad tributaria”, afirma. “El tema de las tasas de impuestos lo veo más como un área de preocupación y de enfoque de los inversionistas chilenos, de los locales, porque al final del día a los inversionistas extranjeros, al final su tasa última va a ser la tasa del país. Pero la invariabilidad es super clave, reglas del juego claras”, opina sobre la reforma.

El socio de PwC dice que el mundo empresarial chileno, grandes y chicos, siempre ha estado comprometidos con hacer crecer al país. ¿Y por qué entonces Chile no crece?, es la pregunta siguiente. “Porque tenemos temas de competitividad no menores: nuestras leyes laborales son muy rígidas (…) Y tenemos nuevos competidores: Argentina y dos gobiernos proempresa que se nos vienen en Perú y en Colombia. Yo creo que el que muestre en todos los temas mayor flexibilidad y reglas claras, en temas laborales, en medioambientales, permisibilidad, impuestos, es el que va atraer más inversión al final del día”, es su respuesta.

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