Ley Arbolito: los aspectos que debería considerar la nueva normativa del proyecto

Proteger especies clave y profesionalizar su mantención, están entre las claves para el proyecto anunciado por el Ministerio de Agricultura. Además, la iniciativa daría un importante protagonismo a Conaf en la asesoría de arborización urbana.


Hace sólo unos días, el Ministerio de Agricultura anunció la “Ley Arbolito”, proyecto que busca crear un marco legal que proteja y regule a las especies en las zonas urbanas. Profesionalizar su mantención y fortalecer el rol de los municipios, están entre los principales aspectos que debiera considerar esta nueva iniciativa.

El espíritu del proyecto presentado por el gobierno señala que la Corporación Nacional Forestal (Conaf) tendrá la obligación de entregar asesorías técnicas a los municipios frente a la tala, poda, cuidado y traslado de los árboles, entre otras funciones. Actualmente, esta entidad no está comprometida ha dicha asesoría.

Otro punto fuerte sería la creación del nuevo Consejo Nacional de Defensa del Arbolado Público, que será comandado por la cartera de Agricultura, y en el que también participarán los ministerios de Vivienda y Urbanismo, Bienes Nacionales y Medio Ambiente.

Este será clave para la administración de los 6.692.000 árboles que existen en las 32 comunas de la provincia de Santiago, según indican datos de la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad de Chile.

Como todavía es un anuncio, y sólo existen algunos lineamientos generales, es ahora cuando se comienzan a definir los estándares que debiera contener su normativa. Santiago del Pozo, ex director de Conaf durante el primer gobierno de Michelle Bachelet y partícipe de la iniciativa, señala que ésta “tiene que estar destinada a fortalecer la gestión que los municipios realizan en materia de arbolado urbano, pues es una materia que está establecida por ley.

Entonces, cualquier regulación que surja, tiene que tener eso en cuenta”.

Otro aspecto clave dentro de lo que debiera considerar el proyecto, es la protección de los árboles singulares. Se trata de especies que, por sus características propias e históricas, tienen el carácter de únicas.

Por ejemplo, el canelo que plantó Gabriela Mistral en Osorno tras recibir su Premio Nobel. “En Chile no se protegen, no están en ninguna categoría. Es una realidad diametralmente opuesta a lo que existe en otros países. Se tiene que realizar un catastro.

Esto, por medio de un registro nacional de árboles singulares, en el cual todos puedan participar. Una vez realizado este proceso, se tiene que hacer un reglamento de mantención y cuidado”, asegura Del Pozo.

Otro ejemplo de este tipo se encuentra en la comuna de Putaendo, donde existe un pimiento boliviano en el cual José de San Martín amarró su caballo tras realizar el cruce de la Cordillera de Los Andes a principios del siglo XIX.

Los expertos señalan que esta es la oportunidad ideal para establecer los nuevos estándares. “Hay que definir cómo se ejecutará el cuidado y mantención de los árboles.

Es fundamental que se considere la capacitación técnica por parte de las empresas y gobiernos locales. Hoy no existe una estrategia que responda a esta necesidad.

Se trata de hacer un buen manejo de podas”, manifiesta Tomás Folch, co-director del Centro de Ecología, Paisaje y Urbanismo de la Universidad Adolfo Ibáñez.

¿Y los plátanos orientales?

De acuerdo con un estudio de la Universidad de Chile, el 86% de los árboles presentes en Santiago, son de especies exóticas. Entonces, más allá del debate sobre si se prohibirá o no la plantación de plátanos orientales -que ha estado en boga por estos días-, según los expertos, lo importante es apuntar hacia una mejor planificación.

“Es relevante definir qué tipos de especies son las más apropiadas. La respuesta no está en prohibir algunas de ellas, sino que en planificar desde la estrategia que plantea la ecología urbana. Se trata de un concepto que apunta a que la ciudad es un sistema, el cual es muy distinto al paisaje natural que la rodea”, dice Folch.

Otro aspecto al que debería apuntar la nueva ley dice relación con impulsar la disminución del déficit de áreas verdes en las ciudades del país. “Podría ayudar a generar una mayor cobertura vegetal arbórea en las zonas que carecen de este recurso.

En el caso de Santiago, sería el sector norte, poniente y sur. En estos lugares, se experimenta una realidad dramática”, asevera Julio Nazar, académico de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad del Desarrollo (UDD).

Desde el punto de vista de la infraestructura, es necesario definir algunos estándares. “En ciertas acciones urbanas, es deseable una guía de diseño.

Esta debe precisar, de manera clara, las condiciones de arborización de los grandes corredores, además de la vialidad local, áreas verdes públicas y otros espacios.

También tiene que incluir un catálogo amplio de especies, pues esto ayudaría a la toma de decisiones y evitar el despilfarro de recursos públicos”, dice Nazar.

Sin embargo, tienen que haber algunas consideraciones. “No se debe realizar una selección de las especies perseguidas. Hay que definir las características del ambiente donde va a ser establecido el árbol y, en función de eso, escoger las especies que tienen mayores probabilidades de éxito en ese lugar.

Son muchas, por lo que es muy difícil determinar cuáles son”, asegura Del Pozo.

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