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Sistemas de admisión escolar: la importancia de los detalles

En enero de este año, el Congreso aprobó una ley que, entre otros aspectos, regula la admisión de los estudiantes a los colegios públicos y particulares subvencionados. La ley acerca nuestro sistema de admisión escolar a aquellos utilizados en Boston, Nueva York y Barcelona, entre muchos otros. En ellos se consagra el derecho de los padres a escoger el colegio de sus hijos, pero también se reconoce que, cuando algunos colegios tienen exceso de demanda, no todos los alumnos podrán matricularse en el establecimiento de su preferencia.

Como otros ejemplos en el mundo, el nuevo sistema de admisión escolar contempla un agente coordinador, el Ministerio de Educación, que dirime de manera no-discriminatoria cómo se asignan los cupos en aquellos colegios sobre-demandados. Para esto, la ley permite que los padres de cada alumno entreguen una lista que detalle cómo ranquean distintos colegios. Usando esta información, el agente coordinador asigna los estudiantes a los distintos establecimientos intentando maximizar las preferencias de los padres. Dado que las familias tienen preferencias diversas sobre los colegios, una coordinación inteligente puede mejorar los resultados para los miles de alumnos que postularán cada año.

En ciertos aspectos, un sistema de admisión escolar funciona como el actual sistema de ingreso a las universidades. Por ejemplo, en un sistema de admisión escolar coordinado cada alumno es asignado a un solo colegio. Sin embargo, hay diferencias importantes que hacen al primero mucho más complejo. En efecto, la experiencia internacional muestra que los detalles en el diseño de un sistema de admisión escolar pueden ser decisivos. Por ejemplo, durante los 90, muchos niños en la ciudad de Nueva York terminaban matriculados en colegios que estaban fuera de su lista de establecimientos de preferencia. En 2003, una modificación al sistema permitió entregar una lista de 12 colegios, en lugar de solo cinco, y el número de estudiantes no asignados (según sus preferencias) bajó de 30 mil a 7 mil.

Los incentivos de los distintos actores son un factor crucial. En un sistema ideal, cada padre manifestaría genuinamente sus preferencias sobre los distintos colegios. Sin embargo, como numerosos estudios revelan, algunos procedimientos de asignación producen incentivos perversos. En ellos, los padres no revelan sus verdaderas preferencias con el propósito de manipular el sistema de admisión y asegurar un mejor colegio para sus hijos. Esto típicamente introduce niveles de incertidumbre indeseables y hace la tarea de los apoderados inmensamente compleja. Por ejemplo, en la postulación los padres deben decidir entre priorizar un colegio de alta calidad, pero muy demandado (y donde, por lo tanto, es improbable obtener un cupo), o un colegio de baja calidad, pero donde se puede estar seguro de conseguir un cupo. Como el sistema es coordinado y cada alumno es asignado a un solo establecimiento, cómo se ranqueen los distintos colegios en la postulación puede ser una decisión complicada. Tanto así que la experiencia en Boston muestra que, en respuesta a esta incertidumbre, pueden aparecer agencias privadas que “les enseñan” a los padres a postular y diseñar sus listas.

Chile está dando un paso importante con el rediseño de su sistema de admisión escolar. Para su  éxito se deben considerar detalles de implementación que garanticen su transparencia y simplifiquen el trabajo de los padres al momento de manifestar sus preferencias.

*El autor es académico Centro de Economía Aplicada, Departamento de Ingeniería Industrial, Universidad de Chile.

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